Hay un perro rabioso en mi interior que quiere salir;
siempre le digo que no lo dejaré,
«siempre quieres morder, repartir tu rabia y meterme en problemas».
Pero es obstinado: mira al pájaro azul
con odio y envidia,
quiere devorarlo y dejar solo las plumas.
Observa esa libertad con la que vuela, canta y se revuelca
y no lo tolera.
«Odio ese puto pájaro»,
es lo que siempre me dice;
pero soy duro con él, lo reprendo, lo encierro más;
«si te dejo salir vas a joderme,
matarás a alguien y quemaras todo lo que nos rodea».
«¿Quieres verme en la cárcel?».
Él no se cansa, me mira con odio y me muerde la mano,
«¿acaso no quieres vengarte?,
morderé sus caras y arrancaré sus partes,
destrozaré sus cuerpos y repartiré la rabia,
vas a saciar por fin tu sed de sangre,
solo déjame salir», dice.
pero no me importa:
aulla en las noches y muerde los barrotes.
sus ojos llenos de odio
quieren quemar el mundo,
por el daño.
Lo calló,
lo amarro y le pongo un bozal,
termino encerrandolo más
en ese cuarto oscuro.
lloro un poco, y no dejo que me controle.
¿y tú?














