noise dept.
almost home
d e v o n
Cosmic Funnies
Game of Thrones Daily

tannertan36
styofa doing anything
Monterey Bay Aquarium
Jules of Nature

shark vs the universe
taylor price
One Nice Bug Per Day
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Sweet Seals For You, Always
ojovivo
Today's Document

izzy's playlists!
I'd rather be in outer space 🛸

No title available
art blog(derogatory)

seen from Bangladesh
seen from United Kingdom
seen from Brazil
seen from Ukraine
seen from Israel
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Türkiye
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Hong Kong SAR China
seen from United States
seen from Poland

seen from United States
seen from Brazil
seen from Brazil
seen from United States
@palabraspersonas
Treno, Gloria Gervitz
(Fragmentos)
.
Si crees que puedes causar daño,
entonces cree que lo puedes reparar.
Si crees que puedes herir,
entonces cree que también puedes curar.
Rabí Nachman de Breslau
.
te hablaba a ti
y tú eras yo
y tan oscura el agua
como quien entrega el alma
y no hay quién
y tanto cielo en tu cabeza
y el corazón que no quiere hundirse
hundido
.
todos mis sentimientos son de ti
todas las palabras me conducen hacia ti
soy tuya de ti tuya en ti
(...)
y yo quería llegar a ti
pero tú eras yo
y tan oscura el agua
(...)
estoy en tu silencio
en este tu olvido —que es el mío—
como un sol el cuerpo se arrodilla
y se hunde
estoy ahí en lo quieto
en ese tu fluir quietísimo
en esa tu luz
.
o mother if only i could forgive you
o mother if only you could forgive me
.
el silencio en su semilla
la luz quieta
yo ahí
la luna
más frágil que tu sueño
.
y la palabra
rompe vuélcase
ahí
en su tajo
celda tú en mí
sin mí
.
y ahora ¿qué me vas a decir?
¿qué más me vas a decir?
__
De Migraciones, 2a ed. México, FCE, 2002.
Tornasol, Dolores Castro
.
En medio de las flores
destila sombras esta luz dormida.
Si sólo sombras veo
cúlpese al aire que mueve la llama
a la noche que parece avanzar,
o al tornasol de vuelo
que torna sombra lo que amanece
luz.
Y si no existe todo lo que veo
lo que no veo no deja de existir.
Sí
esta luz en medio de las flores y la noche
que precipita el aleteo gozoso
del vuelo,
y detiene las alas
del colibrí.
__
De Rumiantes. Buenos Aires, Malvario-Albatros, 2006.
Libro del desasosiego / Fernando Pessoa (aka Bernardo Soares)
.
(Fragmentos)
.
2
Tengo que escoger lo que detesto: o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que mi sensibilidad repugna; o la acción, para la que no nací, o el sueño, para el que no ha nacido nadie… Como alguna vez tengo que soñar o actuar, mezclo una cosa con la otra.
*
11
Letanía
Nunca nos realizamos.
Somos dos abismos: un pozo mirando fijamente al cielo.
*
112
Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien. Es un concepto nuestro: es en suma, a nosotros mismos lo que amamos.
Esto es verdad en toda la escala del amor. En el amor sexual buscamos un placer propio que no es dado por intermedio de un cuerpo extraño. En el amor distinto del sexual, buscamos un placer propio que no es dado por intermedio de una idea nuestra. El onanista es abyecto, pero, en rigurosa verdad, el onanista es la perfecta expresión lógica del sentimiento amoroso. (…)
*
188
Pensar es destruir. El propio proceder del pensamiento lo propone al mismo pensamiento, porque pensar es descomponer. Si los hombres supieran meditar en el misterio de la vida, si supieran meditar en el misterio de la vida, si supieran sentir las mil complejidades que espían el alma en cada pormenor de cada acción, no actuarían nunca, ni siquiera vivirían.
*
270
El arte nos libera ilusoriamente de la sordidez de ser. Mientras sentimos los males y las injurias de Hamlet, príncipe de Dinamarca, no sentimos los nuestros —viles por ser nuestros y viles por ser viles.
El amor, el sueño, las drogas y las sustancias intoxicantes, son formas elementales del arte, o mejor, de producir sus mismo efectos. Pero amor, sueño y drogas tienen cada uno de ellos su desilusión. El amor harta o desengaña. Del sueño se despierta, y, mientras se durmió, no se vivió. Las drogas se pagan con la ruina del mismo físico al que sirvieron de estimulante. Pero en el arte no hay desilusión porque la ilusión se presupuso ya desde el principio. Del arte no existe un despertar, porque en él no dormimos, aunque hayamos soñado. En el arte no hay tributo o multa que pagar por haberlo disfrutado.
El placer que el arte nos ofrece, como en cierta manera no es nuestro, no tenemos que pagarlo o arrepentirnos de él.
Por arte se entiende todo lo que nos deleita sin ser nuestro: el rastro de unos pasos, la sonrisa que a alguien regalamos, el ocaso, el poema, el universo objetivo.
Poseer es perder. Sentir sin poseer es guardar, porque es extraerle a una cosa su esencia.
*
271
No es el amor, sino sus alrededores, lo que vale la pena. (…)
__
De El libro del desasosiego. Trad. de Perfecto E. Cuadrado. Barcelona, Acantilado, 2002.
7 poemas de amor / Idea Vilariño
.
El testigo
Yo no te pido nada yo no te acepto nada. Alcanza con que estés en el mundo con que sepas que estoy en el mundo con que seas me seas testigo juez y dios. Si no para qué todo.
.
Lo que siento por ti Lo que siento por ti es tan difícil. No es de rosas abriéndose en el aire, es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda o se quiebra con tantos gestos tuyos o que con tus palabras despedazas y que luego incorporas en un gesto y me invade en las horas amarillas y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso como pobre luz de las estrellas que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo anda tanto que a veces no te llega.
.
Ya no Ya no será ya no no viviremos juntos no criaré a tu hijo no coseré tu ropa no te tendré de noche no te besaré al irme nunca sabrás quién fui por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo nunca ni si era de verdad lo que dijiste que era ni quién fuiste ni qué fui para ti ni cómo hubiera sido vivir juntos querernos esperarnos estar.
Ya no soy más que yo para siempre y tú ya no serás para mí más que tú. Ya no estás en un día futuro no sabré dónde vives con quién ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca como esa noche nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
...
Carta I Como ando por la casa diciéndote querido con fervorosa voz con desesperación de que pobre palabra no alcance a acariciarte a sacrificar algo a dar por ti la vida querido a convocarte a hacer algo por esto por este amor inválido. Y eso es todo querido. Digo querido y veo tus ojos todavía pegados a mis ojos como atados de amor mirándonos mirándonos mientras que nos amábamos mirándome tus ojos tu cara toda tú y era de vida o muerte estar así mirarnos. Y cierro las ventanas diciéndote querido querido y no me importa que estés en otra cosa y que ya no te acuerdes. Yo me estoy detenida en tu mirar aquél en tu mirada aquella en nuestro amor mirándonos y voy enajenada por la casa apagando las luces guardando los vestidos pensando en ti mirándote sin dejar caer anhelándote amándote diciéndote querido. (1952) Carta II Estas lejos y al sur allí no son las cuatro. Recostado en tu silla apoyado en la mesa del café de tu cuarto tirado en una cama la tuya o la de alguien que quisiera borrar -estoy pensando en ti no en quienes buscan a tu lado lo mismo que yo quiero-. Estoy pensando en ti hace una hora tal vez media no sé. Cuando la luz se acabe sabré que son las nueve estiraré la colcha me pondré el traje negro y me pasaré el peine. Iré a cenar es claro. Pero en algún momento me volveré a este cuarto me tiraré en la cama y entonces tu recuerdo qué digo mi deseo de verte que me mires tu presencia de hombre que me falta en la vida se pondrán como ahora te pones en la tarde que ya es la noche a ser la sola única cosa que me importa en el mundo (París, 1954) Carta III Querido no te olvides de que te espero siempre cada noche te espero estoy aquí no duermo no hago nada sino eso te espero te espero. Da la una. Cierro entonces la puerta el amor la esperanza y en la sombra en la noche con los ojos desiertos miro sin ver sin quejas sin pena la pared. Duramente la miro Hasta que viene el sueño (1960)
...
Si muriera esta noche
Si muriera esta noche si pudiera morir si me muriera si este coito feroz interminable peleado y sin clemencia alcanzara su colmo y se aflojara si ahora mismo si ahora entornando los ojos me muriera sintiera que ya está que ya el afán cesó y la luz ya no fuera un haz de espadas y el aire ya no fuera un haz de espadas y el dolor de los otros y el amor y vivir y todo ya no fuera un haz de espadas y acabara conmigo para mí para siempre y que ya no doliera y que ya no doliera.
Poesía en A mayor / Jorge Eduardo Eielson
.
estupendo Amor AmAr el mAr
y vivir sólo de Amor
y mAr
y mirAr siempre el mAr
con Amor
mAgnífico morir
Al pie del mAr de Amor
Al pie del mAr de Amor morir
pero mirAndo siempre el mAr
con Amor
como si morir
fuerA sólo no mirAr
el mAr
o dejAr de AmAr
__
En De materia verbalis, México, Aldus-El Dorado, 2005.
Anillos de ceniza, Alejandra Pizarnik
. A Cristina Campo Son mis voces cantando para que no canten ellos, los amordazados grismente en el alba, los vestidos de pájaro desolado en la lluvia. Hay, en la espera, un rumor a lila rompiéndose. Y hay, cuando viene el día, una partición de sol en pequeños soles negros. Y cuando es de noche, siempre, una tribu de palabras mutiladas busca asilo en mi garganta para que no canten ellos, los funestos, los dueños del silencio.
__
De Poesía completa. Madrid, Lumen, 2001.
Piel y mundo / José Carlos Becerra
.
Tu piel es partidaria del mar, del mar que canta entre las manos del cielo, del mar que sacude sus ramas en la playa para aligerarse de espumas y de adioses.
Tu piel es el mar que transparenta, es el mundo que suena en los labios igual que la lluvia. Tu piel es partidaria de la espuma donde el amor encuentra demolida a la tarde.
Tu piel es lo que se reúne para volar cuando la luna es la piedra de toque del alba y la caricia se oscurece por lo fatal del océano, por la profundidad de las aguas besadas.
Tú eres la que se desnuda para que el verano tenga vientos propicios, la que canta amartillando su corazón como el cielo que piensa la tormenta, y en ti el trópico guarda lluvia y pantanos, panteras que me acechan tras la liana de un gesto.
Eres el ademán de una selva con luna, calor cuyos acordes de brillo me salpican, soltura de una noche que casi dice al viento que la sueñe, que le bese su forma de ángel que no nace.
Y yo he descubierto la espada que tu indolencia emplea, esa mirada súbita que recuerda a los puertos, esa sonrisa que de pronto se oscurece por el peso de un animal poderoso, ese corazón arreglando sus nubes.
¿Qué locura detiene su estribillo de astros en la mirada triste? Sólo tu cuerpo puede iluminar la noche, sangrar por los cuatro costados de la oscuridad que pregunta, sólo tu piel con intención de océano.
Eres la que se tiende en el mediodía silbante del bosque, eres la que empuña los remos del poniente, eres el corazón que devoran los puertos.
Es tu piel donde la noche viene a extender sus mapas, es tu piel donde el mar brilla como unos labios.
__
De El otoño recorre las islas. México, SEP (Letras Mexicanas), 1985.
Explícame, amor / Ingeborg Bachmann
Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
tu corazón tiene que hacer en otra parte,
tu boca asimila lenguas nuevas,
la hierba tembladera menudea por aquí,
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
ciego por los copos levantas el rostro,
ríes y lloras y te hundes en ti,
qué más ha de ocurrirte —
¡Explícame, amor!
El pavo con solemne asombro hace la rueda,
la paloma levanta su collar de plumas,
el aire se dilata repleto de arrullo,
grita el ánade, el país entero
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.
El pez se ruboriza, adelante a la bandada
y se precipita entre grutas al lecho de coral.
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
que brillan alas bajo el caparazón de ella,
y tomaría el camino del fresal lejano!
¡Explícame, amor!
El agua sabe hablar,
la ola toma a la ola de la mano,
en la viña el racimo se hincha, salta, cae.
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!
¡Una piedra sabe conmover a otra!
Explícame amor, lo que no sé explicar:
¿trataré durante este tiempo corto y hostil
únicamente con pensamientos y sólo yo
no conoceré ni haré nada afectuoso?
¿Tiene uno que pensar? ¿No lo echarán de menos?
Dices: otro espíritu cuenta con él...
No me expliques nada. Veo a la salamandra
pasar por todo los fuegos.
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.
.
De Invocación a la Osa Mayor. Trad. Cecilia Dreymüller y Concha García. Madrid, Hiperión, 2001.
Imagen nocturna de Roma / Ingeborg Bachmann
.
Cuando hacia arriba la tabla del columpio
secuestra las siete colinas, también se desliza
abrazado por nuestro peso
hacia el agua sombría,
se sumerge en el légamo del río, hasta que en nuestro regazo
se acumulan los peces.
Cuando es nuestro turno,
nos damos impulso.
Se hunden las colinas,
subimos y compartimos
cada pez con la noche.
Nadie salta.
Es así de seguro que sólo el amor
eleva y uno al otro.
.
De Invocación a la Osa Mayor. Trad. Cecilia Dreymüller y Concha García. Madrid, Hiperión, 2001.
Historia de una mujer llamada la Gris / Pascal Quignard
Cuando Tafa llegó a ser señor de Tahití se casó con una princesa que se llamaba la Gris. Su larguísimo pelo negro se derramaba sobre su cuerpo y llegaba hasta sus pies. se conocieron y se amaron. Cuando Tafa partió, ella murió.
Tafa regresó de viaje. Decidió entrar al mundo de los muertos para volver a estar con ella. Se cortó el cuello. Se dirigió a Tataa, a unas veinte millas de Uporu, el lugar donde las almas se dan cita antes de partir hacia el paraíso. En Paea se enteró de que su mujer ya estaba en el monte Rotui. Se precipitó hacia el monte Rotui, trepó hacia la cima pero también allí constató que su mujer ya había partido. No se amedrentó, volvió a su piragua, pasó por Raiatera, subió al monte Temehani y llegó al lugar donde se bifurcan los senderos. Tafa le preguntó a Tuta, quien custodiaba el acceso a los senderos, si la Gris había pasado por allí. Para su gran sorpresa, Tuta le respondió que no. En opinión de Tuta, ella debía ocultarse entre los arbustos para recobrar fuerzas antes de echarse a volar desde lo alto del acantilado.
Entonces, Tafa también se escondió. Recobró el aliento y esperó. Apenas había retomado el ritmo de su respiración, cuando escuchó que las ramas se movían. Comprendió que era un dios que el hablaba. Entonces se puso de cuclillas, con los ojos alertas, listo para saltar. Y pronto vio la maravillosa silueta de su mujer. Ella corrió hacia el acantilado. Pero antes de que pudiera lanzarse desde la Piedra de Vida, Tafa dio un salto prodigioso en el aire y la agarró de los pelos. Como ella tenía una cabellera muy larga, él pudo hundir sus manos ahí y sostenerla. La Gris se resistía pero su marido la retenía con fuerza tironeándola hacia la Piedra de la Vida. Durante todo ese tiempo, Tuta le explicaba a la Gris que aún no había llegado su hora de abandonar este mundo y le pedía que se diera vuelta. La Gris se dio vuelta y descubrió quién era el hombre que la tenía agarrada de los pelos.
—¡Eres tú, Tafa!, dijo ella.
Después apoyó su cabeza cerca del cuello de su marido y cerró los ojos. Ronroneaba. Se refugiaron entre los arbustos. Revivieron. Como vivían en los confines de ese mundo, se hallaban lejos de toda vida familiar y social. Los dos desbordaban de alegría. Se amaban. Vagaban de la mano por el borde del acantilado en el límite del vacío.
.
__
De Abismos. Trad. Carlos Schilling. Buenos Aires, El cuenco de plata, 2015.
Poema / Marina Tsvietáieva
.
En la frente besar —penas borrar.
Beso la frente.
En los ojos besar —insomnio quitar.
Beso los ojos.
En los labios besar —dar de beber.
Beso los labios.
En la frente besar —la memoria borrar.
beso la frente
(5 de junio de 1917)
.
De Antología poética. Trad. Lola Díaz, versión de Severo Sarduy. Madrid, Hiperión, 1996.
Poema / Marina Tsvietáieva
.
¿Por qué tanta ternura?
Los rizos que acaricio no son nuevos.
Otros labios conozco
más rojos que los tuyos.
Los astros se apagaban o surgían.
—¿Por qué tanta ternura?—
Los ojos se apagaban o surgían.
Y los tuyos muy cerca de los míos.
Cuántas otras canciones
escuchaba en la noche más oscura.
—(¿Por qué tanta ternura?)—
Sobre el henchido pecho del cantor.
¿Por qué tanta ternura?
¿Qué hacer, joven, con ella?
Risueño eres cantor, tú el forastero...
Las pestañas... ¡más largas imposible!
(18 de febrero de 1916)
De Antología poética. Trad. Lola Díaz, versión de Severo Sarduy. Madrid, Hiperión, 1996.