Suave gruñir escapa de los pétalos rusos, azuladas clavándose cual cuchillas en las delicadas facciones irlandesas, aferrándose a la escasa paciencia a sabiendas que no se encuentra en condiciones para comenzar un ir y venir de sátiras en contra de las dueña de hebras platinadas. “Cualquier cosa que ayude a arreglar esa cara debería agradecerse” falsa luna menguante tatuándose en las facciones de hielo, imposible enterrar una naturaleza que brotaba con la más mínima provocación. Dejándose manipular, la palma se abre de a poco en un intento por brindarle una mejor vista del desastre, gotas carmín brotando sin piedad alguna del corte que parecía alimentarse de quejidos, un dolor que no le resultaba ajeno, o nuevo, mas detestaba y el sentimiento aumentaba con cada punzada. “Al menos no tendrás que imaginar un mundo sin mi, no todo es malo para ambas.” burla marcando cada vocablo, movimiento peligro que de momento le importa poco, dirección guiada por los movimientos ajenos en dirección al único lugar capaz de no verse afectado por la sangre que brotaba de entre su epidermis. Una suave queja escapando de sus fauces al momento en el que el agua choca contra la parte afectada. “¿También me besarás la herida para que sane mejor? ¿O me darás una paleta si prometo portarme bien?”
Algo burbujea bajo la pretensión de tranquilidad, fabricada seda de su velo. Ese algo se llama irritación, irreprimible e irrefutable, y justo por debajo de su punto de ebullición. La de hebras sanguinas, aunque actuando bajo las demandas de su arisca natura, ha derramado la primera gota de sangre, y para su desfortunio, Nooren es una mujer de guerra ( una valquiria, forjada con el calor de la batalla y acunada con los lamentos de los moribundos. Formidable aberración de la naturaleza ) . Silencio, silencio, silencio. Y luego, su pulgar se estira en dirección a la grieta en la porcelanada dermis, ejerciendo presión lo suficientemente cerca de la herida como para suponer que su interlocutora sería capaz de sentir punzadas adicionales. La vejación existente en su ser reflejándose en iris como el cacao, antítesis a la ligera curvatura cincelada en su aniñada fisonomía. ‘ Creo que no te escuché bien, ¿podrías repetirlo? ‘ hiperbolizada inocencia tiñendo sus cánticos. Nacimiento / decaimiento / redención. Es un ciclo despiadado, frío y virulento, jactándose de la catarsis creada en su final ( pero, ¿cómo podría saberlo? Aún está cayendo, incapaz de aferrarse a algo que pueda salvarla ) . Sin embargo, se considera a sí misma misericordiosa, habiendo pecado y transgredido, sincronizándose de manera especial con el sufrimiento de las almas auto-condenadas, motivo por el cual la presión es liberada luego de varios segundos dedicados a reafirmar su dominio en la batalla. ‘ Bendita suerte la mía ‘ entonación de cobre, cortante y resbaladiza en su sinhueso, carente de genuina emoción. Palma izquierda permitiendo que el agua descienda sobre el icor bermellón mientras la derecha mantiene la ajena bajo la purificante cascada. ‘ Algo mejor: si te comportas no te meteré la mano en el salero ni te la llenaré de jugo de limón. ¿Qué tal te suena eso? ‘