rolearé en inglés y en español porque encontré mi cuenta indie del 2013 y los feels volvieron :’) y como soy muy pajera para tener más de un indie, podrán encontrarme allá o/ saludosssssssssssss
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rolearé en inglés y en español porque encontré mi cuenta indie del 2013 y los feels volvieron :’) y como soy muy pajera para tener más de un indie, podrán encontrarme allá o/ saludosssssssssssss
DON’T GRIEVE,
ANYTHING YOU LOSE COMES
ROUND IN ANOTHER FORM
Millones de cristianos defienden la creación con garras y dientes, luchando contra el evolucionista iluso que se entregó a la teoría de un humano más, un conocedor de límites. Nadie posee la verdad, ningún bando encuentra las explicaciones o el origen principal de la evolución. Los estudios nos jalan hacía la ciencia, mas el creer en algo más grande y poderoso nos lleva directo hasta los brazos de un Dios que tantas veces negamos. Solo sé que somos partículas diminutas en este infinito universo, no sé si exista el cielo o el castigo eterno en manos del infierno, no sé a dónde voy ni de dónde vengo; tú tampoco.
Pero hay una teoría, como muchas, una vida que se pierde para que otra comience, una esquina nueva que nos llevará a recorrer un nuevo mundo que antes desconocíamos, olvidando todo lo que vivimos o el lugar del que venimos.
Una vez escuché que las historias buenas se repiten, y las malas también, que a veces queremos seguir en la tierra y otras nos negamos a hacerlo o que los fantasmas no existen y solo son parte de las malas películas de terror. La verdad es que nada es cierto, la verdad es que estamos atrapados en cuerpos cambiantes, en vidas que se van y vuelven. Estoy en este cuerpo, justo en el tuyo, moviendo mis dedos con rapidez sobre un teclado que con anterioridad no conocía, mas ahora se me hace tan cotidiano y mundano. Estoy mezclando vidas, mis temores son similares y los gustos también, algunos variaron, me gustaría decir que los buenos, pero todas mis vivencias no me entregaron la perfección. Aún no sé a dónde voy ni en qué lugar estaré mañana, solo sé que soy una partícula, una diminuta pero única, destinada a entrar en un cuerpo para terminar en una fila que me asignará uno nuevo. Una nueva oportunidad de vivir, enamorarme, reír y jugar. Un nuevo primer llanto y nuevamente un último respiro.
Roleplay basado en la teoría de la reencarnación y vagamente asociado a la serie de televisión Once Upon a Time, además de la imaginación de la administración. Ambientado en la Universidad de Toronto, Canadá.
MAIN ✚ PLOT ✚ REGLAMENTO ✚ NAVEGACIÓN ✚ BUZÓN
HIATUS.
Lamento mucho esto, de verdad. Mi cambio de casa no ha sido precisamente el mejor y no sé por cuantos meses (sí, meses) no tenga conexión a internet. Es un verdadero grano en el culo tener que llevar la laptop a la uni todos los días y estar desde 8:30 a 19:00 para adelantar trabajos. Ni decir de que tengo que quedarme con mi papá los viernes y sábados (a veces domingos) porque él tiene internet y yo no.
El hiatus se explica por eso y también porque luego de no haber roleado nada, he perdido conexión con la mayoría de mis musas. No estoy muy segura de volver (no, no es joda) y si lo hago, tal vez sea en otro blog, privado, por cierto. Pueden darme unfollow aquí si así lo desean, de todas formas contactaré a mis partners por si quieren seguir nuestros threads en un nuevo blog si me dan los ánimos de hacerme uno de aquí al próximo año (ah, re exagerada). Es todo, adiós.
Por favor, mátenme. He vuelto a no tener internet por tiempo indefinido así que me veo en la obligación de invadir el departamento de una amiga, la casa de mi papá y el wifi de la uni para poder hacer todo (de verdad, mátenme). Estaré guardando todas las cositas e intentaré responder en casa, pero seré más lenta de lo usual porque también tengo muchísimo que hacer para la uni. ¡Perdón!
(*:・゚. pretty kinda of dirty FACE ・゚*.¸☆・゚
“¿Qué diablos haces aquí?” murmuro con voz serena y lenta, su tono discordante con cada palabra recién dicha. Después de todo lo que había sucedido entre ambas, fue difícil digerir la presencia ajena en su propia casa. “Me quieres lejos y [a s í] he respetado tú decisión ¿Ahora qué? ¿Acaso esperas seguir martillandome la cabeza?” { pcnumbrae }
"No.” Mencionó con un leve fruncimiento de labios mientras elevaba su mirada hacia la rubia. Le dolía, sí, pero no era como si pudiese evitarlo. “No sé --- En realidad no sé qué hago aquí, Caitlin.” Comenzó a decir, jugando con sus manos al no saber qué más decir. Sí, le había dicho que la quería lejos, pero no habían sido sus propias palabras sino las de su madre al enterarse de las preferencias de la castaña. “Lo siento, ¿sí?”
( &. dumbass. )
“Destruyes mi autoestima, viejo, la destruyes. Le voy a contar a tu mamá y te vas a arrepentir de esto” Nathan, imitando el semblante del rubio, entornó su mirada y la posó justo sobre él con ímpetu, sus labios comprimidos en una línea fina. Maduro, muy maduro de su parte. El silencio reinó entre la explicación de Jackson y la réplica del castaño, quien se llevó una mano a la boca y se tomó un buen lapso de tiempo para procesarlo. “Tienes un buen punto” musitó, su voz envuelta en una leve ronquera. Un pedacito de su orgullo se derrumbó justo en ese instante, mas no tenía ninguna respuesta perspicaz para cerrarle la boca. “Podrías ayudarme con eso, ya que tienes una facilidad increíble para etiquetar mis habilidades” rodó sus ojos y llevó sus manos hasta sus caderas, sirviéndose gustosamente de su sarcasmo. “El odio es mutuo” articuló con una sonrisa ácida, dirigiendo su mano hacia la zona que Jackson había empujado y conteniendo las carcajadas picando su garganta. “Sí, sí, es hora de almorzar… En Inglaterra. Vamos, todavía no desayuno. Te prepararé unos huevos o lo que quieras para que dejes de joder. Ah, y para que luego no digas que soy una porquería de amigo” parloteó mientras abandonaba la habitación.
Si había algo que Nathan tenía a su favor, era el hecho de que la mamá del rubio adoraba a su jodido amigo desde tiempos inmemorables. Cuando pequeños, Jackson siempre había lucido por lo menos cinco años menor de lo que tenía y era cruelmente molestado por los muchachos mayores, sin embargo, el castaño siempre estaba allí para apoyarlo. En otras palabras, fue el hermano mayor que nunca tuvo y la señora Lancaster lo sabía. “Siempre puedo decirle a mi mamá que mientes. Me haces daño y luego te arrepientes.” Dijo con seriedad, sabiendo que estaba citando la letra de una canción romántica del pop latino que tanto gustaba a una de sus hermanas mayores. “No hay problema, hay cosas en mi currículum que están inventadas.” Se encogió de hombros con una sonrisa burlona en su rostro. “Lo he sabido durante más de una década, estimado. El odio seguirá hasta que seamos ancianos y recordaré este episodio de la escoba durante tu funeral.” Acotó naturalmente, avanzando hasta la cocina para abrir la nevera, sin realmente saber lo que quería. “Nunca he dicho que eres una porquería de amigo.” Mencionó como si se sintiera ofendido. Jackson estaba completamente agradecido de Nathan por ser su amigo, de eso no había duda. “Eres un buen amigo, que seas un desastre humano es otra cosa. No mezclo las cosas, eh. Y se me antoja pizza para el desayuno, ¿queda de ayer?” Preguntó sin muchas ganas, sacando una caja de zumo de naranjas.
( &. dylan. )
“Uhm, tal vez” limitó su respuesta y encogió uno de sus hombros, una sonrisa relajada y ligeramente fanfarrona tirando de sus comisuras. Frente a lo siguiente, simplemente no supo que agregar de productivo a la conversación, porque su lengua se tornó pesada de un segundo a otro, entorpeciendo su habilidad del habla. En su lugar, asintió lentamente y frotó su cuello en un movimiento perezoso, ciertamente agradecido por la clase de apoyo brindado por la castaña. “¡Lo sé! Para eso, mejor tomar un maíz cocido y bañarlo en mantequilla. Las palomitas no son para eso” planteó su punto con un repentino entusiasmo, arqueando sus cejas sorprendido de haber encontrado alguien que pensara exactamente lo mismo. Luego de esa breve interacción, Dylan esperó pacientemente a que su turno en la taquilla llegase, mas al no estar tan concurrido como pensó, solo estuvo unos minutos allí y, en cuestión de un suspiro, partió a reunirse con Faith con los boletos guardados en el bolsillo de sus jeans. Intentar reconocerla entre las personas atestando esa zona le tomó un poco de trabajo, y se vio en la obligación de chequear rostro por rostro hasta que por fin se topó con uno muy familiar. Estaba dando, realmente, el aspecto de un cachorrito perdido y en búsqueda de su dueño. “Estoy de vuelta” musitó cerca de ella, sonriente y con un tono juguetón acompañándolo.
Comenzaba a tardarse más de lo esperado y en honor a la verdad, Faith no era una persona lo suficientemente paciente. No lo había sido nunca y esta no sería la excepción a la regla. Mordió su labio inferior con insistencia mientras sus ojos escaneaban los posters de los próximos estrenos. Se preguntó a cuántos de esos iría con su hermana melliza y a cuántos iría sola puesto que Alina se decidiría por otros planes, como solía suceder. Y es que en realidad, las hermanas Montgomery eran bastantes diferentes entre ellas y tal vez por eso no tenían demasiados problemas a diferencia de otros hermanos. Estuvo a punto de llegar al mesón de la confitería cuando oyó una voz masculina en su dirección. Se le hizo imposible no sonreír al observarlo, ¿quién lo diría? Nunca en la vida se hubiese imaginado estar en una situación así, tan espontánea y diferente a todas las anteriores. Una parte de ella le decía que tal vez corría un riesgo, no lo conocía y podía ser cualquier persona. Sin embargo, iba ganando la parte de su cuerpo que parecía querer dejarse llevar y no hacer demasiadas preguntas. “¿No te preguntaron cuántos años tenías?” Inquirió con un semblante burlón al avanzar por fin al mesón. “Uh, una promoción para dos personas, por favor.” Pidió al empleado mientras volvía a dirigir su mirada al muchacho. Fue solamente por un segundo. “La mía que sea una Coca-Cola sin hielo y --- ¿Qué bebida quieres?” Preguntó, abriendo su pequeña cartera para sacar de allí su billetera.
( &. nathaniel. )
El tiempo se escapaba de sus manos como si de agua se tratase, siguiendo un suave recorrido entre sus dedos hasta perderse en la oscuridad eterna. Muchas veces pensó en que la vida era una sola y había que disfrutarla a su manera, acariciando cada momento sin aferrarse, entendiéndolo como uno más en la fila de acontecimientos que le seguirían. Sin embargo, a ella no podía soltarla, primero atravesaría el bosque de espinas antes de alejarla o aceptar una partida que se negaba a contemplar. Cada momento, paso y pensamiento lo conducía a aquellas blancas paredes, presentes inclusive cuando su ausencia reinaba. El constante recuerdo podría ser considerado una desventaja, una debilidad y peligro inminente, pero a él le gustaba. Se había transformado poco a poco en un amante de la vulnerabilidad y de la necesidad que lo empujaba nuevamente hacía la fémina, ignorando las circunstancias que reinaban entre ambos y la tragedia que gritaba su inevitable llegada. La terquedad aparecía en las oscuras profundidades y la esperanza coloreaba su agotado semblante. Nathaniel podía ser dueño de falsas ilusiones y estudios que lo ayudaban a salir de su hogar cada vez que el sol rozaba el horizonte durante su ascenso, podía inventarse historias con un final feliz y otras teñidas con la cruda realidad, empero las primeras seguían su camino mientras las últimas eran desechadas con la misma rapidez con la que fueron pensadas. Se había acostumbrado a vivir en una mentira, un cuento de hadas disfrazado de realidad y a suprimir cada comentario que intentaba bajarlo de una nube repleta de vacíos. Sabía que en cualquier momento todo aquello que construyó en el aire se iba a derrumbar, pero estaba demasiado ocupado ignorando todo lo que iba contra el ameno escenario que tenía ante sus ojos como para darle demasiadas vueltas; más cuando los resecos labios ajenos formaban una sonrisa cada vez que cruzaba la puerta, al igual que los suyos. Sí, aquella muchacha era la dueña de su felicidad y buenos momentos, así como también había colonizado sus constantes reflexiones. Y sí, la quería, no sabía de qué forma, pero sabía que lo hacía y que nunca dejaría de hacerlo, así como tenía claro que nunca encontraría a nadie como ella y tampoco deseaba hacerlo.
La mueca que apareció en su rostro fue inevitable, después de todo, la ironía era clara a la hora de admitir que los medicamentos productores de somnolencia nunca habían sido de su gusto, al igual que muchos más que figuraban en su lista de fármacos. “No creo que sean necesarias, sólo debo ordenarme un poco o acostumbrarme a mi actividad nocturna.” Se encogió de hombros con una permanente sonrisa en su rostro, justo esa que dejó dibujarse apenas la vio despierta desde el umbral de la puerta. Mantuvo sus labios apretados al notar la expresión que iba apoderándose de las facciones ajenas, viéndose por fin como una niña y no como un cuerpo más tripulante del barco de Creonte. “No se vale poner excusas para ganar, aviso.” La apuntó con su dedo, manteniendo los labios apretados para ahogar una emergente carcajada, la cual terminó de tragar justo cuando la curiosidad apareció en el escenario ante la idea de la norteamericana ¿Más bromas? La verdad es que la imaginación del universitario tenía grandes limitaciones, producidos por la pereza y una moral inculcada desde su infancia. “¿Cómo?” El interés bailó en sus palabras, uno deseoso de conocer nuevas formas o ideas que podían estar rondando por la cansada mente de la fémina; no obstante, el temor comenzó a abrazar su corazón, el fisgonear en la mente de un enfermo nunca había sido una de sus actividades preferidas, así como el reconocer que aquella muchacha formaba parte de aquel grupo y que las paredes que los rodeaban eran de un centro médico.
“¿Y?” Alzó una ceja con arrogancia, más fingida que verdadera, acentuando la arrogancia de su expresión con el cambio consciente de su sonrisa; transformándola en una torcida y presuntuosa. “Es como entrenar para luchar con un dragón, puedes dominar todas las técnicas, pero existen los nervios y las sorpresas.” Canturreó, atrapando entre sus dedos el mazo de cartas que descansaba sobre la mesa de noche. Conocía el juego de memoria, por lo que la confianza era parte de él cada vez que las cartas eran arrojadas sobre la blanca superficie. Partió el mazo, dejando una mitad sobre la cama y movió las cartas sin alejar su atención de la fémina. Oyó el primer tosido, mas no se volteó a verla, manteniéndose en su inmutable pose pero viéndola de reojo, sólo para no perturbarla no por despreocupación. Sin embargo, la desesperación se apoderó de sus sentidos al ver el mar rojizo que se escapaba por sus fosas nasales, cambiando de posición sin pensarlo siquiera dos veces.
Las cartas habían caído, no tenía idea dónde ni si podría encontrarlas todas, pero poco y nada le importaba. Ahora mismo estaba demasiado ocupado en tapar la realidad y buscar la esperanza en un escenario donde la enfermedad volvía a asomarse, recordándole que todo lo que pasaba por su cabeza era tan frágil como ella, deseando serlo él también. Su cuerpo había abandonado la cama, ahora mismo su mano presionaba repetidas veces el botón que llamaría a la enfermería y su mirada no podía alejarse de la norteamericana; como si fuese la últimas vez que la vería. Y aquí era cuando su propia arrogancia chocaba con su nariz, había bloqueado todos los libros leídos sobre los fármacos suministrados y la enfermedad que la azotaba, el estudio que lo mantenía despierto hasta altas horas de la noche ante la necesidad de salvarla, todo se había borrado como si alguien hubiera pasado un paño con alcohol sobre la pizarra de cristal. “Chloe, yo…” Quiso disculparse por no ser suficiente, por no poder ayudarla y por haberse transformado en un cobarde más, por no poder enfrentar el dragón que quería terminar con su vida y sentir sus manos temblorosas. Pero no pudo, su voz amenazaba con quebrarse antes de terminar la frase y la enfermera lo interrumpió mucho antes de seguir pensando en algún escenario positivo. El cual se borró apenas rogaron su ausencia y sus pies obedecieron sin encontrar una posibilidad, volviéndose así en un prisionero más de la frustración. Sus manos temblaban, sus ojos ardían y su corazón se había encogido; la furia contra sí mismo se hizo presente, así como aquel golpe sordo que su mano soltó contra la pared más cercana. Y ahí se dio cuenta, él la quería. La quería como nunca iba a querer a nadie, en todas las maneras existentes, y la necesitaba cada maldito segundo, porque un mundo sin ella no era uno en el que quisiera estar.
Cada fecha a su lado había sido especial desde el cumpleaños más importantes hasta la más banal de las celebraciones, evidentemente la navidad no era una excepción y mucho menos el poner cada adorno brillante en las verdosas extremidades del árbol. Estiró su brazo para acomodar una de las bolas en su lugar, sabiendo que al soltarla se estrellaría contra el suelo y que el romperla no sería uno de sus máximas pesadillas, más bien lo sería la norteamericana dueña de cada suspiro. “Listo, ahora sólo nos falta la estrella, creo.” La duda apareció en sus palabras, llevaban tanto tiempo decorando que por un momento juró haber dejado de sentir sus brazos, pero tan rápido como la muerte de ellos cruzó su cabeza, volvieron en sí. Desvió su mirada del emblema navideño y la posó en la castaña de oscuros orbes, pasando la lengua entre sus labios justo cuando el evidente desenlace de la situación aparecía en su cabeza. “Yo la pondría, pero no quiero quitarte el privilegio, así que te invito a subirte al piso y a estirar esos hermosos bracitos que la genética y la pereza te regalaron.” Bromeó, pasando su brazo por detrás de su espalda, buscando con su tacto su cintura sólo ante el deseo de volver a tenerla contra su cuerpo. ( pcnumbrae
Desde tiempos inmemorables, su familia había inculcado en ella el significado de la religión. Sin embargo la castaña no era una practicante, es más, contaba con los dedos de una sola manos las veces que había asistido a misa en los últimos tres años. De todas maneras, su madre tenía la manía de armar el pesebre durante todas las Navidades y esta vez no sería aquella excepción a la regla. Lanzando un pequeño suspiro, acomodó aquellas figurillas de greda pintada para que pudiesen recrear el nacimiento del niño Jesús. Cuando creyó que todo estaba bien, frunció el ceño al percatarse que la figurilla más importante del escenario yacía perdida, o eso fue lo que imaginó en primeras instancias. Su respirar se aceleró y sus pensamientos se vieron opacados rápidamente por la voz masculina que llegó rápidamente a sus oídos. La muchacha se levantó del suelo y dio un par de pasos en su dirección, no sin antes agarrar la estrella que colocaban en lo más alto del árbol de navidad. Dejó que su cuerpo se relajara contra el ajeno, enterrando su rostro en el espacio comprendido entre el cuello y el hombro de Noah. “¿Podrías hacerlo tú esta vez?” Preguntó con un tinte de pereza en su voz. “Creo que he perdido al bebé y mamá va a asesinarme con sus propias manos.” Sus palabras escaparon de sus labios con rapidez y se arrepintió casi de inmediato. Se enderezó y arrugó la nariz al observar al joven. “Digo, he perdido al niño Jesús del pesebre, ¿sí? No es que vaya a tener un bebé, por favor.”
( &. rodrigo. )
“Ehm, no, solo un pobre desgraciado que llega rendido y arrastrándose al catre como un pordiosero después de 38492048303 horas de explotación laboral. Ah, yo lo sé. Te olvidaste las gafas de cerca en casa. Pobre tú.” remontó en un tono que a pesar de no perder la pizca latente de diversión sí sonaba algo fastidiado. A veces Rodrigo tenía ganas de encerrarse en una habitación durante horas y horas y horas (incluso años) para empollar todo el material que desagradeció en sus tiempos de enseñanza. Pero, eh, a lo hecho pecho. “Es que tú eres una chica, sí, pero de otra galaxia. Por eso la vibración de mi voz no te causa ningún frenesí.” aclaró en un tono igualado al de un científico chalado. “Chloe. He conocido a muchas personas en mi vida, puedo asegurártelo… pero, chica, no sé cómo lo harás que consigues patearlas a todas en un microsegundo. Eres demasié. Ya, ya. Ten la decencia de traerla contigo otro día, bonita.” rodó sus orbes achocolatadas de la misma forma que dirigía una mirada cansada a su reloj de muñeca. “Casi las tres. Bah. Ya llegamos, no seas impaciente, chiquita.”
“Ja, ja, ja.” Rió falsamente, colocando sus ojos en blanco ante las palabras del moreno. Sí, a veces usaba gafas para leer pero eran únicamente en caso de que su vista se cansara más de lo usual ya que no tenía problemas de visión. O al menos, no creía tenerlos. “Lo soy.” Su semblante se volvió un poco más animoso que antes y dirigió su mirada hacia él mientras manejaba. Se veía tranquilo, incluso entretenido con toda la situación. “Tendrás que mejorar tus técnicas, entonces. Tal vez yo no soy el problema, tal vez lo eres tú.” Se encogió de hombros con cierto tono desafiante en su voz. No quería molestarlo al punto de que se enojase con ella, no, simplemente quería jugar un rato. No había nada de malo con ello, ¿o sí? “¿Qué quieres decir con eso?” Frunció el ceño ligeramente, mordiendo el interior de su mejilla. Había veces como aquellas en donde le costaba comprender al muchacho, y claramente esta no era una excepción. “Lo haré, señor. No me rete, ¿quiere?” Le siguió el juego, colocando un mechón de cabello detrás de su oreja ya que había comenzado a entorpecer su visión debido al viento del exterior del vehículo que se había colado por su ventana a medio abrir.
( &. alina. )
“Exacto, nuestras notas son las mejores de la clase” respaldó las palabras de su hermana, mordiendo de nuevo su panecillo y observando fijamente a su madre, con una sonrisa un poco manchada con chocolate y completamente destinada a convencer a su madre, la cual soltó un suspiro y observó a su marido de costado, el cual encogió los hombros “Faith y yo necesitamos zapatos nuevos” añadió observando a su padre, quién a final de cuentas asintió “Nos vendría bien salir un poco de casa, cariño” murmuró hacia su esposa y entonces, una sonrisa victoriosa apareció en el semblante de la morena, quien se acercó a su hermana y la tomó por el brazo, susurrando “Somos un buen equipo”
Tragando por fin el bocado que se había llevado a la boca, desvió sus ojos a su hermana, luego a su madre y al final a su padre con una sonrisa encantadora en sus labios. “Ah, y yo necesito una chaqueta de jeans porque Alina siempre quiere robarme la mía. Necesito una de repuesto.” Se encogió de hombros, mordiendo el interior de su mejilla para no dejar escapar una pequeña carcajada. Cuando sus padres accedieron, la castaña arrugó la nariz y sonrió. “Lo somos.” Le susurró de vuelta, observando a sus progenitores luego. “¿Nos vamos ya? Son más de las once y media.” Aseguró al observar el reloj color café que decoraba con gracia una de sus muñecas. Se acercó nuevamente a Alina y susurró en su oído. “Hey, sis, tengo que contarte algo que sucedió el otro día. Pero después de misa, ¿vale?”
( &. terry. )
“Yo salía con el idiota número uno un par de meses atrás, pero lo dejamos, después comencé a salir con idiota número dos y hoy me entero que son hermanos… de esos con serios problemas” rodó los ojos, molesta, frustrada y sí, un poco ebria “No sé como estén las cosas y sinceramente no puedo verlos, pero… mi celular es como mi vida, ¿Entiendes?” alzó una ceja mientras observaba al chico frente a ella, soltó un suspiro y se recargó sobre la pared “Lo que necesito es dejar de ser tan zorra, eso es lo que necesito”
Escuchó la historia de la muchacha con un semblante impenetrable. La situación que la embriagaba parecía haber sido sacada de una de esas novelas latinoamericanas que su madre gustaba ver durante las tardes en días de semana. “Todos los teléfonos celulares son nuestra vida.” Siguió con aquel tono de voz despreocupado, incluso distante. “¿Zorra? No creo que sea el caso. Tal vez necesites lentes, es casi imposible que no hayas encontrado al menos una similitud entre ambos hermanos, ¿sabes?”
( &. channing. )
“Claro que lo sabías” dijo con una sonrisa escéptica, sin embargo sus facciones se contrajeron en una mueca de desagrado “Eso fue demasiado gráfico, la imagen mental probablemente jamás se borre de mi memoria; gracias por compartir” agradeció al cielo el hecho de que había puesto el tenedor a un lado segundos antes de que él decidiera describir algo tan mórbido. Desvió la mirada a las cortinas nuevas “¿Alguna vez te he dicho que dramatizas demasiado? Toby, estás vivo… fue sólo tela quemada… y logramos extinguirlo antes de que llegaran los bomberos; no fue para tanto”
“Por supuesto.” Siguió con sus falacias, en negación absoluta de la remota posibilidad de dar su brazo a torcer. No había manera de que hiciera algo similar, de aquello no había duda. “¿Y yo soy el dramático?” Preguntó con una sonrisa burlona decorando sus facciones, negando con su cabeza con cuidado. “Bueno, si estamos vivos es únicamente gracias a un milagro del señor Jesucristo.” La apuntó con su dedo índice. “Conviértete, pecadora.” Lanzó una pequeña carcajada mientras jugaba con su tenedor durante unos segundos. “Fue suerte, veamos cómo saldremos cuando se te ocurra inundar el apartamento.” Pausa. “Comparé un bote inflable por E-bay.”
( &. eleventh. )
Se cruzó de brazos y balanceo su peso entre sus talones y punta de los pies por alrededor de quince segundos y después le siguió de camino a la cocina. “O algo” respondió carismático, se sentía alegre de ver a su compañera de viajes y le resultaba graciosa y asombrosa (como siempre) la conducta humano en todo su esplendor alrededor de las dos de la madrugada. No contestó sus preguntas y más bien se quedó pensando en una respuesta lo suficientemente convincente para que la pelirroja dejara su hogar en plena noche y concluyó que cualquier cosa que le dijera sería buena. “Nada importante… tu sabes” dijo como quitándole interés al asunto “solo un cuásar dando origen a una protogalaxia, millones de años para que se confabule la materia y por fin exista vida… lo usual”. Pero aún así no pudo mantener su excitación oculta por tanto tiempo.
Mantuvo la mirada en la taza de café ya preparada para luego dejar que sus ojos avellanados se enfocasen en su compañero de aventuras. “Pues, tengo natilla…” Comenzó a decir al abrir la parte superior de la nevera donde mantenía los alimentos congelados. Sin decir una palabra, extrajo de allí dedos de pescado y posicionó la caja sobre la encimera de la cocina, empujándola levemente en su dirección con un semblante impenetrable. “No lo sé, ¿tienes tiempo para natilla y pescado?” Se aventuró a preguntar, no pudiendo ocultar una pequeña sonrisa que había comenzado a aparecer desde las comisuras de sus labios. “Oh, lo usual, claro.” Quiso hacerse la interesante pero falló miserablemente. La pelirroja podía ser bastante transparente en ocasiones y esta vez no sería la excepción a aquella regla. “Y bueno, si no tienes a nadie que te pudiese acompañar, no lo sé, yo me apunto.”
pcnumbrae