Apretó los labios con fuerza al escuchar a la coordinadora, mientras continuaba pasando prendas de una cesta a otra, dependiendo del color que poseyera. No iba a pronunciar más quejas si ella estaba delante, no quería que su castigo aumentara. ¡Esto le pasaba por haberse pasado la noche despierta viendo los nuevos capítulos filtrados de Juego de Tronos. Maldita sea… – Lo siento.
Sus delgados brazos realizaron el acostumbrado cruce sobre el pecho, a la vez que cambiaba a la pierna izquierda el punto de apoyo del peso de su cuerpo – Una disculpa no hará que tu castigo desaparezca – Comentó, ante las palabras de la blonda. – Aún así, son bien aceptadas. – Agregó entonces. Y es que, al menos, apreciaba la posesión de la educación suficiente como para disculparse por su error. Además, la cantidad de ropa restante era bastante poca, o al menos eso le parecía.







