Habían sido unos días complicados, aún no sabía con exactitud cómo justificaría su llegada repentina cuando en verdad debía estar disfrutando su luna de miel, mas dejaría que todo transcurra a lento paso. Caminó por el edificio de la discográfica lista para anunciar su regreso al trabajo a las autoridades, se encontraba más sola que nunca y anhelaba con todas sus fuerzas encontrarse a algún rostro familiar, pero de todas formas eso conllevaría responder a preguntas de su desagrado. Al pasar por la puerta del estudio que usualmente utilizaban con Allie, se paro en seco con ganas de adentrarse en él y descansar unos minutos. Su sorpresa fue cuando al entrar descubrió a otra persona utilizando la habitación–. Ups, lo siento, ya me voy –anunció con voz tímidasin lograr divisar de quién se trataba–.
Acunando la guitarra acústica en su regazo, apenas encorvado en su lugar y con una libreta descansando a su lado, River se encontraba en su burbuja de privacidad e inspiración, la búsqueda de las notas correctas para los versos en su mente siendo la única meta en aquel día que parecía haberlo iluminado desde su despertar. El escribir y borrar parecía convertirse en una acción mecánica, una interrumpida tan sólo por la llegada de la castaña al estudio, capturando su atención y frenando sus actos para terminar algo decepcionado al encontrarse con que aquella presencia no pertenecía a Renzo o Thaís. — ¡Espera! —exclamó con la mayor rapidez posible en su letargo inspiracional. — ¿Acaso has visto a un moreno de cabellos largos o una muchacha, también morena, con llamativos dientes delanteros?












