Escribo como si dibujara tu cuerpo en el agua; escribí tu nombre como si mis letras fueran fuego en la oscuridad de la madrugada. Escribo para atraerte a mi boca, para que inocules tus luciérnagas en mi memoria. Añoro (entiendo la imposibilidad léxica) la magia, la electricidad que se desliza por tu espalda, la lujuria, el estremecimiento que viene desde tus rodillas y hasta tu pecho, el licor de tu espíritu derramado en las aristas de lo infinito. Escribo como si te hubiera abrazado y todavía guardara tu aroma en mis manos, redacto el tiempo para atraparlo, para encerrarlo en nuestra mordida, en nuestro rasguño, para comtemplarte desnuda en mi mente una vez más, para imaginarte envuelta en las llamas de una pasión delirante. Añoro (me aproximo) tu ferocidad, no la fidelidad ni las promesas; quiero medir tu cuerpo en besos, por ejemplo de tus rodillas a tus clavículas, medir tus labios en mordidas tenues, en interminables caricias que evoquen tu danza sagrada. Quiero medir tu alma, por ejemplo tus vidas pasadas, tus reencarnaciones y la música, en que instantes, has vivido. Escribo cosmologías en tus caderas. Invoco colibríes en tus pechos. Desenvuelvo el universo (con sus presagios, su belleza, su violencia, su oscuridad, su sol, su ternura) sobre tus omóplatos. Te escribo escuchando el ritmo secreto de mi sangre, su ritmo ancestral, de sístole y diástole entonando el rito. Te siento tatuada en la médula de mi alma y escribirte es sentir que tengo el cosmos en la punta de mis dedos. Añoro (ciñéndote de las nalga) tu mirada retándome, tus labios envolviendo mis poemas, tu cuerpo arrojado como sobre un volcán activo. Tus uñas encajadas en mi espalda, leer en tus muslos mi futuro. Escribo la tormenta sobre tu vientre, mi poema naufragando por tu entrepierna, el relámpago sacudiendo tu alma. Escribo la electricidad de soñarte, la creación del fuego, la luna menguando en las venas, la tentación. Los versos satánicos. Los libros abiertos (Orgullo y prejuicio, La insoportable levedad del ser, Lolita, Jane Eyre, Las mil y una noches.) La palabra que circunda tus caderas, la palabra secreta que pone erectos tus pezones. Aullo tu belleza. Gimo tus fotografías. Despierto dioses primigenios en tu mirada. Desenvuelvo la literatura (con su maldad, su fragua, su tango, sus orquídeas) sobre tus pechos. Eres el jardín de las delicias, el cantar de los cantares, el triunfo de la muerte, la maja desnuda, las flores del mal, eres, todo el arte. Añoro (mientras te penetro) tu paganismo, la divinidad de tus clavículas, más libertaria que libertina, más anarquista que ensoñadora, más vulgar que triste. Que me atrapes con tus piernas mientras te penetro de relámpagos y estrellas. Te escribo porque me calienta escribirte, describirte, hacerte valkiria en mi mente; escribirte como si forjara tus sombras con música, dejar que tu nombre tiemble en mis labios mientras ahogo un orgasmo.