-¿Qué pasa?¿Jamás has visto a un chico tomar o quieres un poco de cerveza?
—¿Es una invitación, acaso? Porque te aviso que no está funcionando.
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-¿Qué pasa?¿Jamás has visto a un chico tomar o quieres un poco de cerveza?
—¿Es una invitación, acaso? Porque te aviso que no está funcionando.
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
No entendía qué mierda era lo que le veía al cigarrillo. Jay no captaba nada interesante de la acción de fumar, pero estaba claro en varias cosas: a) decirle qué hacer a Bliss era una pérdida de tiempo, b) probablemente se ganaría una insultada por su parte o c) que le soltara el humo en el rostro. Y la última en específico era la que le daba grima. Así que prefirió callarse.
Tenía unas ganas de beber desde la semana pasada, y no podía creer que ahora sí iba a poder darse ese lujo. Además, tampoco quería ir solo, así era prácticamente aburrido, aunque en ese casos, Jay encontraba siempre como entretenerse. Se sorprendió al oírla, alzando las cejas—. ¿En público? Vaya, Zeklos. Qué atrevida.
Puso los ojos en blanco. Claro que no se refería en público, su atrevimiento solo le permitía hablar del asunto sin sentir vergüenza, ¿hacerlo? Era otra cosa. Lo máximo que llegaba, o eso creía al menos, era a un baño tremendo placer culpable el de Bliss. Aunque no se lo diría al muchacho, porque jamás escucharía el final del tema. No sabía a que bar la estaba llevando, así que solo se limitaba a seguirlo, porque estaba al tanto que si se hubiera negado, iría a flirtear con la primera falda del lugar. Y debía de admitir que la ponía celosa. —¿Desde cuándo tienes problemas con el lugar, Rockefeller?
☠Into the Woods☠
-Bliss, ¿enserio?, sabes que yo te puedo dar señal- le arrebato el teléfono y se concentro en atraer toda la energía que pudiera para conectar el teléfono a la red -Listo-.
—No tienes idea de hasta cuanto llega mi aprecio por ti ahora— dijo, volviendo a agarrar el celular en sus manos como si fuera un objeto sagrado. Increíblemente feliz viendo los mensajes de whatsapp y notificaciones de facebook.
Luego, al ver el ícono del instagram, algo se le pasó por la mente. Tonta y cliché, pero una idea que consideraría buena. —¿Queres que nos tomemos una selfie?
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
—Sabes bien que no necesito alcohol para que termines así. Ese es tu estado natural —replicó, enarcando las cejas. Tal vez eso no era del todo cierto, pero el muchacho no distinguía a una Bliss sobria de una embriagada. Tampoco es que haya buscado demasiadas diferencias.
No le gustaba que le fumaran en la cara, pero con ella siempre hacía una excepción a casi todo—. En serio —admitió, encogiéndose de hombros. No estaba de ánimo para mentir o dar vueltas al asunto—. Si quieres una demostración, sabes que sólo tienes que pedirlo.
Jay, 1. Bliss 0. El chico tenía toda la maldita razón, realmente siempre actuaba como si estuviera ebria, pero no le veía sentido alguno a vivir triste y deprimida toda la vida. Se debían tomar riesgos y a los comentarios de ajenos, oídos sordos. A ella le gustaba como era.
Le dio una calada al cigarrillo, dejando que el tabaco penetre en sus pulmones por unos segundos, exhalando el humo lejos del chico. También estaba al tanto de que a él le molestaba un poco aquello y, aunque existiera para eso, no quería enojarlo más de lo debido. Hoy. —¿Qué si pido esa demostración ahora?
—No, es conocimiento general el hecho de que es inapropiado fumar en lugares cerrados porque expones a otras personas a substancias dañinas.— Comentó tan solo para señalar lo obvio en caso de que de verdad no entendiera el motivo. —en cambio alimentarse es completamente vital, yo deberia de estar en detencion V.I.P.
—Estaba junto a una ventana abierta, técnicamente no es un lugar cerrado— eso mismo le dijo al profesor, y había terminado allí. A su parecer era una buena defensa. —Al menos dime que no te las confiscaron— empezaba a tener hambre.
Into The Woods
Asintió sonriendo y puso algo de poder en sus siguientes palabras —Claro, no pasa nada, olvídalo —Era consciente de que sus ojos estabas cambiando de color mientras hablaba y los cerró por un segundo antes de abrirlos y encogerse de hombros —¿Qué tal tú? No te ves muy feliz.
—Buen intento, amigo, pero ya los vi— sonrió, algo fascinada por los repentinos cambios de color. Genial. Se encogió de hombros, normalmente intentaba mantener aquellos sentimientos de tristeza para ella sola. —No lo sé, no me gusta lo extraño— Y sentía los bosques extraños, fríos, melancólicos.
Into The Woods
Siseó en voz baja, deslizando la navaja por su mano y observando con repugnancia como la piel se curaba en cuanto la hoja de metal seguía su camino, sin dejar más de unas gotas de sangre como evidencia de los complicados dibujos trazados en su palma. Escuchó a alguien acercándose y con rápidos movimientos, guardó la navaja en el bolsillo de su jean y escondió la mano en el de su chaqueta, dando vuelta para mirar a quien se acercaba–Hey.
—Hey— saludó con un movimiento de su mano, casi entrecerrando los ojos. Porque eso no era nada extraño. Solo había salido a pasear cuando el castaño le habló, “disfrutar la naturaleza”, a sabiendas de que la detestaba. Ella era una chica de ciudad, no le podían pedir que haga mucho. Como si tuviera ganas de hacerlo, además. —¿Va todo bien?
☠Into the Woods☠
Sus ojos se maravillaron con el paisaje alrededor de ella, y respiro el aire puro alrededor de toda esa zona, -Maravilloso, ¿no crees?- cerro los ojos y se relajo un poco, deseosa de seguir en ese lugar.
—Es pésimo— dijo, mientras buscaba señal con su teléfono, consciente de que podía parecer ridícula y/o tropezar con una piedra en cualquier momento. Pero necesitaba utilizar el plan de datos.
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
Tuvo la necesidad de recalcarle que la conocía como la palma de su mano, y que sabía bien que no sería capaz de odiarlo. Le tomó tiempo aprenderse eso de memoria, pero ahora lo tenía presente cada vez que ella mencionaba su odio inexistente hacia él. Sonrió. Clásico.
Enarcó una ceja al captar el doble sentido y realmente deseó hacer un comentario al respecto, pero después escuchó lo otro y, bueno, contenerse no era algo que caracterizaba a Jay. Rió en voz baja y la ayudó a sentarse para que él pudiera levantarse y comenzar a caminar. A mitad de camino, se volteó para mirarla—. ¿Quieres ir a tomar algo? —Le preguntó—. Y, por cierto, no necesito ser un gato para acurrucarme. —Murmuró—. Ni tampoco un caballo, si me entiendes —replicó, sin lograr ocultar una sonrisa juguetona.
—¿Buscando emborracharme, Jay-Jay?— Bromeó. Aunque no sabía que clase de bebida tenía el chico en mente, como mínimo, esperaba una cerveza. O que no fuera una clase de flirteo de segunda. Porque él estaba al tanto de que si quería algo, solo tenía que pedirlo
Se tomó su tiempo para levantarse y alcanzarlo, soltando unas pequeñas risas mientras sacaba un cigarrillo, llevándolo a sus labios. Le costó unos segundos encontrar el encendedor en su bolsillo y prenderlo. —¿En serio?— Entrecerró los ojos. —No sé si te creo. Pediré una prueba algún día.
“I think if something can be made negative, it sure as heck can be made positive”
—Mmh no, fue algo un poco menos intrepido que eso. Abrí un frasco de cerezas en clase lo cual aparentemente es algo inaceptable y muy ofensivo. — comentó sacudiendo la cabeza sin tomarse con mucha seriedad el motivo por el que estaba ahi. — Aunque si me lo preguntas creo que el profesor llegó facilmente irritable ¿tu hiciste algo interesante?
¿Solo un frasco de cerezas? O el chico era la personificación de un santo o el profesor era un idiota que su mujer no contentó en la noche. Pero todo dependía de la forma en que las comió, claro está. —Nada— bajo sus estándares normales. —Una chica no puede saciar las necesidades de tabaco en clases, parece.
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
Sonrió para sí mismo, encogiéndose de hombros. Decía eso ahora, pero, ¿después quién sabe? Tal vez complazca su deseo, o tal vez no. Dependía de su estado de ánimo. Aunque, ¿quién era él para negarle una petición así a una mujer? Sobretodo a ella.
—No, no lo haces —respondió, porque sabía que ella no lo odiaba. Esa posibilidad parecía remota e imposible—. Es más cómodo ser uno, sobretodo en espacios abiertos. Sería más rápido cambiar a lobo siberiano, que de un bicho raro a un perro —ladeó apenas la cabeza para mirarla—. ¿Y qué sugieres tú, pues?
No tenía porque enojarse, porque recordó que Jay poseía los cambios de humor propios de una mujer. Incluso una que otra vez quiso dedicarle la canción de Katy Perry, ¿cómo era? Hot N Cold. Ya se lo diría eventualmente.
—Podría— ¡mentirosa! gritaba aquella voz interior que solía decirle que sus actos estaban mal y solía ignorar la mayoría del tiempo. Pero en sí, le concedió un punto por su lógica del perro. —Un caballo— Y así, ladeó un poco la cabeza para verlo y guiñarle el ojo, esperando que entendiera el doble sentido. —O un gato, si te dan ganas de acurrucarte.
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
Maldijo hasta en el idioma que no conocía cuando sintió el choque eléctrico recorrerle por t o d a s partes, obligándolo a volver a su forma humana. Le fulminó con la mirada, seguro de que se vengaría después, de alguna manera. Era creativo con esa clase de cosas.
—Y tú aprende esta —murmuró, recostando la espalda contra el tronco de árbol que tenía detrás de él—. Ahora te quedarás con la curiosidad. Me siento enormemente ofendido.
Negó con la cabeza, repentinamente sintiendo la mochila dura como una piedra, así que casi se arrastró para apoyar su cabeza en el regazo de Jay. Ahora sí. Aunque él estaba al tanto de cuanto odiaba ser dejada con la duda, hasta que incluso pensó en freírle el cerebro que apenas poseía.
—Te odio, Rockefeller.— En realidad, claro que no lo hacía. Ignoró el comentario, tal vez estaba ofendido, pero ella se la pasaba bien viéndolo sufrir un poco. —El lobo te queda, ¿pero no crees que siempre eres uno? Digo, la naturaleza no creó tantos bichos raros solo para que uses a uno.
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
Eso era lo que más le gustaba de la similitud entre el lobo siberiano y el lobo común. Si alguien de pronto aparecía, no habría mucho problema. Los primeros nombrados inclusive aullaban en vez de ladrar. Disfraz perfecto, si se lo preguntaban. Dejó que la chica lo acariciara, sintiéndolo increíblemente bien. Jay tenía que admitir que Bliss estaba buena, y no todos los días recibía esa clase de tratados de ella.
Tal vez para molestarla, o porque debía de actuar como perro sólo por si acaso, pensó: “No me molestaría” y se dio la vuelta, colocando el lomo contra el suelo. Ella le conocía mejor. Debería saber que darle ideas no siempre era una buena acción.
Suspiró, jugando con sus peludas patas caninas. El chico no tenía cura, y bueno, parte de la culpa era de Bliss por animarlo a hacer payasadas como aquellas. Se adelantó, igual que si fuera a acariciarle la panza, pero cuando lo hizo, le dio una leve descarga. Oh, dioses, nunca se cansaría de eso. Sin embargo, como que lo merecía. Unas risas se le escaparon de los labios.
—Aprende la lección— empezó a decir, poniendo la mochila como si fuera una almohada. —Me dejas ver lo que tienes por abdominales o vienes como un gato— acto seguido se recostó en el suelo, cerrando los ojos para aguantar no darle otro pequeño choque eléctrico.
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
Lo mejor que pudo haberle pasado fue que la profesora le abriera la puerta del salón, y le exigiera salir. Nunca Jay se sintió tan feliz en su vida. Incluso, lo expresó tomando sus cosas con rapidez. Le sonrió -porque era hermosa a simple vista, y joven-, le guiñó el ojo y salió. Casi gritó “¡libertad!” cuando caminó por el pasillo para dejar algunos libros en su casillero.
Al salir al patio, descubrió que no había ni la más mínima alma. Excepto, por supuesto, el de su muchacha favorita para fastidiar. Miró a ambos lados, para cerciorarse, y se convirtió en un lobo. Se desplazó hasta unos cuantos arbustos para cubrirse y le comenzó a gruñir. Sabía que no la asustaría; pero sí molestaría. Esos sonidos, repetidas veces, podrían suponer un golpe en la anatomía específica de cada sexo. En su mente, rió, y salió del mismo para acercarse a ella y acostarse a su lado.
En realidad no quería saber que pasaba por su mente cada vez que gruñía, porque estaba segura de que no deseaba asustarla cuando salió de su escondite y se recostó, como si fuera solo un cachorro. Dejó el cuaderno a un lado para tratarlo igual que a uno, rascándole atrás de las orejas y en el lomo. Ella sabía que se aprovechaba de su noble mucho sarcasmo persona, al menos desde que se enteró de que era uno de sus enamoramientos desde primer año.
Tenía que admitirlo, el chico estaba bueno, caliente como el sol en pleno apogeo de verano bueno y otras chicas claramente poseían los mismos pensamientos sobre Jay por las miradas que recibía en los pasillos. Puso los ojos en blanco. —¿Ahora qué, quieres que te rasque la barriga también?
There’s something in the look you give | Jay + Bliss.
«Si no le interesa mi clase, señorita Zeklos, allí está la puerta.»
Esas fueron las únicas palabras del profesor de alemán a las que prestó atención y causaron que levantara sus cosas para irse al patio. ¿Qué tenía que perder? Gracias a su bendito omnilingüismo, sería capaz de pasar cualquier examen que el hombre senil le pusiera en frente en menos de un parpadeo. Porque era así de asombrosa.
Buscó un lugar tranquilo, bajo la sombra de un árbol frondoso, donde no había ni un alma a la vista. Que dichosa tranquilidad. En ese momento, algo de inspiración le llegó, haciendo que saque su cuaderno de boceto, junto con unas carbonillas. Así como así, se puso a dibujar el paisaje, deleitando sus oídos con los sonidos naturales: el cantar de los pájaros, el gorjeo de las palomas, el gruñido de... Eso no estaba bien, porque sonaba como un lobo. Bliss se mantuvo seria, incluso empezó a difuminar las líneas de la hoja con un rápido movimiento de su dedo índice, ignorando el ruido. Ignorándolo a él.
—Si estás buscando asustarme, avioncito, olvídalo— dijo, remarcando el apodo que le había puesto desde que le conoció entrecerrando los ojos. —Oh, abuelita, que dientes tan grandes tienes— citó el cuento infantil que más de mil veces le leyó a su hermana pequeña, intentando no reír.
Raina sonrio al ver su reflejo en la fuente, le agradaba saber que su reflejo tambien le sonreiria de vuelta, desde que se habia unido al club gen x, sus amigos la habían abandonado, y se había burlado de ella, dejandola sola con sus pensamientos, claro, con sus pensamientos y con sus peces, pero ellos no sabían nada acerca de como era la vida debajo de el agua -Como un pez fuera de el agua- menciono ironicamente al pensar en su poder, la castaña se soprendio al ver otro reflejo en la fuente, y volteo a ver a la persona -¿Se te ofrece algo?-.
La verdad, es que estaba casi muriendo del aburrimiento. Y, al ver que una chica empezó a hablar sola cerca de una fuente, se acercó, encontrándola conocida del club. Hidroquinesis. Desde el primer día se preguntó que pasaría si le daba una descarga... Puro interés académico, claro. Como diría Horace Slughorn. —Raina, ¿verdad?— No era lo suyo recordar los nombres.