La guerra de los tontos
— Beatriz Vignoli
Dinamitamos antes de cruzarlo el puente, el bello puente que habíamos construido.
El puente sobre el río del olvido era.
Ahora, moriremos olvidados. Muramos ya, y de esto.
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La guerra de los tontos
— Beatriz Vignoli
Dinamitamos antes de cruzarlo el puente, el bello puente que habíamos construido.
El puente sobre el río del olvido era.
Ahora, moriremos olvidados. Muramos ya, y de esto.
Aquí se habla del tiempo que, como dice el dicho, los santos lo lloran
— Renato Leduc
Sabia virtud de conocer el tiempo; a tiempo amar y desatarse a tiempo; como dice el refrán: dar tiempo al tiempo... que de amor y dolor alivia el tiempo. Aquel amor a quien amé a destiempo martirizóme tanto y tanto tiempo que no sentí jamás correr el tiempo, tan acremente como en ese tiempo. Amar queriendo como en otro tiempo —ignoraba yo aún que el tiempo es oro— cuánto tiempo perdí —ay— cuánto tiempo. Y hoy que de amores ya no tengo tiempo, amor de aquellos tiempos, cómo añoro la dicha inicua de perder el tiempo...
(Breve glosa al Libro de Buen)
Pacto
— Karloz Atl
Cuando conocí al Coronel
venía acompañado de la guerra, del brazo, equiláteros
ninguno se había entregado al otro
y las heridas aun no habían encontrado donde derramar sus aristas
A él le consulté mi intensión de salir con ella
y a ella le propuse ser amantes
un pacto que ambos sellaron conmigo
Con el Coronel al estilo Abrazo de Acatempac
lo sellamos leyendo en una plaza pública
yo sus poemas y el los míos
Con la guerra
acordamos cambiar de nombre, identidad e historia
para vivir una paralela
en la que ambos coincidamos para hacer el amor
a espaldas del mundo
Le gustaba que me viniera como escultor dentro de ella
colocando capas de cera para tallarle las luchas
que en si misma iba desplegando
memorias de faraones, ahaus, tlatoanis
la cronología de todas sus campañas
La guerra se extendió entre mis océanos
incendió civilizaciones de oro
imperios espirituales
y de forma equidistante
se expandió el amor
de ella hacia el Coronel
lo prolongó hasta las lágrimas
hasta la necesidad de regar con su agua
los pastizales, bosques, tundras a su paso
Se posó en mi desierto
me nació un oasis en la arena
un Nilo para alimentar todas sus civilizaciones y aldeas
pero la guerra
solo tomó baldes del pozo
cuando hubo sequías sobre su tierra
Como los cementerios de elefantes
mi manantial se convirtió en el lugar de recogimiento de sus derrotas
cuando los paquidermos están desnutridos
buscan instintivamente este tipo de fuentes acuosas
con la esperanza de que el líquido les permita mejorar sus
condiciones
pero al no lograrlo se convierte en su osamenta
una osamenta mi oasis
Me volví pacifista
pero
no dejé de ser un río como el Ganges o el Usumacinta
al que diversas tribus comandadas por mujeres
vinieron para bañarse y llenar su cántaro.
Karloz Atl, del libro Sin un freno que detenga este Cadilllac
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En la hora más fría
— Nancy Marlene Ruiz
Cuando se siente la agonía perpetua del amor
sobre uno
Nos lanzamos a su cubierta incierta
A veces hecha por trozos de memoria
A veces hecha de diptongos acaramelados.
Mi lengua se sumerge en la frialdad que habita su vientre.
Solidificación de las penas
Choque térmico cuando nuestras bocas se encuentran
Y se dicen, se tocan, se comen, se explotan, se cocinan
Son.
Cuando la densidad del abismo nos viste
es necesario congelarlo
Y fragmentado el dolor, soplar sus rastros
Y la hora más fría es la que mejor acobija.
Pedí la soledad sin cereza y ahora ha crecido en
la palabra la sensación cremosa de la compañía
Y es que yo me encuentro en su composición láctea
Dejando en mis papilas ese sabor a eternidad.
Poetoide con vocación de Clown. Esperando por Waits o el milagro que vendrá, lo que ocurra primero.
Sofía
— Jimena González
Regresando el tiempo creo que me enamoré de una mujer. Yo tomaba sus huesos entre mis dedos, ella me rodeaba el cuello ella lo rodeaba todo. Es la imagen eterna de su ser bulimia y el orden de sus dedos: índice-cigarro-medio. Me decía “hasta el final” después del tequila, se acercaba a mis labios, después se reía y se tapaba la boca. Decía “llévame a la iglesia” y me enviaba fotos semidesnuda. Dormía en peces de cemento no dormía en noches psicodelia gritaba maldiciones al teléfono; no pude amarla suficiente lo lamento. Sus pechos eran evolución constante, me decía: Si comes cielo, se te quita el hambre. Nos escondíamos en casas inhóspitas, no teníamos miedo, o eso creíamos. Si pasan dos años y aún nacen flores pintando su cara regresando el tiempo sí, estuve enamorada. Lamía sus heridas, tiradas en el pasto era su perra con dedos verdes, mente mariposa y risa de delfín. Yo me quedé sus huesos, ella se quedó mi carne y de sus huesos y mi carne formamos humanoides.
La ventana
—Diane Di Prima
eres mi pan y el diminuto
ruido
de mis huesos
eres casi
el mar
no eres ni roca
ni sonido disuelto y
creo
que no tienes manos los pájaros como este vuelan hacia atrás
y este amor
se estrella en las ventanas
en las que no habla luz
no es el momento
de cruzar las lenguas
(aquí la arena nunca
se desliza)
creo que el mañana
te ha volteado con el pie desnudo
y que vas a brillar
brillar sin uso y bajo tierra
Cállate
— Jaime Bayly
No me digas que me amas
No me hagas promesas
No me hables del futuro
Como si el futuro existiera
No llames por teléfono
No mandes mensajes de texto
No escribas palabras calenturientas
No juegues conmigo
No resisto más
Que seas mi amante
a la distancia
Si de verdad me amas
Sube al primer avión
Toma un taxi
No te peines ni te laves las manos
No te compres ropa nueva
Y ven a verme
Y no me digas que me amas
No me hagas promesas
No me hables del futuro
Como si el futuro te perteneciera
Simplemente cállate
Bájate el pantalón
Enséñame lo que tienes para mí
Y demuéstrame
Sin decir una palabra
Agitándote conmigo
Si es verdad que tanto me amas
A mi edad, cariño
El amor no se mide por palabras
Se mide
(Perdona la franqueza)
Por orgasmos y erecciones
Y es así
Humanamente
Como quiero queme ames esta noche
Y todas las demás
Cállate la boca
Apaga el celular
Quítate le ropa
Y demuéstrame
Cuán duro y resistente
Es tu amor por mí
Los buzos diamantistas
—Renato Leduc
Una nítida noche, en que la pedrería sideral deslumbraba, los buzos-diamantistas, en santa cofradía, descendimos al mar... Puede ser —nos dijimos—puede ser que la luz de Saturno, diluyéndose, forme algún extravagante sulfato, alguna gema nunca vista jamás... Puede ser, nos dijimos ...
II
Lunarios opalinos. Academias rutilantes de nácar y coral, donde monstruos socráticos decían que sólo siendo feo se puede ser genial... Dialéctica suscinta de un sabio calamar: Seamos impasibles, sublimes y profundos como el fondo del mar, Si no por altivez, por desencanto imitemos el gesto del océano monótono y salobre... Es lo mismo que un astro se derrumbe, o que muera un gusano. Seamos impasibles como el fondo del mar
III Y después —Oh, adverbio ineludible— Una joven medusa iridiscente embrujó nuestros sueños... ¿Qué doncella mortal puede tener su encanto deleznable, y sus pupilas que fosforecen vírgenes de llanto?... Una vez nada más, entre dos aguas, contemplamos su grácil navegar. Como el rey Apolonio, ahora decimos: Yo tuve un nombre, un bello nombre que perdí en el mar.
IV En un cielo violáceo, bosteza Lucifer. El ponto está cantando su gran canción azul. Los buzos-diamantistas, en santa cofradía, volvemos a la tierra, a vivir otra vez. Traemos del abismo la pesadumbre ignota de lo que pudo ser...
Percibo lo secreto
— Nezahualcóyotl
Percibo lo secreto, lo oculto: ¡Oh vosotros señores! Así somos, somos mortales, De cuatro en cuatro nosotros los hombres, Todos habremos de irnos, Todos habremos de morir en la tierra… Nadie en jade, Nadie en oro se convertirá: En la tierra quedará guardado Todos nos iremos Allá, de igual modo. Nadie quedará, Conjuntamente habrá que perecer, Nosotros iremos así a su casa. Como una pintura Nos iremos borrando. Como una flor, Nos iremos secando Aquí sobre la tierra. Como vestidura de plumaje de ave zacuán, De la preciosa ave de cuello de hule, Nos iremos acabando Nos vamos a su casa. Se acercó aquí Hace giros la tristeza De los que en su interior viven… Meditadlo, señores, Águilas y tigres, Aunque fuerais de jade, Aunque allá iréis, Al lugar de los descarnados… Tendremos que desaparecer Nadie habrá de quedar.
Joven pareja
— Arthur Rimbaud
La habitación está abierta al cielo azul marino; No queda espacio: ¡Arcas y cofres! Afuera el muro está lleno de aristoloquias En las que vibran las encías de los duendes.
¡Seguro que se debe a intrigas de genios Esos gastos vanos y ese desorden! Es el hada africana la que ofrece Mora, y tejidos en los rincones.
Las madrinas insatisfechas entran En los aparadores de luz de la alacena, ¡Y ahí se quedan!, la pareja desaparece Con poca seriedad, y ya nada se hace.
El viento engaña al marido Todo el tiempo, durante su ausencia. Incluso espíritus de agua, malignos, Entran vagando por la esfera de la alcoba.
¡La noche, la amiga! La luna de miel Recogerá su sonrisa y llenará El cielo con mil cintas de cobre. Después tendrán que enfrentar a la rata maligna.
— Si no llega un fuego alocado y pálido, Como un disparo de fusil, después de vísperas. — ¡Oh, santos y blancos espectros de Belén, Hechicen antes el azul de su ventana!
Pequeño pterodáctilo
— Matthew Gregory
Por poco no lo vemos, cubierto con sus propias alas,
sobre el camino, bajo las hojas enmohecidas.
No lo toques. Morirá si lo descubrimos te dije,
pero en lugar de eso lo envolviste con tu jumper
y lo sostuviste entre tus brazos.
Nos lo llevamos, saco de ángulos y nervios, a casa.
Alguien pudo habernos visto. No lo sé.
Su pico era un diente de huevo embotado. Las patas (gomosas)
enroscadas hacia adentro, como si fuera un bebé.
Fue algo nuevo para nosotros.
No dormí esa noche. Cuánta desesperanza
en esos ojos: dos enormes preguntas incrustadas en el rostro.
Le construí una casa, martillando cada clavo
con la promesa de dejarlo ir
cuando llegara el tiempo.
La mañana siguiente lo sostuve, agitándose entre mis brazos
como un paño de cocina, mientras tú le ofrecías trocitos de filete.
No se los comió. Su pico se mantuvo inmóvil
durante una noche y un día enteros.
Nos preocupamos.
Eventualmente recobró calor, se levantó y comenzó a dar tumbos.
¿Había algo más infantil que aquel
pequeño pájaro de hueso, juguete de piernas chuecas
que mantuvimos cautivo
sólo por diversión?
Lo amamos con los ojos cerrados; simplemente y demasiado.
Ahora es más grande que nosotros y,
cada vez que despierta, se nos tensan las manos.
Esta noche es enorme como un capricho
dormido sobre nuestras cabezas.
Dios es un triángulo escaleno
Vicente Drü
Connect the dots
— Herson Barona
A está traduciendo un libro sobre sexo
entre primates y piensa si ya es tiempo
de mudarse con su novia. B me enseña
el desfase discursivo entre las fotos
y las descripciones de los hombres
que desfilan aleatoriamente en Tinder
en busca de algo que no tienen.
C balbucea y me da la espalda
para que la luz de la computadora
no le arruine el sueño. D me envía
una panorámica en la que caben
a lo lejos fragmentos de Alemania
Austria y Suiza y un mensaje que dice
«voy hacia Innsbruck».
E y F cogen poco porque los escucho
callar cada noche pero su cama es vieja
y está rechinando en el piso de arriba.
G escribió un poema que tiene fe
en un futuro sin fe donde el amor
y el sexo no sean cosas
distintas y donde nadie va a ocultar
que eso es lo que está buscando
«como en el supermercado nadie
disimula que busca pan o café».
H acaba de leer ese poema e intuye
o recuerda en el flashback de las etimologías
que todo texto es una red y que tal vez
hay una red que une sin que lo sepan
a una serie de personas que no se conocen
entre sí. H distribuye en la página una serie
de letras y una serie de acontecimientos
vagos y nimios que están ocurriendo ahora
mismo entre una serie de personas
que no saben que están en un poema.
H intuye o sabe o recuerda que no importan
los acontecimientos ni qué significan
los objetos y las personas para mí. H sabe
que adjudicar valores es ocioso
porque solamente existen el valor de cambio
y el valor de uso. H aprendió que a veces
te usan y a veces te cambian y no hay más.
H sólo quiere trazar las líneas invisibles
entre una serie de cuerpos dispuestos
aleatoriamente en una página. H quiere
unir los puntos entre esos cuerpos
dispuestos a todo y quiere ver la figura
que hacemos cuando estamos juntos
pero está muy cerca de las cosas y apenas
alcanza a ver el recorrido de la palabra
deseo bajo la sombra espesa del lenguaje.
— Munka Klangkollektiv