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I’m too young to remember, I wanna get, wanna get all I want!
Los paparazzis se habían tornado insoportables al cabo de tan sólo minutos, no podía seguir más así si quería mantener su reputación de chica buena en Hollywood, entró al primer local donde para ser sinceros la situación era algo deprimente, para evitar ser vista en lugares como ese la morena se adentró al local cuando en el pasillo observó una puerta entreabierta, su curiosidad la mató ya al final tuvo que ver lo que ahí dentro pasaba. Frunció el ceño completamente indignada por lo sucedido, al ver que la rubia se acercaba salió corriendo para evitar se vista más no podía hacer la ciega ante una situación así, se dio media vuelta pero ya la rubia la estaba mirando. –Eh… He visto lo que sucedió allí– susurró. –¿Estás bien?
Su vergüenza asomó irrigando sangre a sus mejillas, acosada por un desagradable hombre. — Oh…—Dijo ya frenando su mente para intentar esquivar su situación, no sería puntillosa sobre eso, tampoco trataría de tomarlo muy en serio, si lo olvidaba era mejor continuar. Miró las orbes ajenas y negó suavemente permitiendo tomar cercanía con la otra muchacha. —¿Te molestaría abrazarme? Realmente necesito eso ahora —Susurró con una lámina transparente dándole cierto brillo a sus ojos azules.
No le agradaba pasar su tiempo libre en rincones sublevados con olor a ron y a pestilencia rancia. Mas allí estaba, ordenando una cerveza y escuchando una melodía con tonada melancólica que le recordaba a momentos turbulentos de su vida. Se encontró a sí mismo en cuestión de minutos embalsamado en la canción, llevando sus ojos hacia el pequeño y aislado escenario para contemplar a la muchacha talentosa que le había atrapado tan sólo con el uso de su voz. Al terminar aplaudió con moderación y siguió con curiosidad a la blonda, que desaparecía de escena. Dueño de algo de alcohol en su cuerpo y curiosidad, la siguió procurando distancia y con paso lento. La furia emanó de él al escuchar a la muchacha por detrás de la puerta. Y a pesar de que el se consideraba un degenerado por estar oyendo conversaciones ajenas, supuso enseguida que el bastardo que se encontraba allí dentro era mucho peor. Dio un respingo cuando la joven salió del cuarto y la contempló por unos segundos, presa del pánico, sin saber qué decir–. Puedo quitarle las muelas si quieres…trabado como seguridad –explicó velozmente con algo de temor, esperando no estar molestándola en vez de ayudando.
Su pecho estaba destartalado, buscando un lugar donde refugiar su pánico, encogió sus hombros sintiendo un leve agotamiento acumulado en sus sienes. Exhaló pesadamente permitiendo que el pequeño raye de adrenalina que aún surgía efecto en su sangre, se guiara hasta sus rodillas. Sí deseaba que el asqueroso cuarentón recibiera un merecido, pero era una fiel creyente del karma y no podría en estos momentos rodearse de ese tipo de energías para aclarar su panorama posterior. Frunció los labios y guió sus orbes hacia el rostro masculino de facciones marcadas, buscando en si misma la fuerza que venciera su enojo —No, no tiene caso, ya recibirá su merecido— Deslizó la palabras con firmeza frágil en su voz, más su semblante aún era inmóvil de expresar algo más que un shock en puro estatuto. —Además no soy nadie para que arruines tu reputación, al menos no todavía —Avanzó unos pasos y estiró las comisuras de sus labios en una especie de sonrisa que buscaba un aire amigable. —Te invito un trago por la…oferta— Le ofreció cálidamente aunque no pensaba darle de comer a ese mismo bar donde ahora quedaría marcado en su memoria de forma no grata, tal vez otro accesible y de ambiente un poco mejor.
¿Por qué demonios había accedido a acudir a aquel antro?, se preguntaba una vez más al tiempo en que recorría con una mueca los pasillos, sus intentos por encontrar un rostro conocido habiendo fracasado durante los diez minutos transcurridos, la ansiedad en alza. Resultaba obvio el uso de drogas en el lugar, y aquello lo llevaba a desear escapar… pero el compromiso con la banda emergente amiga resultaba en la fuerza que lo llevaba a continuar en el bar. Y fue el descontrol en sus pensamientos la causa por la que ante las palabras femeninas, la sorpresa lo llevó a retroceder al pasar por su lado, tomándose un momento antes de poder ubicarse una vez más en tiempo y espacio. — ¿Disculpa? No estoy interesado en drogas… o cualquier otra cosa que quieras ofrecer —se permitió expresar sin vergüenza alguna, sus palabras bailando entre la sinceridad y pizcas de entretenimiento.
Su cuello se retrajo y sus ojos sobresaltaron más de lo que deberían, víctimas de la sorpresa que capturaba su atención en las palabras ajenas. No era una época de frío extremo, tampoco un sofocante calor, por lo que utilizaba ropa adecuadas: unos pantalones blancos, una remera de tonos lila suave y por encima una campera de jean con algunos agregados que su abuela materna había hecho especialmente para ella. Desconocía su había un gran tramo de diferencia entre ambas culturas, cosa que creía por sobretodo falsa ya que la sociedad se había establecido en un gran bloque sobre todo el mundo. —No, no — Respondió aún sin asimilar como podría haberla tomado como parte de cualquiera de esos bandos— ¿Acaso parezco una prostituta? ¿Sólo por no ser de aquí significa que pueden revolcarme como una muñeca inflable?— Espetó enojada pero con un suave semblante, parecido a un cachorro asustado que buscaba ladrar para defenderse. Presionó sus sienes y pasó ambas manos por sus rubias hebras que decoraban sus facciones angelicales—Lo siento, sólo vine a cantar, no trafico nada— Decidió corregirse, no solía reaccionar así pero teniendo en cuenta la situación anterior estaba aún con los bellos erizados y las neuronas revolucionadas, su cuerpo continuaba reaccionando a una defensa que había funcionado pero seguía alerta, por si acaso.
Con la música y concentrada en lo que hacía esa noche en su turno, Sarah nada más que notó a la muchacha cuando entró por la puerta y la cerró a sus espaldas, haciendo que la ojiazul se volteara a verla con asombro y un poco de enojo ante su presencia repentina. La miró con el ceño fruncido, para hablar—. Lo sé, trabajo aquí. —se encogió de hombros simple, asintiendo con la cabeza a su vez. Ladeó su cabeza mientras la miraba, notando un agite en su pecho que subía y bajaba como si le faltase la respiración—. ¿Te sucede algo? —inquirió, solo para asegurarse.
Bajó la mirada a sus pies, tratando de llenar sus pulmones, tratando de regresar su cuerpo al armonioso balance de la equidad de químicos no como en ese momento que la adrenalina surtía sus efectos negativos a involuntarios temblores en sus rodillas y manos. Inspiró profundo, hinchando su caja torácica en su máxima capacidad, para luego liberar el dióxido de carbono con sutileza —No…no me siento bien ¿Podría pedirte un vaso de agua?— Preguntó mientras pasaba algunos mechones tras su oreja y avanzaba un poco, buscando distanciarse del cuarto anterior.
Escuchó a la joven con dificultad por culpa de la música horrenda que sonaba en esos momentos y porque se atropellaba con las palabras también, pero supuso que sería normal luego de lo que casi acababa de pasar. —Es un cerdo —concluyó refiriéndose al dueño de aquel antro—. Deberías salir de aquí, no creo que sea la primera vez que pasa algo como esto.
No podía negarlo más estaba tan de acuerdo como las palabras que había utilizado para identificarlo anteriormente. Asintió con cuidado mientras se subía al hombro su chaqueta de jean, típica en su estilo de ropa. --- ¿Te ha pasado a ti? --- Preguntó con curiosidad mientras buscaba en su cabeza diluir la tensión que comenzaba a crecer --- Era de esperarse, hay tres clientes, no iba a poder pagarme de todas formas --- Exhaló ya rendida a la situación en esa hora de la noche --- ¿Qué haces aquí? No quiero prejuzgar pero no tienes la onda de underground o siquiera olor a whisky barato --- Preguntó en si tomando preocupación por su compañía, si ella había sido casi víctima de una situación engorrosa no quería ni imaginar lo que podría pasarle a su interlocutora si alguno de los borrachos la confundía con las camareras.
School’s Out - Alice Cooper (School’s Out, 1972)
No tenía ni idea de qué hacía en un bar de mala muerte como ese cuando los lugares que ella acostumbraba a frecuentar estaban al menos diez estrellas más arriba que ese. La curiosidad de probar algo nuevo, tal vez, pero sabía que no volvería a hacerle caso a su curiosidad jamás. Buscando el baño dio con una puerta entreabierta, y obviamente vio toda la situación ocurriendo allí adentro. —Gracias —giró la vista hacia la dirección que la rubia indicaba, pero luego decidió que no podía dejar de preguntar—. ¿Tú estás bien? Escuché lo que pasó allí adentro…
Respiró hondo, desviando la vista con culpa por no poder esgrimir esa sensación de incómoda necesidad de hablar, más su propia mente filtraba sus palabras en resumen de resguardar información que pudiera ser muy fuerte en algunos sentidos. Dejó caer los hombros mientras rascaba su nuca --- Oh...--- Frunció los labios y torció la boca --- Bueno, no hay mucho que agregar --- Comenzó a decir dentro suyo comenzaba a crecer esa sensación de autorechazo que le generaba escalofríos --- Por suerte estoy bien ¡Gracias! Es....que de verdad pensé que...---Otra pausa para negar con firmeza, con sus orbes no en las femeninas ajenas, más en las paredes poco iluminadas --- No pensé que podría llegar a suceder algo así --- Admitió arrugando la nariz con desagrado más también era un intento para evitar que su mente desfilara la posibilidad de que ello pudiera haber ocurrido.
I am the son and the heir of a shyness that is criminally vulgar
The Smiths
#1
Era su primer noche asistiendo como artista musical en ese bar de mala muerte, nada conocido ni nada higiénico para ser sinceros. Después de cerrar la noche con una acústica versión de “Everyday is like sunday” con tal de deprimir a los alcohólicos e incitarlos a beber más de forma miserable, se acercó al hombre que dirigía el lugar, pasando el pasillo de los baños allí estaba la puerta roja de su oficina. Entró, luego de tocar y oír la invitación, algo incómoda porque nunca era fácil pedir la paga del día. Pero la situación se tornó diferente cuando el hombre mayor, de forma sugerente amenazaba con otro tipo de paga que no implicaba billetes, dando a entender que ese era el trato a seguir. --- No me toques, cerdo inmundo--- Gritó empujándolo “¡Si así lo quieres, estás despedida” respondió él justo dándole el tiempo para poder escaparse de una posible situación difícil de superar. Cerró la puerta a su espalda, agitada y casi temblando, elevó la vista atendiendo a la persona frente a ella. --- El baño es por allí --- Respondió la inglesa tratando de evitar la situación, utilizando un tono de voz distante.