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Moodboard Meme.
Envíame un ♕ para un moodboard sobre la relación de nuestros personajes.
Envíame un ✌ + una emoción y haré un moodboard sobre mi personaje en ese estado.
Envíame un ♣ + un nombre y haré un moodboard sobre la relación de mi personaje con él/ella.
Envíame un ❃ para un moodboard sobre mi personaje y su familia.
Envíame un ☾ para un moodboard sobre tu personaje desde el punto de vista de mi personaje.
Envíame un ☮ + un nombre para un moodboard sobre ese personaje desde el punto de vista de mi personaje.
Envíame un ∞ + una situación para un moodboard sobre cuál sería la reacción de mi personaje.
Envíame un ♔+ un moodboard a tu elección.
“¿Me estás diciendo que Siri en realidad es una persona de mayor edad encerrada contra su voluntad adentro de una maquina?—Bromeo. Es sólo que… ¿sabes? a veces es insoportable y mi Siri parece que además de todo lo que haz dicho padece de hespamos continuos, es decir, le hago una pregunta y ella responde: ho-la…. e-s p-p-por a-a-a-quí….s-se-ñor. De verdad quiero a esa cosa lejos de ser mi guía. Y sí. Eso es cierto, cuando alguien conoce el lugar a fondo puede mostrarte sus sitios secretos o peculiares, sin embargo ¿estás segura que puedes confiar en mi como confías en Siri? Porque yo no tendría problema en acompañarte, pero necesito saber que tú puedes darme la mano sin peros.”
"En realidad no dije nada de eso, o al menos mi intención no fue decirlo, ya verás que me enredo fácilmente con las palabras... pero sí, digamos que es una abuelita la que controla a Siri, una abuelita que tiene en riesgo la mitad de sus sentidos. Quizá eso sea porque no tienes un buen 3G, ¿no lo has pensado? A mi me anda mejor cuando tengo una conexión WiFi cera... supongo que es algo que Apple deberá mejorar en sus productos. ¿Por qué no lo haría? Es decir, cualquier persona se merece aunque sea un voto de confianza, menos si eres un asesino o violador, de ser así... mejor lejos ---Bromeó. “¿Darte la mano de manera metafórica o...? Porque ya puedo vernos en primera plana de todas las revistas amarillistas ---.
things i don’t own enough of • lingerie • candles • make up • other useless things that will get me nowhere in life but I want them
Bueno…ha pasado muy rápido pero…-antes de contestar reflexionó durante un breve momento, no podía acusar al azar- no le he visto bien pero era un chico, puede que de primer año, moreno -eso es todo lo que sabía, a fin de cuentas no se había fijado mucho en él- no le des muchas vueltas, solo es un graciosillo.
La descripción era bastante vaga, sí, pero podría servirle si lo de golpear e irse corriendo volvía a repetirse. “Supongo que gracias, apuesto que me servirá aunque sea un poco ---Agregó, antes de hacer un pequeño ademán con su mano. “Un graciocillo que me tiene los ovarios por el piso, que no me deja estudiar en paz y déjame decirte que si llego a quedar a un examen por su culpa, lo castraré ---Bramó la princesa, con el semblante bastante serio y tenso.
Creía haber escuchado mal, y por eso mismo Noah tuvo que parpadear repetidas veces: -Espera, espera… ¿Princesa Philadelphia? Osea… ¿Una princesa de verdad? ¿De la casa real de algún país? -el estadounidense nunca había estado tan cerca de alguien con tanto estatus. Una pena que los actores porno más famosos del planeta no contasen para esa lista. Y a pesar de eso, Noah no se puso para nada nervioso, después de todo, si la “princesa” estaba ahí, significaba que era un universitario como otro cualquiera-. ¡Teníamos aquí una Bella Durmiente y yo me acabo de enterar!
"Sí, una princesa de verdad. Ya sabes, de esas que usan bling bling en su cabeza y ropa de diseñador ---Esa era su vaga y hostil descripción de si misma, y ahí terminaba también ya que según su pequeña cabecita no había demasiado que decir sobre ella, al menos no cosas reales. “En realidad la bella durmiente nunca fue una princesa de sangre... ¿Nunca viste Maléfica? ---Indagó la inglesa con una de sus cejas levemente enarcadas. “En cambio yo sí lo soy, princesa de sangre del Reino Unido, Canadá, Australia y otras catorce naciones ---Agregó.
Localizó aquel grito en una joven situada a un par de metros de él, que se movía nerviosamente y no paraba de gritar, sin quitar la vista de él y de uno de sus brazos. “¡Mierda!” Exclamó Ker al mismo tiempo que se quitaba rápidamente la cazadora y la dejaba caer al césped. Reaccionó rápido y no dudó en saltar sobre el fuego, intentando sofocar éste, puesto que no se había formado de gran manera. Después de varios largos minutos el fuego se consumió dejando a un Ker sofocado y sudoroso frente al frío invierno en nada más que una camiseta deportiva. Giró su mirada para encontrarse con la anterior figura femenina situada frente a él. “Gracias por la ayuda.” Comentó irónicamente y decidió quitarle hierro al asunto con una sonrisa en sus labios. “Parece que el mal humor que llevaba ha salido a la calle.” Bromeó y recogió los restos de una chaqueta más que calcinada.
Mentiría si decía que aquella escena le había causado un poco de gracia, porque en realidad lo había hecho, sobre todo la cara de asombro que había puesto el hombre cuando sus ocelos fueron a parar donde el césped comenzaba a arder. “Si no te hubiera avisado habría presenciado una escena de Destino Final con mis propios ojos, hubiera sido grandioso ---Bromeó. Lo gracioso de la situación era que si eso hubiera pasado, él habría causado su propia muerte a tirar aquella coletilla de cigarro aún encendida. “Te ejercitas, ¿huh? ---Preguntó luego de haber contemplado el cuerpo del muchacho desde el momento en el que se había despojado de la chaqueta. “¿Sabes que si sigues fumando posiblemente termines con fatiga y no puedas ejercitar? ---Sabía que la salud de su contrario no era de su incumbencia, pero qué más daba.
Sin que él se lo propusiera, una pequeña sonrisa se formó en sus labios cuando oyó las primeras palabras de la inglesa, sabiendo que el disgusto no era lo que le provocaba, de otra manera, ya le habría cerrado la puerta en la cara. “Sí, llegó. Y la pasamos bastante bien, gracias por preguntar.” Contestó, sonriéndole divertido mientras miraba hacia su alrededor, preguntándose si aquellos cobardes asomarían sus cabezas para ver lo que estaba sucediendo entre él y la princesa. “Tal vez sólo quieren un poco de tu atención y como no lo logran, deciden recurrir a estas técnicas de ‘seducción’ que dejan mucho que desear.” Se encogió de hombros, dejando que una mueca tomara lugar en sus labios para después formar una sonrisa con estos. No entendía la mentalidad de aquellos muchachos, no lo había entendido cuando joven y no la entendería ahora tampoco. Alzó una ceja al escucharla y abrió mucho los ojos al escuchar esa información. “¿Una golpiza? ¿A qué te refieres?” No había visto a la neoyorquina hace bastante, y la verdad es que aquella averiguación lo había preocupado bastante.
"Me alegro por ti. Aunque te juro que pensé que te dejaría plantado y terminarías teniendo un día, o mejor dicho noche, de San Valentín miserable ---Comentó la fémina antes de encogerse de hombros. Se podía notar un poco en ella que la fecha de San Valentín no era una de sus favoritas, ya que creía que aquello era un día creado con puras intenciones comerciales, además de que el afecto hacia la otra persona se debía mostrar todos los días, no solamente en una fecha fija. “Si quisieran seducirme, ¿por qué no se aparecen en la puerta de mi habitación con una caja de Godiva, rosas y un ticket de avión para llevarme al Guy Savoy en París? ---Otra vez su voz se había alzado considerablemente para que aquellos elocuentes muchachos pudieran escucharla. “Claramente las hormonas hacen estragos en su cabeza ---Agregó. Ella también había sido una adolescente alguna vez, pero creía creer que no había llegado a caer tab bajo o a ser tan pesada como aquellos dos. “Sí, una de sus compañeras del taller de danza la golpeó y creo que ella también a la otra, no lo recuerdo muy bien, solamente se que pasó porque hicieron un comentario bastante desafortunado de su padre y bueno... creo que eso hizo que sus pelos de punta. De igual manera, la acompañé a la enfermería así que no tienes que preocuparte ---Informó, antes de presionar levemente sus labios.
El ucraniano frunció el ceño al ver a dos jóvenes acercarse a una de las puertas de todas las habitaciones allí y tocarla para entonces salir corriendo a ocultarse. Formó una mueca con los labios y sacudió la cabeza mientras se preguntaba qué demonios pasaba con aquella generación de estudiantes. Se acercó hacia el dormitorio y tocó la puerta, distrayéndose en sus pensamientos para luego toparse con los ojos de aquella princesa que había conocido en el baile de San Valentín. “Supongo que te gustará saber que tus dos admiradores se están escondiendo en el pasillo hacia la derecha.” Señaló con la cabeza el lugar donde se encontraban, diciéndolo con tono bastante bajo para que los chicos no supieran que hablaban de ellos. “Y también me he confundido de habitación, creo. Aquí no duerme Eleanor, ¿verdad?” Frunció los labios, estando seguro de que estaba equivocado, considerando que Eleanor nunca había mencionado ser compañera de habitación con una princesa real.
Para el bienestar de sus ocelos, cuando desplazó la puerta se encontró con unas amenas facciones que podía recordar con anterioridad, más que nada porque había sido una de las primeras (si no fue la primera) persona que había conocido. “Tú otra vez... ---Agregó la fémina, aunque en sus palabras no se notaba pesar ni mucho menos, con una débil sonrisa mientras se recargaba contra el marco de la puerta. “¿Al final, llegó tu cita aquella noche? ---La curiosidad era audible en aquella interrogante, la cual había abierto pura y solamente para molestar a su interlocutor a sabiendas de que a veces a los hombres no le gustaba demasiado hablar sobre su vida privada, donde también se encontraba su vida amorosa. “Gente inmadura y mis admiradores, no sé si esperan que les cante una canción de cuna y les de un biberón, porque se comportan como unos malditos niños ---Bramó lo suficientemente alto como para que aquella pareja de insoportables seres pudieran escuchar cuales eran sus pensamientos ante ellos. “Nope, comparto la habitación con unas tales Kyrsten y Bianca, no con ninguna Eleanor aunque en realidad la conozco, le dieron una golpiza fuera del edificio de bellas artes el otro día ---Comentó la inglesa poniendo uno de sus pies encima del otro, para que no pisaran el frío mármol del piso que contrastaba con la calidez de la moqueta sobre la cual tenías sus pies anteriormente.
Luego de haber salido de su clase exhaustiva, caminaba por los pasillos para dirigirse hacia su habitación. Necesitaba un descanso, una siesta lograría reponer sus energías. De pronto, sin previo aviso, una voz se hizo presente. Fue tal su susto, que dejo caer todos los papeles que traía en su carpeta. Miles de diseños de zapatos volaron alrededor, terminando por decorar el piso. “¿Que? No.” Observo confundida a la muchacha y luego suspiro para agacharse, no quería que se ensuciara el trabajo por el que tanto se había esforzado. “¿Por que me haces esa pregunta?” Hablo, aunque esta vez sin posar sus ojos sobre la figura femenina. Podía cambiar su respuesta por: si, ayuda con esto, pero no iba a obligar a la muchacha a juntar sus cosas si simplemente no era una acción que nacía de su buena moral.
La muchacha podía ser buena y amable cuando quería, pero este no era el momento en el que aquellas dos palabras servían para describir la actitud hastiada y de pocos amigos que cargaba la monarca inglesa. “Porque alguien se ha pasado la última media hora rompiéndome los ovarios ---Comentó mientras cruzaba sus brazos a la altura de su pecho. Sus ocelos bajaron cuando la fémina se puso en cuclillas para levantar aquella cantidad de bocetos y papeles, uno de los cuales la inglesa tomó entre su dedo índice y medio. “Diseñas, ¿huh? ---Dijo una vez que sus orbes pudieron detenerse a contemplar el colorido trabajo de la brasileña sobre aquel papiro. “Son bonitos ---Agregó, tendiéndoselo nuevamente a la figura contraria. Philly era toda una fashionista, así que se podía decir que había conseguido otra clienta.
“Se entendió, sí, aunque claro que se hizo un enredo, pero estoy acostumbrado a ellos por lo que, como dije, me ha quedado claro como el agua. Espera… ¿hablas de la aplicación esa? Personalmente la detesto, jamás me entendió lo que decía y aveces hacía todo lo contrario a lo que le pedía… Un desastre. Ahora entiendes porque insisto en buscar esas indicaciones que te dieron, pero de acuerdo, he de creer que tu experiencia con Siri (como es evidente) fue mucho mejor que la mía, así que te quedaras con ella ¿verdad?”
“A Siri hay que hablarle como si le estuvieras hablando a una anciana de aproximadamente noventa años u ochenta muy avanzados, que está sufriendo de cataratas y pérdida de audición. O sea que hay tenerle paciencia, al menos hasta que te acostumbres, porque es como una persona, muy lenta, sí, pero una persona al fin de cuentas... solo que está adentro de una máquina, claro. Sé que no tiene mucho sentido pero bueno. Si es que tanto te preocupa que no me pierda... ¿por qué no me acompañas? Siempre es mejor recorrer los lugares con alguien que sea de la zona, siempre se descubren los mejores lugares ---
“…Sí.” Sus orbes yacieron en el sobre que que tenia en manos, con el jugueteaba mientras decidía si dárselo ya o venir en otro momento. La pregunta tosca y aquella postura tensa, impactó contra todas sus energías; de manera sorprendente hoy se encontraba en un estado de animo bastante neutral. “Ha llegado esté sobre por equivocación a mi habitación, unas chicas me dijeron que aquí es la habitación de…” Bajo su mirada, el nombre era peculiar y con tantas idas y vueltas ya lo había extraviado en sus recuerdos. “Philadelphia.” Concluyó tras leer el destinatario, observando continuamente a la muchacha en busca de alguna respuesta.
Incompetencia era una de las palabras que se le venían primeramente a la cabeza cuando pensaba en la gente del correo, quienes se habían equivocado ya dos veces en un par de días. La primera vez había sido cuando ella había recibido un paquete para una tal Sarfati (obviamente equivocado) y ahora, se trataba de un paquete de ella que se había perdido. “Oh gracias, eso es mío ---Dijo antes de tomar aquel sobre amarillento con cierta brusquedad, gracias a que había esperado aquel paquete desde que había pisado las instalaciones. “¿Quieres pasar a tomar un poco de té o...? ---Indagó la fémina con una de sus pobladas cejas levemente alzadas, prestándole un poco de atención a la otra inglesa por cuestión de respeto; podía abrir el paquete después.
Había cerrado la puerta de su habitación con cuidado, percatándose de la posición de la cerradura antes de dejar que el manojo de llaves bailase entre la longitud de sus dedos. Sus pies se movían tranquilos, tarareando una canción que había escuchado en la sala de recreación cuando por el rabillo de su ojo observó una figura femenina y una voz en su dirección. Se detuvo en seco, frunciendo el ceño y ladeando un poco su cabeza, una expresión de extrañeza decorando sus delicadas facciones. “¿No? Estaba pasando por aquí. ¿Necesitas algo tú?” Preguntó de vuelta.
Sus manos fueron a parar dentro de los bolsillos del vestido que llevaba mientras su cabeza se apoyaba contra el marco de la puerta, junto con una de las partes laterales de su cuerpo. “No lo creo... ---Musitó entrecerrando sus ojos, los cuales pasó por la figura de la fémina no solo una, si no dos veces dónde pudo ver que no tenía la pinta de alguien que disfrutara de hacer jugarretas de niños de primaria o secundaria. “Solamente alguien, no sé quien, se las ha buscado para molestarme por la última media hora. Sea quien sea esa persona, es más pesada que un collar de sandías ---Bramó, un tanto hastiada por aquella situación.
“Lo se, pero tengo un par de bolsas de hielo en el mini bar de mi habitación. Digamos que el ballet hace que los necesite a diario” Había tomado esa medida el primer día del segundo año. De por sí las bailarinas tienden a formar, sobretodo, heridas en los pies y no muy bonitas, por lo que de no tener refrigeración el dormitorio, hubiese tenido que hacer muchísimos odiosos viajes a la enfermería “¿De verdad piensas que no fueron demasiadas? Porque la historia dice lo contrario” Martires, historias de traición entre familias, desobediencia a los reyes…Había una lista bastante de larga de razones y de personas que cientos de años atrás fueron decapitados. Decir que no fueron muchas era un tanto extraño “¿Si una reina o una princesa me pidiera que fuera a la enfermería dices tú? Um…No lo creo. Respeto a los monarcas por tradición, pero no creo que sea su decisión o algo a lo que podrían obligarme. Por lo demás no creo que les importe” Era extraño imaginarse a algun monarca interesado por la salud de una neoyorquina en Canadá, y llegaba a ser ridículo incluso pensarlo…hasta que escuchó las palabras siguientes de la joven “Disculpa, ¿dijiste abuela?” No se arrepentía de haber dicho lo que dijo, pero eso no quitaba el hecho de que podría encontrarse frente a una princesa de verdad.
"Oh... eres bailarina, ¿huh? Entonces sabrás que un simple error como un golpe en la espalda o que alguna vértebra se te haya lastimado te podría dejar sin una carrera de por vida en la quinta arte, ¿no es así? ---Preguntó la fémina dejado que una de sus cejas se enarcara levemente. Durante su temprana edad también había sido una bailarina clásica, pero cosa que se terminó luego de media década de práctica gracias a una lesión en su tendón de aquiles (la cual sufrió en su momento, pero que no la afectó a largo plazo). “Sí, la verdad es que sí pienso que no fueron demasiadas. Es decir, quedaron más cabezas sobre los hombros de la gente que rodando por el suelo, ¿no? ---Quizá aquello había sonado un tanto hostil, pero no se podía espera menos de una muchacha de la familia real inglesa, un clan que había sido uno de los más criticados pero que aún permanecía en lo más alto. “Sí, abuela, esa que usa una corona que hace mucho bling bling y tiene gemas enormes en ella. Quizá la conoces como la Reina Isabel II del Reino Unido, Canadá y otros quince países ---Informó, dejando que una sonrisa ladina hiciera presencia.
-la neozelandesa volvía de una de sus clases cargada con libros nuevos que si bien no sabía si le iban a ser útiles, al menos lo averiguaría, total, aprender algo más no era algo que le molestase. Pero antes de llegar a su dormitorio, divisó como un joven llamaba a una puerta ( al azar o no eso ya no lo sabía) y salía corriendo- Que maduro -comentó Axelle en tono burlón cuando este pasó a su lado antes de que la puerta se abriese y la dueña del dormitorio hablase- Yo nada, de hecho, yo no he llamado.
Una de sus cejas se enarcó automáticamente cuando vio a la figura de la fémina frente a ella, ya que no sabia si bien creerle o no. “¿Entonces quién fue? ¿Viste a alguien? ---Preguntó llevando una de sus manos hacia su cintura, posicionándose en forma de taza. Lo tensa que estaba era bastante notorio, pero como no estarlo con lo imprudentes que eran los demás estudiantes, aunque sobre todo molestos.