La Democracia que Quiere Callarnos
Con el surgimiento de las nuevos medios de comunicación y el fin de gran parte de su control por los Estados, son hoy algunas corporaciones de las llamadas sociedades democráticas las que se plantean cómo controlar y censurar a la palabra, mientras alardean el triunfo de la libertad de expresión.
El último ejemplo que me llamó la atención fue la reedición de su propia serie documental sobre el septiembre 11 de 2001, día de la caída de las torres gemelas de Nueva York, a la que se vio obligado el cineasta afroamericano Spike Lee.
El periódico estadounidense The New York Times explicó que Lee y HBO, la productora, recibieron quejas de periodistas cuestionando por qué el cineasta concedió el mismo espacio de pantalla a la explicación oficial del acontecimiento, que a las teorías de la conspiración que arguyen, entre otras cosas, que el ataque fue ordenado por el propio gobierno de Estados Unidos.
Mientras desde la enseñanza tradicional del periodismo Lee sería elogiado por difundir información sin ser tendenciosa - por balancear las distintas visiones sobre un mismo acontecimiento - hoy son los propios periodistas quienes lo censuran abogando por quitarle al público el derecho de escuchar a una de las partes. Finalmente, el debate sobre la causa del acontecimiento fue eliminada completamente del último episodio.
Otro caso menos reciente pero de mayor peso por lo increíble del atrevimiento, fue la decisión de Facebook y Twitter de censurar el año pasado la voz del entonces Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al sumarse al discurso demócrata sobre su responsabilidad en invitar a sus seguidores a la violencia, causando, por ejemplo, la irrupción de la muchedumbre en el Capitolio, sede del Congreso de ese país.
El propio Edward Snowden, exiliado en Rusia por dar a conocer el espionaje del gobierno estadounidense sobre su propia población, hizo notar que estábamos frente a una lucha por el control de la palabra, en la que algunas empresas enfrentan a todo aquel que represente un serio desafío a los mercados.
Finalmente, tenemos el caso de México dónde se da una verdadera inversión de los papeles entre lo que fue el Estado censor y un sector de la prensa.
Las voces del Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y sus funcionarios, hoy son las que son excluidas o sacadas fuera de contexto, con el fin de dar fuerza a todas las palabras opositoras que han logrado unificarse en un pensamiento único contra el gobernante.
El ejemplo más significativo lo tenemos en Fernanda Familiar, la conductora radiofónica, quien dijo al aire tener el derecho a dejar de informar todo lo que dijera AMLO porque se dedica a difundir solo noticias falsas.
Las sociedades democráticas, orgullosas de la libertad de expresión, están dejando una sombra a su paso, que es la de las voces y los discursos prohibidos que resisten el peso de los paradigmas que se muestran como evidentes al público, pretendiendo que no requieren demostración y por tanto cuestionamiento alguno.
En ese lugar están los discursos nacionalistas cuya articulación y fundamento, prácticamente carecen de toda difusión pública que los haga parecer congruentes, lo mismo que cualquier otra ideología que implique una intervención del Estado en la economía, como el socialismo y el comunismo.