Me despierto. Estoy en casa de mi madre. Me duele tanto la cabeza que creo que he dormido demasiado. Intento recordar lo último que hice, cómo acabé ahí y por qué no estoy en mi buhardilla mágica de Madrid. Me levanto con dificultad y algo desorientada. Llevo puesto un pijama que no veía desde hacía siglos. ¿Qué está pasando?
Me dirijo corriendo al espejo y mi corazón va a estallar, porque la chica a la que veo en el reflejo no soy yo. Es decir, soy yo, pero no soy yo ahora. Ese flequillo... debo tener 17 años. Busco mi móvil apresurada. Ni siquiera es un smartphone. En la fecha pone 2009. Acabo de cumplir 18.
Al principio, pensé que estaba soñando, pero descarté la idea conforme esta realidad me abrumaba con su espesor. De hecho, lo que se iba disipando eran los últimos años que había vivido. Entonces descubro que todo lo que conozco desde 2009 nunca ha existido. Estos 9 años habían sido un sueño que ahora empezaba a olvidar.
Aquellos días fueron difíciles. Me planteé muchas veces si lo que pasaría a continuación sería tal y como lo había soñado. Si podía cambiar radicalmente la vida que había conocido. Pienso todo el tiempo en ti y en qué estarás haciendo. Y sobre todo, en que no me conoces de nada en realidad.
Me cuesta terminar el colegio. Nunca me gustó la idea de volver a estudiar. Me dedico a cortar relaciones tóxicas antes de que vayan a peor, y a fortalecer tantas otras de las que me arrepentí en mi sueño.
Muchas veces quiero ir a buscarte. Me pregunto si el efecto mariposa tiene tal efecto que tu vida también haya dado la vuelta, pero al final lo pienso mejor. Viajo mientras trabajo como voluntaria, hago cosas increíbles, aprendo lo que nunca aprendí a aquella edad. Me apunto a un máster sin estudiar nada más. Me encargo de conocer a mis amigos de la universidad sin tener que pasar por ella. Es más fácil de lo que pensaba, ya que me ofrezco como voluntaria para un acto en la facultad.
Pasan años y soy más feliz de lo que pensaba. Espero a aquel verano en el que nacerá mi gata para volver a rescatarla y hacerlo todo mejor. Alquilo un piso antes de que suban los precios desorbitadamente. Echo de menos volver a alguno de ellos. También echo de menos a gente que nunca conoceré. A veces me cruzo con alguien y no sé si debo hablarle o no. Me tatúo de nuevo. Cumplo 25 y sé lo que va a pasar. Sé que vas a venir a Madrid.
Un día me llaman para dar una charla en tu clase. Mi plan de que mi amigo de la universidad me llevara a ti no ha funcionado. El efecto mariposa sí que existe. Mi amigo nunca se apuntó a aquel máster. Así que no sé que estás allí hasta que llego y te veo. Sonrío demasiado. No te conozco en absoluto. Nunca te conocí en esa época.
Me doy cuenta de que Granada nunca pasará. Ya estuve allí en esta nueva vida. Intento que funcione. Dejo pasar el tiempo mientras publico mi segundo libro. Fue tan duro escribir desde cero otra vez...
De vez en cuando hablo contigo sobre creatividad. Te enseño cosas que tú ya sabías. Siento que estoy haciendo trampas todo el tiempo. Entonces, hago que pase. Nos reúno a todos con algo de miedo, pero, por supuesto, sale bien. Las vibraciones no son exactamente las mismas, pero estoy satisfecha. Granada ocurre porque yo lo propongo esta vez.
Todo es distinto. Ese verano es muy bueno, pero no ocurre nada de lo que pasa en mi sueño. Al final del verano, comprendo que tengo que marcharme. No puedo seguir replicando algo que ya está en mi mente continuamente. Tengo que dejar el sueño atrás. Planeo mi mudanza a Granada. Nos veremos a lo largo de la vida cuando estés preparado. Espero que lo entiendas. Fuiste mucho más en un sueño que en la vida real. Pero te espero aquí, en estas calles estrechas, cuando quieras acompañarme.