Una vez me pidieron escribir una carta a mi yo niña
Esa niña se parecía mucho a ti, tenía ese mismo cintillo blanco y abría mucho los ojos cuando hablaba. Como a ti, tampoco le gustaba dormir porque en las noches se imaginaba que había otras niñas sufriendo y ella no podía salvarlas. Usaba el pelo largo pero no era bonita. Tú sí. Usaba el pelo largo muy largo como su mamá pero a la niña súper niña nunca le gustó. Tampoco los vestidos, ni los zapatos de charol que le regalaban. A la niña le gustaba jugar a la pelota, era buena, una vez la eligieron para jugar en el equipo del barrio pero su mamá no la dejó ir. La niña sintió algo pero era muy chica y no sabía tener pena. Una vez a los 5 años trató de irse de la casa; no avanzó más de tres cuadras, que parecieron enormes. Una vez fue a comprar con su hermana aún más pequeña y un hombre trató de besarla a la fuerza. Lloró mucho. Nunca le contó a su mamá.
La niña fue el colegio, luego a la universidad. Trataba de notarse lo menos posible, trataba de parecerse un poco a las mujeres que eran como su mamá.
La niña cumplía años pero apenas crecía, yo creo que se quedó siempre de tu edad. Lo único que le creció fue la rabia y una arruga en la frente; esa que tú tienes y todavía puedes borrar. Se quedó casi ciega, se quebró las pierna derecha. La niña se cortó el pelo. Aprendió a sobrevivir en la ciudad con poco árboles. Por muchos años pensó que no hizo nada importante con su vida. Pero tenía un superpoder: era lesbiana. Y ser lesbiana es tener el superpoder de amar a otras mujeres con alegría y sin vergüenza. Y te lo digo ahora para que no se te olvide: aunque esa palabra no la usen en los cuentos, así también puede ser el amor.












