Abrió los ojos y frente a el se levantaba una penumbra que llevaba a un sentimiento de nostalgia dentro de su corazón, conforme caminaba las sombras de personas alegres y vivas se levantan a sus lados, mientras el camino a su destino esta a penas transitado, no tarda en percatarse que en sus manos lleva una charola con comida, lo que es lo de menos, al fondo vivisa un portal al cual se aproxima lentamente, y al atravesarlo descubre que esta dentro de un comedor, cuya penumbra era aun perceptible, nada que ver con el ambiente que se vivÃa al rededor, el lugar era grande, con diversos mostradores a ambos lados de las paredes, seguro donde las personas compraban sus comidas, mientras, filas de mesas rojas con patas negras se extendÃan a lo largo del salón, eran algo mas sencillo de lo habitual aun asà todas estaban ocupadas, por esas sombras negras que sonreÃan y hablaban entre si, no tarda en percatarse de algo que ya no es una sombra, lo vivisa al fondo y se queda mirándolo fijamente mientras el sigue su camino, de igual manera el devuelve la mirada, detallando una piel blanca y unos labios rojos, tenia una mirada penetrante adornada con unos lentes cuyo color le son indiferentes, su pelo negro y largo cuelga sobre sus hombros tapando parte de un hermoso vestido rojo claro y aun asà su mirada aunque inexpresiva gritaba, al lado de ella habÃa una niña de pelo igual de largo, pero su piel era trigueña tenia la nariz redonda y un tanto respingada, no debÃa pasar de los diez años, bestia una camisa larga con flores amarillas, unos jeans azules y una sandalias, mientras, ella lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja, la cual parecÃa que fuera a salir de su rostro de lo grande que era, al frente de ella habÃa un niño de camisa blanca y pelo parado, el cual volteo también a mirarlo con otra sonrisa igual de grande a la que supone es su hermana, y a su izquierda habÃa un señor de piel trigueña pelo corto y cabeza cuadrada, el cual bestia camisa de rallas blancas con rojo, quien miraba seriamente hacia la meza a lo que supone era un plato de comida, su actitud parecÃa severa; el sigue caminando hasta sobrepasarlos, mientras un sentimiento de dolor crece en su pecho, quizá por lo que pudo haber sido, aun asà como si una fuerza sobrehumana le retorciera el cuello voltea a mirar una vez mas, solo para ver a la niña y a su madre mirarlo fijamente, un nudo se arma en su cuello, y un vacÃo se forma en su pecho, aprisionándolo en un dolor momentáneo, el cual sabe que no tiene sentido, dirige su mirada al frente y sigue su camino, perdiéndose entre la penumbra del lugar.