Decidí ponerle así a este capítulo porque justo coincide con los últimos días del mes de mayo y vaya manera de cerrarlo. Era lunes 28 y con permiso de mi jefe fui por mis análisis o a ver qué me deparaba el destino.
Recuerdo que llegué pero como era afiliado al IMSS no pude hacer más nada, ni carga viral, ni cd4, lo que sí tenia era la diarrea entonces no sé cómo me logré colar en la fila de atención de aquellos que van a la clinica.
- No he desayunado! Señorita tengo el número 01 cree que me de tiempo de ir por agua y un panquecito (sentía la boca tan seca, los labios tan secos que pensé si no tomo o cómo algo aqui caigo)
- No joven esperese es el primero
Dicho y hecho, a los dos segundos la doctora sale del consultorio y dice mi número.
Una vez dentro lo primero que me pregunta es:
- Entonces no te puedo atender ya tienes tus cd4 y carga viral?
- Tampoco me las dan el viernes
- Bueno el viernes vas con tus resultados a...
Justo cuando iba a empezar su letanía burocratica le dije:
- Doctora, me siento muy mal, tiemblo en las noches, en un día voy más de 6 veces al baño, tengo calentura, sudo por las noches, no me puede solo dejar ir, para mí no hay Viernes si sigo así.
Las caras de los médicos son frias y sin sentimientos, así deben serlo por todo lo que les toca ver y vivir, pero en su rostro algo se quebró y me dijo:
- Contéstame todo lo que te voy a preguntar (comenzó el famoso historial médico).
Fueron tantas preguntas, con cada una viajamos tiempo atrás y más tiempo atrás. Tantas alertas, tantas llamadas de atención a las cuales yo, un joven educado, profesionista, que se jactaba de su inteligencia en pleno 2018 no hacía caso.
Ahora sé que le llaman bicho, pues después de todo ese cuestionario definimos que el bicho llevaba en mi 5 años. La cara de la doctora fue de una desilusión muy honesta, como si no logrará entender que alguien como yo, publicista, con toda la información en la mano, me llevara hasta ese momento. Me dijo:
- Con nadie que tenga seguro me he tardado tanto tiempo, toma este papel, vas a ir al hospital La Raza (es un hospital enorme aquí en CDMX) una vez que tengas tus análisis.
- Y la diarrea? Y las medicinas? Y el tratamiento? (Yo tan inocente)
- Te voy a dar algo para la diarrea.
Me dio una receta y salí con mi nota de La Raza y mi receta para la diarrea.
Caminé en circulos, fui al metrobus, evidentemente había perdido peso y sentía que todos los que me veían sabían de mi condición, pero sólo eran ideas. La realidad llegó cuando en la farmacia doy la receta para la diarrea y la señorita ve un enorme logo de VIH. Me ve, me da la medicina y pregunta sin que yo se lo pidiera:
- Tome yakult o un yogurt de probioticos, le va a ayudar.
Ahi entendí que esto no era nuevo para nadie, sólo para mí.
Me fui a mi casa a seguir derrochando mi interior, toda la tarde, toda la noche.
Al otro día, martes, tenía junta con un cliente muy importante en sus oficinas (lo mencioné escuetamente antes, todavía soy publicista) subo al uber, vaya mi suerte, yo iba a polanco y por un error el tomó ignacio zaragoza, no me di cuenta hasta que abrí los ojos porque dormí un poco, pensé: "esto no es polanco".
Estres y más estres tanto que comence a reir:
- jajajajaja qué jodido estoooooy
No sé cómo pero el uber y yo lo logramos, llegué a la junta a tiempo, no es por vanagloriarme pero fue un éxito, nos quedamos con la cuenta, por un momento fui otra vez el que era antes: publicista en ascenso, exitoso por lo menos para mi círculo cercano, alguien más grande que mi condición. Fue bueno volver a sentir eso. Cabe mencionar que fui 2 veces al baño, al final de la presentación y antes de irnos, nadie cuestionó nada, ni mi peso.
Salimos de ahí rumbo a la agencia y el calor era especialmente sofocante, mi compañero de trabajo venía felicitandome y yo le pedí que sólo me dejara dormir durante el trayecto.
En la agencia todo fue dormir, ir al baño y esperar a salir. A mis compañeros de trabajo les dije:
En casa las diarreas, ya estaban mis roomies así que fui lo más silencioso que pude las 4 veces que fui al baño, me movía en la noche como gato, mis papeles, el imss, mi diagnostico, botellas llenas de pipi, fui a la cocina por unas bolsa negra y todo lo que era bulto y que me pudiera delatar lo puse ahi para tirarlo al otro día temprano que pasaba el camión de la basura. Sólo dejé una bolsa de suburbia con "las cosas importantes". Intenté dormir.
Me levanté como a las 9:20 am, todos los roomies se habian ido, me vi al espejo, parecía niño de África, se me veían los huesos del pecho, de la espalda, las piernas hechas dos popotes, "no puedo más me voy a la raza, no puedo morir en este cuarto".
Salí y pedi uber, me llevó por todo el centro de la Ciudad de México, la catedral, todos los rincones que amo de esta ciudad. En la radio sonaba una canción que estoy seguro era de Carlos Rivera que hablaba de morir de amor o algo así, yo pensaba, son señales hay que tener resignación, pensaba en mi familia pero mi postura fue: "los amo pero quiero descansar". De algún modo me rendí en el UBER.
Llego a La Raza, creo que me ven tan mal que me dejan entrar a todos los lugares, me dice una señorita:
- Sí te atendemos hijo pero necesito tu carnet del IMSS
- Maldición sí lo tengo, pero está en la casa, en la bolsa de suburbia, sí me da tiempo de ir por él, regreso
Salí corriendo, pedi otro uber, supongo que los ubers de la zona están acostumbrados a llevar gente enferma o familiares, yo sentía que llevaba un muerto, llegué a la casa, le dije:
- Claro que sí, usted tranquilo
Qué bella conductora, me vio tan nervioso que me intentó tranquilizar.
Subí por la bolsa de suburbia, no estaba donde la dejé, no estaba en ningún lado, entre mi caos nocturno también la tire a la basura, con mi carnet del IMSS.
Entro en pánico: "esto no es real" "no está pasando" "es obra del mismísimo diablo" "quiere que me mate pero no lo va a lograr" "qué hago" "qué hago" pues regresar.
La conductora del UBER tomó sus propios atajos, llegó rapidísimo, bajando sólo dijo: "mucha suerte joven, tranquilo".
Pasé la rejilla, esa que parece impenetrable, me dirijo sin decir nada a nadie hacia la señorita que me dijo que me atendía con mi carnet. Le dije:
- No encontré mi carnet, pero aquí hay una copia de mi numero de seguridad social, mi papel de la Clinica Condesa que me mandó acá, mi curp, por favor atiendame o me quedo afuera del hospital hasta que me dejen entrar.
- No se preocupe ahora lo atendemos.
Raro pero eso me dijo, fue por una médico de tono dulce, amable, coordial, me ve y comienza a hacerme las mismas preguntas que la médico de la clinica. Comienza a salirme sangre, la noto muy nerviosa, comienza a trabarse su habla, sus respuestas ya no son tan firmes, sale y pregunta por mi carnet, le comento que no lo tengo, le doy la copia donde viene mi numero de seguridad social y se la lleva, escucho que afuera dice: "voy a pedirle al doctor que lo ingrese" regresa a mí y lo último que me dice es: "te vamos a ingresar, te veo arriba". Me sentí bien, no era lo mismo estar en mi cuarto pasando todo esto que con médicos checandome. Me pasan a un cuartito: "desnudese, bañese, todas sus cosas de valor en esta bolsita y su ropa en esta otra" cuando termine espere aquí. Hice todo eso y cuando por fin me senté a esperar, despojado de toda vanidad, con esa bata que identifica a los enfermos, descanse: "Que sea lo que Dios quiera, sólo quiero descansar". Pasaron varios minutos hasta que llego una silla de ruedas, me llevan hasta un elevador, también llevan a alguien en camilla, se abren las puertas y un pasillo largo me recibe.
Todos se ven tan fragiles, demacrados, terminales, "a caso yo me veo como uno de ellos?" no sé, sólo dejo que me lleven. Me asignan cama, es la 125, vuelve la doctora que me recibió y dice: "llevenlo ya a otorrinolaringología". Me llevan, cruzamos un patio enorme para llegar ahí, entramos al hospital que realmente es La Raza (yo todo el tiempo estuve en un pabellon de infectologia) tanta gente, tantos padecimientos, tantos familiares, todos me veían con más lastima que a un niño de Teleton.
Me deja el enfermero y me dice:
- Ahorita la doctora te va a tomar unas muestras, espera tantito.
Me deja en su consultorio y en cuestión de minutos me toma radiografías de mi mentón y no se cuánto más. Ve su computadora, me dice alza la cabeza me mete algo agrio por la nariz (anestesia) y me cauteriza.
Yo mientras estamos ahí en silencio le digo:
- Señorita me puede explicar que hizo.
- Llámeme doctora por favor no señorita
Ok la cague, mi mente no estaba precisamente pensando en el empoderamiento femenino.
- Lo que usted tiene sólo es una lesión en una vena de la nariz, se lo cauterice, no veo nada anormal puede regresar.
El enfermero me lleva de nuevo al pabellón de Infectología donde me hacen más estudios y radiografías. Por fib me meten a un cuarto con 4 camas, dos ocupadas, una vacía y la mía, la 125.
Un señor que está en muy mal estado está a mi izquierda y frente a mi la cama 124 ocupada por un chavo de 37 años al que llamaré R, la primer persona que yo conocía con VIH y quien a pesar de sus padecimientos me enseñó todo.
No imagino un cierre más épico para mayo que éste.