Ayer me acosté con unas ganas locas de besarle..
Hace muchos días que no te cuento como van las cosas con El Caballero de brillante armadura, lo sé, pero esque las cosas por palacio han estado movidas.
El Caballero y yo hemos decidido dejar de hacernos daño y dejarnos ir de una vez por todas.
Tengo que admitir que aunque no ha sido una semana nada fácil (porque tener que vernos tooodos los días por obligación complica bastante las cosas), estoy tremendamente orgullosa de mi.
Ni llamadas, ni conversaciones, ni miradas, ni recaídas.
Él intenta acercamientos pero mi paz mental se interpone entre sus intenciones y yo. La verdad es que agradezco que alguna parte de mi se mantenga firme ante esta decisión.
Ayer, al acostarme, me acordé de sus besos. De su boca húmeda, de sus labios.. Tengo que confesar que no son los mejores besos que me han dado en mi vida, y confío en que vendrán besos que me dejen el sentido fuera de juego, pero al fin y al cabo era SUS BESOS, ¿no?
Me imaginé nuestros labios carnosos chocando entre sí, nuestras bocas entreabriéndose al unísono, y de repente le sentí.
¡Te prometo que noté su boca contra la mía! Todo fue demasiado extraño y el anhelo se apoderó de mí. Pero mis lágrimas resistieron siguiendo órdenes, de nuevo, de mi paz mental.
Qué difícil es darte cuenta de que lo que sentías era fruto de la manipulación, disfrazada de un falso amor.
Qué difícil es recrearte en momentos que anidan en tu memoria y recriminarte el no haber actuado antes enfrente de según qué situaciones.
¿Recuerdas cuando te dije que la nuestra era una maravillosa historia de amor? En algún momento lo fue, si. Mejor dicho, en algunos momentos. Separados los unos de los otros. Intercalados entre enfados, reproches y mucho estrés. Pero él sabía qué decirme en cada momento para que yo volviese corriendo a sus brazos arrepentida de cosas que nunca había hecho.
Es demasiado difícil soportar el dolor de ser consciente y sentir que a tu cuerpo aún le queda un largo camino de desintoxicación por delante.
Pero me siento fuerte, querido amigo.
Algún día te hablaré sobre la dualidad que habita en mi ser , acerca de lo fuerte y débil que soy al mismo tiempo.
Hoy por hoy, me quedo con la fuerza que gobierna mi espíritu, que aún siguiendo encerrado se va abriendo camino hacia su tan soñada libertad.