Anoche soñé que dormíamos juntos, en tu cama de siempre. He soñado que hacíamos el amor, que nos dormíamos tan pegados que se me dormían los brazos, que al despertar, nos duchabamos juntos y me lavabas el pelo, que me abrazabas como siempre, que olías como siempre, que sonreías al verme sonreír, que me hacías reír, como siempre.
Me he despertado sola. Aullaba tu nombre como un cachorro de lobo desolado que no encontraba la luna, no podía hablar, no podía respirar, solo podía extrañarte.
Se me escapa tu olor. Se me escapan tus besos, tus caricias, corren como arena entre mis dedos, corren como corre el tiempo cuando de verdad eres feliz.
He sido la persona más afortunada del mundo en esta vida. Ahora el mundo parece vacío, insípido e incoloro. Después de tanto, me envuelve el vacío de tí. Pero solo puedo agradeceros a ti y a la vida el habernos cruzado en este camino de amargura, porque cada día que desperté contigo, cada vez que me enseñabas algo nuevo, cada vez que compartías algo que te gustaba o te hacía ilusión conmigo, me alargabas la vida y la hacías más bonita.
Perdóname si no respondo por estar durmiendo. La realidad no tiene nada de malo, pero quiero aguantar cinco minutos más para seguir soñandote y volver a ver la cara de mi persona favorita abriendo un paquete de Doritos verdes y bebiendonos un par de monsters jugando a cualquier cosa, tumbarnos juntos y contar en silencio las pecas que decoran tus mejillas, una a una, en un patrón único, puedo tocar cada centímetro de tu cuerpo de nuevo en sueños sin pedir permiso. Puedo acariciar tu cara y besarte sin remordimiento, todo lo que necesite.
Puedo dormir dentro del sueño y soñar que sueño contigo.
Puedo despertar. Pero no quiero despertar sin ti, no quiero vivir entre las sombras de mi mente, no quiero oír mis propios pensamientos recordando que no soy suficiente. El amor da la vida de la misma forma que el desamor te la rompe. No quiero ni puedo con más, solo quiero que me digas ven para ir corriendo a tus brazos y tumbarme en tu pecho un rato más a escuchar los latidos de tu corazón como la única nana que calla mis demonios.
Eres lo único que quiero, quitame el pelo de la cara y dime lo bonita que soy. Ponme unos calcetines gorditos, suaves y peludos, acaríciame el alma como solo tú sabes.
Te amaré hasta que la última gota de agua de mi cuerpo lo abandone, hasta que la carne que cubre la armadura de hueso se destruya y deje solo las cenizas.
Acuérdate de traerme flores, las tuyas son las únicas que quiero.