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¿CUÁL ES TU OBJETO INANIMADO FAVORITO?
Lapicera
4 Novias salidas de tus peores pesadillas.
Hay que admitirlo, los hombres, como género, tenemos cada vez peor reputación.
Con el progreso social generado desde principios de Siglo XX, las mujeres han ido adquiriendo derechos que durante siglos le fueron negados por motivos variados y los miembros del género masculino ya no podemos safar nuestra reputación de opresores misóginos retrógradas que siempre pensamos en sexo... al fin y al cabo, trabajamos duro en ganarnos esa imagen durante unos cuantos miles de años.
Ponderaciones autoinculpantes mediante, explico que si bien es cierto que los hombres supimos y seguimos sabiendo ser unos redomados cabrones, las lindas nenas no se quedan atrás.
Algunas mujeres tienen tanto potencial pesadillesco adentro que uno pensaría que le derramaron sangre de porcino delante de una multitud burlona durante cada día de su infancia, y como no pueden incinerar a la gente con poderes psíquicos, la torturan con poderes psicóticos. En especial cuando se ponen en pareja... así que sin más demoras, les presento cuatro tipos de novias salidas del séptimo círculo del infierno...
1- La amarga. Frase habitual: "Yo sabía que esto iba a ser una mierda". Es la eterna insatisfecha, no necesariamente en lo sexual, pero tiene una inapelable incapacidad para disfrutar enteramente de las cosas. Nada nunca es lo suficientemente bueno, y ella es a la que siempre le pasan las peores cosas. Es más negativa que electrón en seguro de paro. Los hombres que intentan compartir sus vidas con mujeres de este tipo tienen que estar constantemente tratando de ver el vaso medio lleno, aunque tengan prohibido manifestarlo, porque de lo contrario caen en el juego de esta mujer y se quedan mirando la vida con lentes color marrón diarrea. Este tipo de mujeres logran relaciones realmente duraderas solo cuando encuentran un macho que no les discuta nada, un cero-hombre, que no pierde el tiempo intentando cambiarla porque tiene claro que es una total pérdida de tiempo. Especialmente destructivas con: Tus sueños y esperanzas. Al final, te olvidás de tenerlos.
2- La celosa. Frase habitual: "¿Con quién estabas?" Nadie está libre de sentir celos en algun momento. Es normal y señala un nivel de apego hacia la otra persona que puede ser muy saludable. Pero también tenemos los niveles patológicos. Las mujeres celosas son distintas de los hombres celosos, en el sentido de que entran en un juego detectivesco retorcido alimentado por paranoía excesiva. Mientras que el hombre celoso tiende a ser agresivo y frontal (en muchos casos llegando a la violencia física), rara vez demuestra el grado de subterfugio de una mujer con este tipo de caracter. Espiar los celulares, cuentas de mail de su pareja, seguirlo a una cuadra de distancia e interrogarlo cada miserable día que pasan juntos. La celosa hace un gasto de energía monumental en tener a su hombre bien vigilado, armando escándalos si sale con la barra de amigos, y generando peleas catastróficas si estuvo hablando con una amiga mujer (tipo de vínculo que tiene expresamente prohibido). Una mujer que se siente amenazada por todas las otras mujeres del mundo, el hombre que mejor las tolera tiende a ser el que tiene escasa vida social. Especialmente destructivas con: Platos, jarrones y tus costillas si no se logra calmar a tiempo.
3- La garrapata. Frase habitual: "Este finde lo pasamos con mis padres". Esta clase de mujer está entre las más perjudiciales para el hombre saludable. Sucede que a diferencia de las otras que se mencionan en esta lista, este tipo de fémina no es confrontativa, sino que actúa lentamente, como una enredadera que de a poco va cubriendo toda la fachada de un edificio. Es una mujer que empieza acercándose a su hombre con toda normalidad, al principio le da espacio y lo deja hacer su vida. Pero conforme pasa el tiempo, empieza a influir en la agenda hasta que él no puede tener otros planes que los que estén pautados con ella. Lo peligroso de este tipo de mujer no es que logra dominar al hombre, sino la manera en que logra acostumbrarlo a eso. Son mujeres hogareñas, familieras, buenas en la cama, que construyen un lindo nido de amor. Excepto que el nido es más bien una jaula y al hombre no lo vemos salir más. Los hombres que se entienden más con estas mujeres son los que se fuman menos a su propia familia que a la de ella. Especialmente destructivas con: La barra de amigos de él, que al final ya ni lo llaman porque igual nunca aparece.
4- La loca de mierda. Frase habitual: "Te juro que estoy tomando la pastilla" Todas las mujeres mencionadas anteriormente pueden ser difíciles de tolerar, pero a veces encuentran un hombre que la soporta y son félices juntos. Pero este último ejemplo no tiene final felíz. La loca de mierda hace todo lo posible por destruirlo todo. Es una terrorista del amor, con una bomba atómica atada al pecho. Cada una es distinta, pero en general todas siguen un patrón establecido de aprovecharse de la bondad ajena. Los tipos hijos de puta ni se gastan con estas mujeres, porque son imposibles de manejar. La loca de mierda está bien un día, y al otro se pelea con su novio sin motivo alguno y luego va a tocarle timbre a las tres de la mañana, gritándole desde la calle para que salga a hablar del tema. Manda cinco millones de mensajes por día y si no le responden manda otros tantos diciendo que se siente mal, cosa de que uno se preocupe y la llame. Tiene un problema de cortocircuito y por venganza se trata de cojer al mejor amigo de él, deja de tomar anticonceptivos o hace un intento de suicidio. El varón que persiste en tener una relación con este tipo de mujeres a menudo empieza a desbalancearse también y se desgasta sumamente rápido. El único hombre que puede entablar un vínculo con este tipo de mujeres es un psiquiatra, en una relación puramente profesional enfocada en bajar un poco el nivel de locura galopante. Especialmente destructiva con: La cordura de la otra persona. Causando insomnio. adicciones, depresión y ganas de subirse a un cohete espacial que llegue a Marte, o mejor aun, subirla a ella con un pasaje solo de ida.
Victor tiene un solo pincel…
Victor tiene un solo pincel. Una sola lata de pintura barata. Unas pocas hojas de papel que se fue encontrando por ahí, o que la gente le regaló cuando se lo encontraron a él. Lo veo cruzando el barrio, caminando entre medio de una multitud de personas que hace tiempo se olvidaron lo importante que resulta amotinarse y nadar contra la corriente por un rato. Victor nada en la dirección que se le canta, y hasta por momentos, pega un salto y te mira desde el aire con su sonrisa liberada, bien blanca, en contraste perfecto con su piel morena. Después la gravedad se acuerda de él y lo arrastra de vuelta al agua, cuya superficie es tan dura como la vereda en la que va a tener que dormir esta noche. Las cuatro paredes con un techo de la pensión le exigen un peaje que no siempre se alcanza. Las calles del barrio son su casa, y el living queda en un boliche al que van cabezones y cabezas huecas por igual. Lo dejan deambular entre las mesas, interrumpiendo conversaciones nada importantes, para que pueda compartir un poco de lo que hace su pincel. A veces te trae un cuadro de un metro por un metro, y otras, te pinta tres garabatos en una servilleta. No todo el mundo quiere o puede bancarle la cabeza, algunos solo quieren tomarse una birra en paz. En una misma noche, Victor puede hacerse varios amigos, o irse odiando a medio pueblo. Y es que no soporta que la manada pasiva ignore su existencia, cuando justamente, él viene para sacarte un poco de la modorra de lo rutinario… Seguramente no lo tenga claro, pero yo veo como sucede, y me alegro. Cinco minutos de tu tiempo, unas monedas, y no ser impaciente, es poco precio por hablar con un ser humano que te puede aportar algo diferente. Victor no tiene interés en aprender que a la gente a veces las interrupciones le rompen las pelotas. Entonces los ánimos se caldean, y en el boliche le piden que se vaya por un rato. Lo echan de su propio living. Pero siempre tiene otros pasillos y habitaciones por las que deambular, cantando con una voz que sale de las entrañas y sorprende a quién se lo cruza distraído. Victor tiene un solo pincel; pero puede pintar todo lo que quiera. La mayoría de nosotros tenemos mucho más, y nos resignamos haciendo mucho menos…
Estupideces que dicen las mujeres en la cama
Hace poco en este blog, se publicaron dos sumarios perturbadoramente detallados sobre el desempeño sexual de los hombres según nuestra profesión y otro donde nos catalogaban según la manera de eyacular. Fue algo un tanto tragicómico encontrarme entre los varios casos listados… No hay maneras de guardar las apariencias durante el sexo. Sos lo que sos, y la otra persona lo está percibiendo durante cada segundo. Lo cierto es que si hay algo en lo que las mujeres ostentan y utilizan su poder tan a menudo como pueden es con el sexo. Los hombres somos juzgados por nuestra apariencia física, técnica, tamaño, resistencia, balance entre ternura y masculinidad, y ahora por si fuese poco, también por las caras y sonidos que hacemos al acabarnos. Las reuniones entre amigas se acaban de volver una situación un tanto más terrorífica de lo que ya eran. Entre los hombres es menos sádico. Cuando un amigo quiere transmitirle a otro que la paso bien con una chica, sólo tiene que hacer el gesto del pulgar para arriba… Y si no la pasó bien, responde con un conformista “pero al menos tuve sexo”… asunto terminado. No se indaga. No despellejamos a la participante de turno. Y sin embargo hay veces que se lo merecen. Todos podemos ser torpes alguna vez en la cama. Apoyar un codo donde no corresponde, morder demasiado fuerte, llorar descontroladamente durante todo el asunto… son cosas que se entienden. Pero hay algo, que las mujeres en particular podrían evitar con un mínimo de autocontrol, y es en decir estupideces tan soberanamente demoledoras que los hombres no sabemos si reírnos, seguir como si nada o ir a la ducha para quedarnos un rato en posición fetal. Si tan solo se evitaran el esfuerzo de abrir la boca y usar las cuerdas vocales, yo ahora no tendría que contarles sobre… 1- La potencial veterinaria. El sexo puede ser muy salvaje. Uno cede a sus impulsos animales más básicos y se vincula con el otro desde lo visceral. Por eso se entiende que a un hombre bien plantado le digan “semental”. Lo que no hay manera de entender, por mucho que uno intente es que hayan mujeres que insistan en decirnos “Cachorro”, ”Perro”, “Gato salvaje” o cualquier otro epíteto zoologístico mientras estamos con las manos en la masa. Queridas féminas… los hombres tenemos imaginaciones visuales, si nos dicen cosas como “Sos todo un perrito cachondo”, nos vamos a imaginar un perro salchicha desaforado intentando copular. El intento de aguantar la carcajada durante pleno coito nos puede llegar a generar un desgarro muscular. Así que colaboren, les va a servir a ustedes también. 2- La repetitiva perturbada. Los hombres intuimos que estamos haciendo las cosas bien cuando las mujeres se pierden en su disfrute. Es espectacular. Pero a veces implica que no se dan cuenta realmente de lo que dicen y lo repiten una y otra vez cual letanía orgíastica. Es necesario un poderoso ejercicio mental para ignorar a una persona que nos está jadeando al oído repitiendo sin parar la frase “Ay papito”… ¿Qué-cárajo-pasa? Hay que llevar ese complejo de Elektra no resuelto a un psicoanalísta, urgente. 3: La boxeadora. Hay hombres para los cuales no hay nada mejor que cada tanto meter un manotazo en la pandereta. Las mujeres también lo hacen. Arañar y morder son cosas mas o menos normales. Pero de vez en cuando, los hombres nos encontramos con un especímen de mujer que deben haberse criado entre las ruinas de Sarajevo. Sus ojos revelan que no conoce el miedo, y te cabalga como si quisiera romperte la cadera (y lo que haya en el medio). Pero sobretodo, le gusta que vos le causes dolor, que la ahorques un poco, que le des sopapos en la piel hasta dejarla en un rojo satánico que es el verdadero color de su alma. Y cuando finalmente nuestra psiquis llega al limite te miran como si fueses un cordero y te dicen… “Pegame… más fuerte… MÁS FUERTE, ¡¡DALE CAGÓN!!” Lo mejor en estos casos es lograr salir por la puerta antes que ella te alcance. 4: La narradora. Te cuenta todo lo que está pasando. Todo lo que siente. Todo lo que ve. Solo falta que te diga la cantidad exacta de gotas de sudor que se te forman en la frente mientras estás esforzándote por todos los medios posible de recordar que estás copulando con una mujer y no con una radio. Este tipo de mujer tiene una necesidad mal llevada de conectar con su partenaire… o fue un relator de fútbol en su vida pasada y su vieja personalidad está reflotando. Los hombres no siempre podemos estar seguros si las mujeres lo están pasando igual de bien que nosotros, así que un poco de feedback verbal nunca viene mal. Pero cuando se llega al punto de besar frenéticamente a una mujer solo para que se calle, creo que ya es asunto grave. Sugerencia… si sos hombre y te encontrás este tipo de mujer, unos tapones para las orejas te sirven. Si sos mujer, puede ser que la National Geographic esté precisando narradores para sus documentales. ¡Tu verdadera vocación te espera!
Ella trabaja atrás del mostrador...
El comercio de la esquina nunca es el mismo para nadie. Pero ella siempre está ahí, atendiendo al público con aire aburrido y resignación progresiva. Algún día, los japoneses van a inventar un androide regurgitado del quinto infierno para atender al público en los comercios comunes y silvestres. Hasta entonces, ella va a seguir trabajando en el comercio de la esquina. Escuchando la radio, cumpliendo su deber, odiando a su jefe en secreto mal guardado. No es una belleza escultural. Pero posee un tranquilizador atractivo mundano que nos permite concentrarnos en la tarea de comprar lo que queremos. Y sin embargo, hay tipos que van y de paso aprovechan para tirar el anzuelo, por deporte, disciplina gremial o porque las promotoras cachondas prefieren salir con veteranos con plata. Su expresión vegetal se modifica lentamente cuando me ve entrar. Dando claras señales de estar haciendo alguna que otra sinapsis. No es que yo sea un adonis con pectorales capaces de frenar las balas y los discursos presidenciales. Ella está ponderando si voy a ser un cliente fácil, un cliente dubitativo o un proverbial rompe huevos que va a robarle de su precioso tiempo para limarse las uñas. Dedico unos segundos a escanear con la mirada las estanterías, a efectos de señalar lo que preciso, pagar y retirarme sin perder mucho tiempo. No lo encuentro. Mi mirada se cruza con la de ella y la chica del mostrador ya sabe que voy a interrumpir sus ponderaciones. Hace una mueca imperceptible de misantropía antes de sonreir maquinalmente y preguntarme qué necesito. Preparada para una dosis de estupidez, levante misógino, arrogancia clientelar o todo a la vez. Le contesto que normalmente necesito oxígeno, considerando que mi existencia se vería limitada a unas pocas decenas de segundos sin una reserva amplia de esta sustancia. Me mira como si viniera de marte (ya estoy acostumbrado) y en ese momento aprovecho y le pido lo que estoy buscando. Me regala una sonrisa genuina… me dice que no tienen lo que busco, me indica el comercio que puede tenerlo y me asegura que puedo estar tranquilo, que oxígeno puedo encontrar sin dificultad en cualquier lado excepto abajo del agua. La transacción está hecha. Hay un atisbo de vida inteligente en la cabeza de la chica del mostrador, y me voy feliz de haber estado ahí para verlo.