El día que entendí que no debía de ser nunca la segunda opción de nadie, fue el día que aprendí a dejarte ir.
Fue el día que me di cuenta de lo mucho que valía, de lo poco que me querías y de lo mucho que debía quererme yo.
Que una persona que vuelve a ti solo cuando se siente solo y después te olvida, no es alguien que valga la pena conservar.
Tampoco alguien que piensa que escoger a una mujer como artículo de un catálogo y cambiar cuando se aburra es lo normal.
Fue el día que entendí que tú no me querías, que solo te gustaba la atención que yo tenía al quererte a ti.
Fue el día en que me di cuenta de que el amor se construye entre dos personas que se esfuerzan, que si uno no pone de su parte no vale la pena seguir ahí.
Conociste todo de mí, te dejé entrar a mi vida, y aún así no fue suficiente para ti y decidiste dejarme partir.
La realidad es que tú te fuiste, pero yo me quedé ahí, esperándote.
Debo ser honesta al confesar, que si había dejado una sola puerta abierta para ti, es porque aún deseaba que pudieras regresar.
Que inconsciente o consciente de mi anhelo, aún guardaba tu recuerdo en mi corazón, y esperaba que volvieras a mi vida.
Pero hoy me di cuenta de que eso no sucederá, y que si un día sucediera, sería por haberme dejado de amar, al dejar que tú regreses, inseguro de mí, sin quererme de verdad.
Mi confesión es que te quiero, siempre te he querido, siempre estuve esperando que volvieras a quererme, aún ahora, te quiero todavía. Te quiero más de lo que tú pudiste quererme a mí. Pero aún así, me quiero más de lo que yo te quiero a ti.
Hoy doy por terminado esta historia, este libro se cerró. Ya no habrá puertas abiertas por si algún día piensas regresar, ya no habrá manera de llegar a mí.
Tú fuiste mi primera opción. Yo era tu segunda, tu tercera, tu alternativa. La persona a la que vuelves cuando tu otra cita salió mal. ¿De verdad no te dabas cuenta? De lo mucho que te quería al seguir ahí, de lo mucho que esperaba que me quisieras a mí, de nuevo, de lo mucho que te quise.
Te prometo que ya nunca volveré a buscarte ni esperarte. Y con mi corazón, te deseo una vida llena de amor y felicidad, de todo lo que una vez quisiste lograr.
Con cariño y amor para ti, para el chico de la chaqueta azul aquel día del aeropuerto.