No me rendí. Solo me cansé de insistir en puertas que nunca se iban a abrir. De dar sin recibir, de hablar con paredes, de construir sobre ruinas ajenas.
Fui el que siempre estuvo. El que escuchaba sin ser escuchado. El que ponía el corazón en cada gesto aunque nadie lo notara.
Y por un tiempo, pensé que ese era el camino. Que amar de verdad era aguantarlo todo. Pero amar no es dolerse en silencio. No es desaparecer en cada entrega.
Así que no me rendí. Cambié de dirección. Me elegí. Y aunque duela empezar de nuevo, prefiero el dolor de soltar al de quedarme en un sitio donde ya no hay lugar para mí.
-chipnervous.


















