Siempre empieza con la melodía de siempre, se posa ante mí, con su cintura de guitarra, los ojos más tiernos que vas a encontrarte, unos labios que harían pecar al mismo dios, estira su mano y me invita al baile, no puedo resistirlo, no me le puedo resistir, pues ella no es de este mundo y yo fui expulsado del cielo.
Empezamos la danza entrelazandos los dedos sin querer soltarnos, queremos fusionarnos y estar entre nuestras carnes, sentir nuestras viceras, pero llega en momento de micro, el pensamiento inundado por la duda siento la primera puñalada en el costado derecho de las costillas, la sangre corre y me pregunto qué fue, pero no importa, la tengo a ella entre mis manos, me gusta la canción, me gusta verla a los ojos; el baile eterno, el baile efimero, danzamos y nos tocamos los rostros, nos abrazamos, besos casuales cuando el tiempo no mira, de insop facto siento otro latazo en la espalda, se me hace raro el daño y la sangre que corre pero es ella, es diosa, es musa, no la puedo soltar y la oportunidad no la puedo desaprovechar, aguanto el dolor de las apuñaladas mientras sigue sonando la canción, estaba oscuro y solo podía verla a ella. Ya en el clímax del tema, a punto de besarla y hacerla mía, la agarro de los labios, me acerco y en el vientre conté las cinco apuñaladas de seguido, sin miseria ni cuartel, la sangre ya no se puede disimular, y empieza a salir a chorros. Me fijo en mi vientre pues todavía esta enterrado el puñal y lo diviso unas manos suaves, delicadas con unas uñas en cachos que vuelve loco a cualquier santo; alzó la mirada y veo esos hermosos ojos, sin brillo, sin alma, sin ningún deseo entonces apretó su mano con el puñal con fuerza y lo entierro más, sacalo, entierralo, sacalo, entierralo en la espalda, otras 6 puñaladas, no quiere dejar nada de mi, deja el puñal en mi espalda y con esas manos llenas de paz empieza a darme golpe limpio en el rostro, me deja sangrado la nariz, los labios y los ojos con hematomas rojos. Yo todavía no la suelto de la mano, quiero seguir bailando mientras me desangro, que se acabe la pieza pues sé que esta paz se irá con ella. Mi cuerpo y rostro destrozados y llenos de sangre la mira, y sus ojos volvieron a llenarse de ternura, me miró como nadie me había mirado en la vida, me limpio un poco la sangre de los labios y me beso, un beso tierno, lento; ya instantes de que se acabe la canción, nos abrazamos fuerte, sabíamos que nos íbamos, pestañeo y noto su mano alzada con el puñal y un rostro indiferente, 1 segundo para acabar, lanza el puñal, directo al corazón.
No podía más, el dolor ya era insoportable y la sangre me pesaba la ropa, dimos una última vuelta para finalizar, la solté de las manos y nuestro baile había acabado, dio la vuelta a buscar la próxima víctima y yo me fui desangrándome en pedazos hasta el asiento, me senté mientras como revoloteaba esa hermosa cintura, estaba feliz, estaba en paz, ya sé me cerraban los ojos y veía borroso, vi ese hermoso cuerpo y iba muriendo tranquilo pues siempre supe que todos esos latazos, esos golpes, esas heridas eran para ella, pero preferí recibirlas por ella.