Lo que la naturaleza no te da, Ingeniería Química no te lo presta
(Nota: Posteado un año después de graduarme)
En mi primer día en la facultad de ingeniería, justo antes de entrar al edificio, recuerdo haber visto el rótulo en letras grandes: "FACULTAD DE INGENIERÍA" en la fachada del edificio, y que por andarlo viendo, pensado en que seria de mí los siguientes años, me tropecé con una gradita que hay a la altura de la fuente.
Creo que eso es muy representativo de mí; a veces por andar con la vista arriba en el aire, me tropiezo con las realidades de suelos irregulares y caminos difíciles. Es para mí muy fácil perderme en fantasías de grandeza, pero es igualmente fácil para mí, después del primer tropiezo, ir con la cabeza gacha: solo viendo el suelo por demasiado miedo a seguir tropezando.
La universidad no fue la excepción; las personas que me mantuvieron más centradas fueron mis amigos. En la carrera conocí a amigos de verdad, que realmente me aceptaban y me querían, con los que no tenía que fingir ni esconder nada. Sin proponérselo me terapearon y me ayudaron quererme y a creer en mí. Sola, hubiese sido muy fácil rendirme después de quedarme en una clase por primera vez, pero ellos nunca me juzgaron por equivocarme, y tampoco me regañaron por no darme cuenta que estaba siendo demasiado dramática y muy estricta conmigo misma por fallar en lograr algo. Fueron pacientes, y amables y creyeron lo mejor de mí, y me dejaron madurar a mi propio ritmo. No estaría por ponerme una toga y birrete si no fuese por ellos.
Esa toga y ese birrete son un disfraz extraño. Es raro sentir que 8 años de vida, vida plena, terminan en una tarima y con la entrega de un pedazo de cartón. Y se siente más raro al recordando todo lo que pasó, darte cuenta de lo que realmente aprendiste, y que eso es más real y profundo que lo que un pedazo de cartón podría si quiera llegar a representar.
Estar en la UNAH, que es una universidad pública, me hizo apreciar la oportunidades que tuve, tan distintas a las de muchos en el país. Me hizo poder conocer personas de lugares muy distintos al que yo crecí, para bien o para mal. Me hizo darme cuenta que soy capaz de más de lo que pensé, y que yo solita puedo ser mi peor enemiga. Y que la realidad de Honduras, es dolorosa y fraccionada, y que hay tanto por lo que luchar, pero más que huelgas y peleas, importa más empezar a construir y reconstruir.
Sobre estudiar ingeniería química en sí, tengo sentimientos encontrados. Creo que quise estudiar algo difícil para pensar que si lo lograba, era porque significaba que yo era capaz (algo sobre lo cual yo ya tenía mis dudas desde mucho antes). No es que no había amor a la química, no es que no sentía fascinación por la termodinámica y por todo lo que se puede lograr si eres lo suficientemente loco y valiente para querer transformar algo burdo y crudo en algo útil y refinado. Hay algo de magia en transformar plástico en tela, jugo en alcohol y aceite en jabón tanto en laboratorio como en un plantel industrial. Pero ver esa magia es algo visceral, lo sientes o no.
Yo sí lo siento, y creo que la mayoría lo sentimos, pero llenar el camino de dificultades gratuitas, no es necesario. Puede espantar a los débiles de voluntad, que no soportarían 5 años de desvelos y muchas veces de hostilidad sin razón. Pero termina quebrando hasta la voluntad de los fuertes corazón, que no merecen estancarse años en la universidad por arbitrariedades. Que esas personas que actuaron como una piedra en el camino sepan que el espíritu humano es fuerte y se sobrepone y sana, pero ojalá reflexionen también, y sanen ellos mismos.
Aún sin esos obstáculos es un reto sobrevivir hasta este punto, y eso me lleva a la lección más importante que aprendí y la que me llevo con todo y su verdad amarga: lo que la naturaleza no te da, ingeniería química no te lo presta. Puedes ser muy inteligente, muy carismático, un astro para exponer, un experto en redactar informes, pero la constancia y disciplina para seguir adelante, si no la cultivaste, si no te dedicas a forjarla, nadie te la va a dar. Nadie va ir a tus clases por ti, nadie responderá tus dudas si no te pones a evaluar que es lo que piensas, nadie se va a desvelar, nadie va perseverar por ti. No hay de donde sacar fiada disciplina, y no hay a quien robarle empeño. Debe venir de ti.
Y saber eso te lleva a darte cuenta de todo tu potencial, pero también te deja dolorosamente consciente que tú eres el único responsable de ello. El mundo no tiene la obligación de ser justo, ni la gente de ser amable, y tampoco tú de ser todo lo que puedes ser, pero te das cuenta que vivir sin intentarlo, bajo la sombra de la excusa de que no está en ti, no es vivir.
Estudiar esto me cambió. Me hizo incómodamente consciente de mis defectos, a tal punto que tuve que elegir que cambiar y con cuales vivir. No sé si me hizo una mejor persona, pero me hizo entender ser una mejor persona siempre es una elección.
Y ahora que me despido de esa etapa de mi vida, solo siento alivio. Necesitaba que terminara. Que lo malo se quede enterrado en la autónoma, y ojalá que lo bueno que queda sea lo que me dé fortaleza para seguir adelante. La vida no te presta perseverancia, tú perseveras.