Diario de Perséfone - Secuestro y Amor V
*El ruedo del vestido se desprendia de sus piernas con total liviandad y dejaban ver la blancura su piel; finalmente Hades habia concedido a su capricho y la musica resonaba ahora, en el siempre silencioso castillo del Averno. Las siervas danzaban con ella, intentaban inutilmente copiar la espontanea jovialidad con la cual la Diosa cambiaba de paso sin seguir ninguna danza conocida, bailando y saltando con el unico motivo de disfrutar del momento.
Hades estaba alli, y ella ya lo presentia, pero él no dejaba verse. Eran certeras las silenciosas sospechas de la joven, el Rey apoyado contra una columna y haciendo uso de su famoso casco, se maravillaba por los movimientos de la doncella. Una sonrisa que jamas nadie veria en su rostro se afianzaba con verdadero gozo. Pues ella reia entre vuelta y vuelta, ella estaba feliz.... feliz en su reino. Los dias posteriores a la "discusion" transcurrida en la recamara principal, fueron silenciosos y hasta crueles por parte de Perséfone. Ella se mostró totalmente indiferente ante la presencia del Rey, como si no estuviese alli realmente, como si su cuerpo fuese un envase y su alma hubiera desaparecido; aquello alarmo a Hades, las siervas tampoco tenian ningun indicio, tambien ellas habian recibido silencio por parte de la Diosa.
No fue sino hasta aquel dia que Hades recordó el pedido de la joven, inmediatamente envió a sus espectros a conseguir musicos, tarea bastante sencilla, los soldados encontraron entre algunos adoradores de su Señor hombres que cumplieran con aquel requisito. Aquellos ahora "felizmente" hacian sonar sus instrumentos para el disfrute de la joven Reina, por supuesto que ahora aquellos hombres estaban atados al Averno, y al capricho de la Diosa, vida eterna sobre el suelo estéril para complacer a la doncella de la flores.
Perséfone habia caido en una singular depresión, por un lado ella suponía que Hades se desharia de ella, si ella, le ofrecia su cuerpo por propia voluntar, eso le causaba angustia... él la enviaria de regreso, como si fuese una cosa usada e innecesaria, él ni siquiera escondía que las ninfas le brindaban sus cuidados... darse cuenta de que no era suficiente su sola presencia la devastaba, sabia que no era inteligente, ni particularmente hermosa, no posia gracia en las artes ni en las danzas... solo alzaba flores a su antojo... ella sabia que no era mas que un capricho momentaneo para el Dios, aquello lograba hacerla sentir miserable... por otra parte deseaba volver a su hogar, al calor de los brazos de su madre, del sol, al murmullo del viento y el aroma de sus propias flores. El silencio fue su aliado nuevamente, y guardo del mismo hasta con las propias siervas. Hubiera continuado de aquella manera de no ser porque Anneé entró sonriente y anunció la llegada de los músicos.
La melodía finalizo y la Diosa hizo un ademán para que todo se mantuviera en silencio... observó detenidamente a su alrededor y posó su mirada sobre una columna dio un respingo y giro sobre sus talones.* - ven a danzar conmigo.... *indicó en tono suave, pero con un dejo de autoridad; Hades se hizo presente delante de ella, con una media sonrisa en su rostro y el casco en su diestra, sus orbes celestinas fijamente sobre las esmeraldas de la joven... ahora su mirada era vivaz... tan vivaz como antes, los musicos habian sido todo un acierto... se recrimino a si mismo por no haberlos enviado antes.* - yo no danzo... *comentó en el mismo tono monotono de siempre aunque aun se vislumbraba aquella sonrisa en su semblante. El casco desaparió de su mano, y la siniestra rodeo la cintura de la joven*
- ¿Cómo lo hicistes? ¿Cómo fue posible que intuyeras mi ubicación?... *consulto susurrante y sumamente intrigado, ni siquiera Cronos pudo percatarse de él durante la guerra... ni siquiera Cronos! y ella... ella si podia... aunque él estaba apoyado en la columna contigua y no sobre la cual ella habia posado sus ojos... aun asi... cerca... muy cerca... casi precisa.*
- puedo sentir tu mirada... *murmuró la joven y despues de confesar aquello contuvo la respiración. Hades frunció ligeramente el ceño y se denoto su asombro ante las palabras de la doncella.* - te incomoda mi mirada? *consulto el Rey, y el silencio se hizo presente entre ambos, los siervos y siervas y mas aun los musicos se mantenian con sus cabezas bajas, en completa postura de sumision y respeto aguardando por las órdenes de alguno de los Dioses.* - casi tanto como la falta de ella... * Perséfone mostró una sonrisa complice... y alzo levemente las cejas, no atino a apartar la mano que sostenia su cintura y tampoco a empujar el cuerpo de Hades que era a cada instante mas y mas cercano al de ella.*
- hoy hueles a rosas... *comento el Dios intuyendo que aquello era muy peligroso para él, pues las rosas tenian espinas y Perséfone era venenosa si lo deseaba, su furia seria temible cuando ella finalmente madurara; alzo su mano libre y luego ordeno "musica! algo suave... mi Reina es delicada"... y los sonidos parecian desprenderse de los instrumentos por el deseo del Dios y no por la habilidad de los hombres. Ella no pronunció queja alguna por ser llamada de aquella forma, al contrario sonrió suavemente con una mezcla de pura ingenuidad y marcada seduccion, algo que segun pensaba Hades solo Perséfone podia lograr...
"Mi Reina"... por cuanto durara todo aquel capricho, aquel montaje de obsequios y halagos, ella seria su Reina, asi lo habia decidido, tal vez ella nunca fuese su esposa, tal vez él se aburriera antes de que aquello ocurriese, o encontrara en los brazos de alguna ninfa lo que deseaba, la Diosa se mordió suavemente el labio inferior al pensar en aquello, entrecerró los ojos y aparto aquel pensamiento. No le resulto sorpresivo que Hades fuese un cauto y gentil compañero de baile... su porte era majestuoso, no por nada era un Rey, instruido en todas las artes, lleno de virtudes... incontables e impensables para su joven mente. La doncella poso su mano en el hombro izquierdo del Dios, ya que él la sujetaba con su siniestra de la cintura, con la diestra la Diosa tomo el largo del ruedo de su vestido, y se pudieron observar sus piernas de la rodilla para abajo.
Transcurrieron horas completas de danza sin detenerse ni por un instante... ni siquiera los consejeros del Rey se atrevieron a interumpir las danzas que una tras otras envolvian a las Deidades; los musicos no denotaban cansancio y las siervas timidamente alzaban sus miradas y espiaban a la pareja. Hades mostraba una mirada mas suave y hasta relajada... el Dios sonreia en ocaciones, no era una sonrisa tan amplia como las que ocultaba deliberadamente, era una sonrisa que aparecia mesuradamente ante las carcajadas de Perséfone, una que ella parecia provocar y disfrutar. Ella se empesinaba en marcar el paso... en decidir cómo y cuándo girar a su alrededor, cuando acercarse, y cuando alejarse... la joven delicadamente rozaba con el torso de su mano derecha la mejilla o el cuello del Dios. Hades mostraba ciertos signos de goce ante el tacto de la joven, contenia la respiracion o dejaba escapar un practicamente imperceptible suspiro, y Perséfone se reia una vez mas; la Diosa podia ser perversar si lo desea... lo era con él.
Hades estaba convencido de que ella disfrutaba al hacer aquello, que a cada encuentro que se concretaba entre ambos, Perséfone descubria como tortularlo con leves y suaves gestos. A veces lo hacia a traves del silencio, en otras ocaciones le recriminaba... lloraba copiosamente, o usaba atuendos que realzaban su belleza, belleza que le estaba prohibida... sacudia con sus graciales movimientos su violenta cabellera rojiza y desprendia de la misma aromas unicos que lograban enloquecerlo. Definitivamente Pérsefone era perversa... y sobre todo manipuladora. Si ella estuviese conciente del poder que podia ejercer sobre él... Hades sabia que estaria perdido... que todo cuanto él representaba estaria destruido, pues seria su esclavo y no renegaria de ello, él seria capaz de complacer cuanto capricho se pronunciara en los labios de la joven... habia veces en que la odiaba... la odiaba ahora, si ahora mismo! ahora que la tenia danzando entre sus brazos... ahora que era su Reina, pero no su esposa... si fuera mas fuerte de espiritu la hubiese sujetado por el cuello y acabado con su propia miseria en ese mismo momento, que facil seria apretar su delicioso cuello hasta que ya no quedase vida en ella... pero no podia, una vida eterna torturado por su prohibida figura era mas soportable que una vida eterna sin ella, eso ya habia sido decidido... ella debia vivir... y vivir a su lado... ella debia amarlo... ella lo amaria. No soportaba su crueldad. Porque en el fondo ella debia saberlo, debia saber el poder que tenia.*
- hoy has sido realmente generoso conmigo... *indico Persefone mientras se detenia, la musica continuaba sonando como un murmullo y las palabras de la joven quedaron suspendidas en el aire; ella se alzo en la punta de sus pies y se abalanzo contra el Dios, poso sus manos sobre el torso del Rey y entecerró sus ojos mientras sus labios dejaban un beso sobre la comisura derecha de los labios contrarios* - esto es mas valioso que ciento de coronas y vestidos... tu tiempo es mas valioso que el resto de tus obsequios... *la voz de Perséfone era jovial y cantariana, pero un dejo de cansancio se manifestaba en su tono... Hades estaba algo anonadado... un cambio tan radical, aunque su semblante se mostraba estoico e intransigente como siempre... ¿Dónde estaba la jovencita que lloraba por su madre y pedia a gritos regresar a su hogar? Hades sospecho que ella estaba tramando algo... pero la dulzura de sus labios al dejar aquel beso lo obligaban a dejar de lado cualquier pensamiento, cualquier razocinio u estrategia.* - comprendo... *murmuro el Dios y con un rapido y sutil movimiento tomo a la joven entre sus brazos para luego encaminarse hasta la recamara de ella; la musica continuo sonando aun cuando ellos ya no estaban en el salon del Trono. Hades deposito con su usual delicadeza a Perséfone en la cama, y se sentó en el borde junto a ella, acomodando con suaves caricias la rojiza cabellera; esta vez no habia esperado a que ella se abrazara al sueño para hacer aquello que le gustaba tanto... observarla... contemplarla con absoluta devocion, como si nada mas existiera. Perséfone guardo silencio, estaba cansada. Pronto se entrego al descanso, al despertar él ya no estaba, su cama estaba cubierta de pétalos de rosas, eran frescos aun persistia su aroma... la joven sonrio y ordenó que su baño fuese preparado... acaricio su cabello alli donde Hades habia posado sus caricias y sonrio con notoriedad*