Las palabras llegan como bala a sus oídos, se filtran con veneno por su cuerpo, obsequian un escalofrío. Empático, venerable, sabe que aquellas silabas han de quedarse rondando por el consciente durante días, semanas o quizá meses, torturando y martillando puntos claves en su ser. Despertando inquietudes, preocupaciones, alarmas. No sabe que decir (en efecto conoce bien la palabrería que debería salir a continuación, pero no puede emitirla, por lo tanto llega la incertidumbre de una lengua silenciosa), qué hacer a continuación, no quiere ser errado más tampoco un desalmado, es entonces el abrazo que llega por motivación impropia el que lo salva de una pensativa prolongada, lo acepta con gusto, la envuelve en sus brazos. Desea brindar sensación de protección, o lo más símil a eso. “Sólo tienes que aguantar un poco más, ya consiguieron la radio. Ahora debemos esperar.” La oración cae sobre sus pétalos sin autorización previa, proviene desde el mismo anhelo de propagar paz en el cuerpo foráneo, mas comprende que quizá cualquier cosa que diga entonces no sería oída, ni siquiera analizada, las heridas eran demasiado profundas y frescas como para siquiera empaparse en la mínima esperanza. Ella necesitaba el deshago, el filtrar todo eso que había emitido, necesitaba su luto… ahora lo entendía. “No tienes que agradecerme nada.” Susurro que es dedicado para los oídos gitanos, cuerpo que entonces se ahoga en el gesto humano y suspira pesadamente, como si en tal enlace los sentimientos opuestos fuesen cargados sobre su cuerpo y con tal soplido pudiese despedirse de ellos. La conclusión de la plática se respira, por lo tanto, el abrazo comienza a ser desechó. Dígitos buscan el mentón opuesto, pulgar que acaricia la tez, movimientos atraídos por un consuelo que cree sumamente necesario, y sonríe, pesadamente pero sonríe. “Sí, a su debido tiempo, pero lo estará.” Reitera, busca sonar mucho más convencido que antes, busca hallar aquel matiz justo tan solemne como casto, quiere obsequiar tranquilidad (pese a todo aún ese capricho permanece latente), detesta ver a la femenina tan bien conocida por alegría en aquel estado, mas lo acepta y se dispone a ser de ayuda antes que verdugo por un desanimo bastante oportuno.
Se le estaba haciendo eterna la espera, y como pocos habían notado que Juliette no estaba, o quizás ella ya no cruzaba con la pelirroja pero estaba claro que sus cosas seguían intactas, al menos ropa tendría que pasar a buscar, y ni eso. Debía de asentir y aceptar que iba a ser de ese modo, que ya no había otra respuesta que la incertidumbre de la espera y cuidarse entre todos con tal de evitar más pérdidas. Acaricia suavemente la espalda ajena, aceptando que el contrario también podría llegar a necesitar de aquello como ella. Bien ya no estaba más de humor para seguir adentrándose en un tema que no terminaría más que torciendo por completo su mente. Lo mejor seria callar por un momento, ya que construir al pánico significaría la ruina de la cordura que intentaba socorrer en todo momento. Una sonrisa escapa de sus labios, en una tácita risa que se construye con un suspiro corto, al menos podía contar con que Alex le ayudaría a no perder su propia fe en la esperanza de escapar de allí y volver a su hogar. --- Iré a bañarme antes de la cena, dile a Casper que le robé el turno --- Bromea con pesadez en su voz pero se levanta y dispone a irse al baño. Necesita reflexionar por si misma unos momentos, capaz alejarse de todo y limpiar su cuerpo serviría para acoplar de nuevo su serenidad estable.