Me odio. Me odio tanto que termino odiando todo de mí, incluso aquello que se supone que tendría que amar. Hay dias, hay momentos, hay meses enteros en los que el único mantra que mi cabeza sabe repetir es ese: te odio. Me odio por no alcanzar la perfección, por no ser lo inteligente, lo capaz, lo flaca o lo linda que se supone que debería ser. Odio todo de mí. Me odio porque por más que intente, intente e intente, jamás voy a poder ser suficiente para mí misma.















