Séptima Carta: “Tu sitio seguro”
Recuerdo aquella noche, la primera vez que lastimaste mi corazón, cuando me hiciste sentir que solo era un premio de consuelo, porque el verdadero trofeo nunca estaría a tu alcance, pero yo sí… Yo sí.
Es curioso como a pesar de los años, de tantos años, sigo siendo esa persona que conociste, la que está, quien se queda, quien escucha a todos, aún cuando no hay nadie ahí cuando yo necesito ser escuchada. Me esfuerzo tanto por darle a otros todo lo que me hace falta, porque sé lo que es necesitarlo, pero en días como hoy, desearía tener a alguien que pudiera estar también para mí.
Han pasado tantas personas en mi vida desde que no estás y la gran mayoría me han dicho lo mismo que tú, dicen que soy su sitio seguro, que soy quien les hace feliz, que les doy lo que siempre han querido y que, por eso, siempre quieren volver a mí. Y no te miento, lo han hecho, lo he permitido porque les quería en su momento y les quería en mi vida, el amor que sentía me cegaba a ver que ellos no me querían a mí, solo a lo bien que les hacía sentir y se marchaban como si nada, llevándose consigo partes de mí, partes que jamás pude volver a recuperar, llenándome de vacíos que en días como hoy, irónicamente pesan más.
Desearía nunca haber sido tu sitio seguro, ni el de nadie más, ser solo el lugar a donde corren cuando todo va mal para sentirse mejor, desearía ser el lugar al que ansias ir no porque lo necesites, sino simplemente porque te hace feliz estar ahí. Pero tal parece que solo soy un medio, pero nunca el fin. Estoy cansada de ser solo usada, estoy cansada de construir a quien no rompí, solo para que me destruya más a mí. Estoy tan cansada de todo esto, de mí.
Y es una pena, porque no sé querer de otra manera que no sea dándolo todo por alguien, dando lo mejor de mí, velando por su bienestar aún si lo antepongo al mío, siempre he sido tan egoísta conmigo, tan indiferente a mí y no ha habido nadie que diga que pare, que deje de ser así, que me diga que también lo merezco y me ofrezca un lugar a dónde ir cuando mi mundo se destruye sobre mí.
Pero sobre todo, quisiera recibir más que palabras lindas bien hiladas, más que letras que me construyan castillos en el aire, ya no quiero promesas que nunca se piensen cumplir, ni “para siempre´s” tan efímeros como el rocio de la mañana, no quiero que me digan que no les deje jamás, pero sean los primeros en marcharse, no quiero saberme la persona “especial” de nadie, porque más allá del título solo me han hecho sentir la más innecesaria y reemplazable. No quiero sentir nada por nadie o tal vez, solo quiero unos oídos dispuestos a escucharme y unos brazos dispuestos a contener mis emociones y abrazarme, pero ¿crees que algún día haya alguien?