Algún día conocerás al amor de tu vida.
Pero no pienses que sucederá como en las películas, “mágicamente por sorpresa”. No vas a asistir a una fiesta y charlar con un extraño y darte cuenta que es el amor de tu vida. No pienso que las cosas funcionen así. De hecho, sé por experiencia que así no funciona. El amor de tu vida lo conocerás gradualmente, irás dando tus primeros pasos para poder correr un día y emprender vuelo incluso.
Primero, conocerás a alguien. Eso si puede ocurrir por accidente. Puede ser el desconocido sentado junto a ti en el bús, un amigo de toda la vida, un compañero que detestes del salón, un viejo conocido.
Segundo, entablarás una relación con esa persona. Nadie se sienta en el metro junto a otra persona y le dice que le ama. Para amar a alguien, debes conocerle. Pero generalmente, tendrás una conexión con esa persona.
Tercero, vas a verte en la situación invisible y totalmente imperceptible donde eligirás si acaso ves a esa persona como un potente de romance, o como un nada con fines románticos. Puedes caer en la situación claro, donde si puedas elegir. Quizás hay alguien que guste de ti pero tú apenas le has notado hasta su declaración y tendrás que replantearte qué papel juega cada persona en tu vida.
Cuarto, cuando hayas decidido que esa persona si tiene ese algo (aquí comienza lo inexplicable), vas a acercarte más y más. Y vas a querer saberlo todo. Nunca he sabido exactamente por qué lo hacemos, pero de repente ya sabes como piensa, por qué hace ciertas cosas, si acaso juega con las manos al hablar o se balancea sobre sus pies, cada tipo de risa que tenga, y demás. Te va a contar de su familia, de sus manías, de sus obsesiones. Se abrirán para ti, y tu mejor modo de corresponder, es haciendo lo mismo.
Quinto, pasado el cuarto punto, podrás replantear si es una persona adecuada para ti. O si no lo es. En caso de que lo sea, vas a seguir tonteando, no te darás cuenta, pero vendrán muchos cambios. Quizás dejes de decir malas palabras, o te arregles mas, o estés sorpresivamente mas feliz… y en el caso más cliché, vas a pensar mucho en esa persona.
Sexto, ya no hay retorno. Estás en una cuerda floja, quizás te rompan el corazón. Quizás te correspondan. Vas a actuar estúpido, vas a llorar de repente, necesitarás abrazos, te reíras de chistes malos, vas a querer hablar siempre con esa persona, aunque no sea de nada. Vas a quebrarte. Vas a sentir que el corazón te late rápido. Irás a hundirte.
O encontrarás al amor de tu vida. Cuando no se vaya a pesar del tiempo, de la distancia, de los deberes, de los defectos. “Qué se joda el mundo, estamos juntos, eso es lo que importa”. Encontrarás al amor de tu vida. Pero despacio, como su primer beso. O como su primer baile.
Séptima…
Al carajo. Enámorate mucho. Enámorate sin importar nada. Que te rompan. Que te amen. Y cuando alguien te ame tanto como tú le amas, cuando sea el momento, la persona indicada, entonces habrás encontrado al amor de tu vida.












