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@qham
corey fogelmanis
lorelei.
— Tus oídos no están listos para escuchar eso… así que tendrás que guardar tu curiosidad para otra ocasión — dijo mientras se atrevía a despeinar un poco al príncipe Quentin quien con un par de centímetros más, estaría a la altura de la rubia — Demarcus no suena mal pero… aquí yo únicamente obedezco así que ese nombre no se vuelve a pronunciar — se acercó la mano al a boca para hacer una señal de que cerraría ésta misma — Para nada… tan solo disfrutamos de la noche ¿verdad Quentin?— volteó a mirar al infante, a lo cual el pequeño asintió más de una vez con emoción — … es la última antes de volver al Palacio… por cierto, ¿quieres que te ayude a limpiar eso alteza? — señalo la vestimenta embarrada de pastel, a la cual poca atención prestaron por la impresión de los nombres
“No me digas eso, Lorelei. Lo haces sonar tan ilegal,” achicó los ojos en su dirección, casi mirándola con extrañeza. “¿No suena tan mal? ¿en serio? Demarcus suena muy pomposo. Sólo con ponerlo al lado de Quentin, o de cualquier cosa, suena como nombre de alguien serio.” Y no es como que él no fuera un ente serio, pero parecía molestarle de manera casi infantil. Como quien detesta que le llamen por su nombre entero en vez de su apodo. “¿Es tu cita o algo?” bromeó, soltando una risilla fugaz. “Sólo juego, sólo juego. Podrías ayudarme, sí, pero no es tanto. Sólo me salpicó. No cómo a esa pobre chica que se fue lloriqueando por su atuendo,” miró en la dirección que la mujer corrió. No se veía por ningún lado. “¿Qué planeaban hacer ahora?”
Una silueta apenas distinguible había capturado la atención y mirada del tercer príncipe danés, quien atraído por el hipnotizante vaivén de las olas del mar se había alejado algunos metros del sitio en el que la fiesta se estaba desarrollando. Los planes de diversión, distintos de los que mantenían entretenidos al grupo de cuerpos danzantes que dejaba atrás con cada paso que daba, conducían cada sigiloso movimiento que realizaba en busca de sorprender a quien deseaba convertir en su víctima.— Cuidado —advirtió, y una de sus manos se dirigió a la espalda ajena, amenazando de manera inofensiva con colaborar en el encuentro de su cuerpo con el agua.— Es peligroso pararse tan cerca del agua.
Habían muchos ebrios y pocas personas pensantes, se le antojó, por lo que la soledad parecía la mejor opción. Eso fue lo que lo guió a la orilla del mar. Una mano en la espalda lo sorprendió sólo un poco, que parecía estar atento a todo lo que sucedía a su alrededor, mas luego entendió que sólo se le aconsejaba ser precavido. “Sólo es peligroso si le quitas la vista de encima,” replicó con suavidad el menor inglés, con la mirada puesta en la arena mojada y sus oídos prestando atención a los sonidos emitidos por el mar. “Te pones a conversar, ver la cara de la persona con la que hablas, y no te das ni cuenta y tienes el agua hasta las rodillas.” Siguiendo su propio consejo, Quentin no quitaba su mirada vigilante del mar. “Es tan cierto que podría ser una ley.”
“¿Te crees que yo regalo la droga?” preguntó, soltando una risa burlona. “Es de la mejor calidad que vas a encontrar, así que me pagas o no hay nada” le dijo a la persona que se le había acercado en la fiesta.
“Estoy seguro que sólo un estúpido regalaría la droga cuando parece ser un negocio muy rentable,” respondió ante la pregunta, aunque sabía que no era una cuestión que necesitara una respuesta. “¿Es natural, o es de esa que te funde el cerebro?” Porque no planeaba arruinar su preciado cerebro.
─Vaya lugar eligieron para festejar…─vociferó la castaña una vez que llegó al lugar mientras escondía sus manos en su saco. Claramente no estaba del todo cómoda pero debía cumplir sus responsabilidades.
“No es el lugar más placentero, pero por alguna razón todos la pasan bien en la playa,” se encogió de un hombro. “¿En lo que a mi respecta? No le encuentro el gustito. Hace mucho frío, se me mete arena en las zapatillas, y al aire libre las personas se embriagan más rápido.”
texto to ⇢ little bro
Alexandra: Y me involucra en ellos, me prepara según el
Alexandra: A veces, cuando hablas así, siento que hablo con algún miembro del parlamento, pero luego recuerdo que eres él bebe de la casa y se me olvida
Alexandra: Que bueno, no quiero que te pase nada y además por si las dudas, compre antes de venir
Alexandra: Cállate, es mi mascota y lo amo
Alexandra: ¿Una ganilla? Wow, eso sí es peculiar
Alexandra: Lo quiero conocer
Quentin: Quiere que lo imites, a mi me parece. ¿O te deja tareas para que desarrolles tus propios métodos?
Quentin: Cuando seas reina tal vez yo sea un miembro del parlamento. Eso sería interesante.
Quentin: Yo también lo amo. No lo hace parte de mi, pero lo amo. Igual que a mi gata.
Quentin: ¿Quieres conocer a la gallina, o al chico de la gallina?
lorelei.
Se sintió un poco apenada por ser la causante de aquel terrible desastre en el vestido de la chica pero no podía parar de reírse, peor aun cuando el príncipe Quentin fue victima de alguna forma de aquel incidente. “Oh vaya… lamento la confusión su alteza…” dijo mientras disminuía sus risas y su mirada iba de un Quentin pequeño a un Quentin un poco más alto “Bueno… ya no es necesario presentarlos, dudo que a alguno de los dos se le olvide el nombre del otro…” volvió a reír, uniendo sus hombros en un pequeño movimiento
“¿De dónde sacaste a éste Quentin?” escudriñó al menor, rosándose el mentón con una mano, como si el otro no pudiera entender inglés común y corriente. Su mirada se fijó en ella en el momento que la otra los presentaba y Quentin sonrió, con una extraña expresión en el rostro. Si era honesto, nunca había conocido a otro Quentin. “Sigue siendo muy extraño, si. De todos modos, me niego a que me llamen Demarcus o cualquier otro disparate,” rió, asintiendo a ambos como diciendo: De verdad, mi segundo nombre es Demarcus. “¿Cómo hago para tener la energía que tienen ustedes dos? Siento que ambos se tragaron una máquina de algodón de azúcar. No es como que eso sea posible de alguna forma, pero creo que entienden el punto. ¿No?”
— ¡No, no! espera… — dijo entre risas mientras huía de un pequeño de 7 años, quien la perseguía con un pedazo de pastel. Lorelei, en un intento de permanecer limpia el resto de la velada, se colocó detrás de la primera persona que encontró, logrando así cubrirse de aquella rebanada de postre que tras volar por la habitación por uno segundos, termino en la vestimenta de la persona que uso como escudo. — ¡Quentin! Tu puntería es asombrosa — solto al instante sin poder parar de reír…
La familiar voz de la inglesa sumado a su nombre le hizo darse vuelta, ceño fruncido en su semblante, justo en el momento que el pastel se estrellaba en una pobre muchacha que salió corriendo gritando algo sobre su atuendo. “Pero si no estoy tirando--- Oh.” Su mirada se fijó en un menor. “Oh,” repitió, como si recién saliera de un estado de shock. “Creí que te referías a mi, Lorelei, pero veo que te encuentras en la compañía de otro Quentin,” casi celoso sonaba ese marcado acento londinense, mirando a la dama con ojos entrecerrados.
texto to ⇢ little bro
Alexandra: Lo siento, tuve que quedarme por unos asuntos con nuestro padre
Alexandra: …a veces siento que tú eres el que tiene 30 y yo la que tiene 18
Alexandra: Pero buena respuesta ;)
Alexandra: ¡Claro que sí! Sin Arnold no soy persona ¿trajiste tus pastillas para la alergia?
Quentin: Padre siempre tiene asuntos.
Quentin: Carezco de experiencia para los años que me pones encima, aunque reconozco que poseo bastante conocimiento como para tener el nivel de madurez que un adulto de treinta años podría (y debería, por favor) poseer.
Quentin: Creí no haberlas traído, pero las traje. Gracias al cielo. Si no, sería todo estornudos y lágrimas a estas alturas.
Quentin: (Mira como no comento nada sobre el hecho de que en realidad sin Arnold puedes seguir siendo persona).
Quentin: ¿Sabías que hay una persona aquí que tiene de mascota a una gallina? Peculiar.
texto to ⇢ little bro
Alexandra: Adivina
Alexandra: ¿Quién es la hermana más hermosa y genial del mundo?
Alexandra: ¿Y acaba de llegar a Dinamarca?
Quentin: Ya era hora.
Quentin: Por cierto, es imposible que seas la hermana MÁS hermosa y genial del MUNDO cuando no existe un estudio que demuestre las cosas que hacen a una hermana "genial", sin distinguir culturas, etnias, modo de crianza, etc. O, por otra parte, algo que determine la belleza como algo cuantitativo.
Quentin: Pero entiendo tu punto y diré que tú.
Quentin: ¿Trajiste a tu perro?
En familia
Estar más a gusto que un batallón de gatetes al fresco 😸
miska.
Ante las palabras del chico, ladeo suavemente la cabeza mientras una sonrisa aparecía en su rostro, pensando en eso por unos segundos antes de hablar nuevamente. “Entonces ¿eran bonitas, pero a la vez feas? Esa es una comparación interesante, digo feas en el sentido que utilizaban todo lo que tenían a su favor” hablo realmente encantada por eso, le parecía realmente interesante. Alzo una ceja mientras lo miraba. “Me quieres decir que ¿eres de Londres y no conoces del mundo de Tinkerbell? ¿L segunda estrella a la derecha y nunca jamás?” pregunto algo incrédula, ya que esa era una de las cosas más populares de donde el provenía. “Yo soy de Helsinki, está en Finlandia” hablo mientras se movía un poco en la banca, haciéndole espacio al chico para que se sentara a su lado mientras tomaba su vaso de café. “Dibujo paisajes y personas, depende de lo que me sienta inspirada o lo que este a mi alrededor” explico suavemente. “¿A ti te gusta el arte?” pregunto interesada.
“Sí. O sea, no son especialmente amigas de los humanos. Lo que leí también aseguraba que son, de alguna manera, vengativas. Pero este sentimiento nace de la ternura que le guardan a la naturaleza y la aversión que despiertan quienes se atrevan a maltratar la naturaleza--- claro ejemplo: los humanos” se sentó en el espacio que ella le dejó. Sus pensamientos le impedían entretenerse en cualquier otra cosa que no fuera ese momento. “Se creía que cambiaban niños por hadas que lucían exactamente como los niños que raptaban para mezclarse con los humanos. Es todo muy interesante, recordando tal información. Gracias por hacerme pensar en el tema” lucía extrañamente feliz, pero la extrañeza se iba si se tenía el conocimiento del amor que sentía el príncipe por el saber. “Te puedo decir que estoy familiarizado con el mundo de Peter Pan, y todo el épico acto de los niños, Wendy y Peter volando frente al Big Ben y todo eso---” rió, dándose cuenta de lo poco claro que había sido anteriormente. ¿Qué clase de muchacho inglés sería si no conociera a Peter Pan? “Pero tengo entendido que Tinkerbell tiene todo un mundo aparte. Como personaje con diálogo, historia propia--- blah, blah, blah ¿O no?” alzó ambas cejas con la genuina duda en sus facciones. “Helsinki” repitió, asintiendo con la cabeza. No conocía demasiado el lugar como para comentar específicos. “Una vez fui para allá, pero no recuerdo para qué. Recuerdo, sí, que se me calaron los huesos” y es que había aparecido en temporada de invierno. “Me siento inclinado a decir que sí, aunque tengo que admitir que sé poco y nada del tema. Me atrae mucho la arquitectura, el dibujo técnico, que creo que clasifican como arte de igual forma. Pero no soy un ser muy artístico, para nada. ¿Te dedicas sólo al dibujo, o también a la pintura y la escultura?” inquirió.
QUENTIN & EVA ELLINGHAM. --- @evvv4
miska.
Alzo la mirada al escuchar las palabras del chico, un tanto extrañada por sus palabras, pero aun así no pudo evitar sonreír suavemente, dejando de lado su dibujo. “Eso es cierto, normalmente hay más de todo en los cuentos de hadas, pero tienes que admitir que tiene su magia” hablo suavemente para después hacer una mueca por sus palabras. “Prefiero pensar que las hadas son bonitas, ya sabes como Tinkerbell y no feas” negó suavemente con la cabeza para después ver nuevamente la imagen frente a ella. “Este paisaje, es hermoso, es perfectamente blando, eso es lo que me gusta, me recuerda a casa”
“Creo que haber leído en algún lugar de que a pesar de tenebrosas, las hadas eran extraordinariamente hermosas. Claramente usaban esta belleza para fines un tanto egoístas, como la conservación de su especie y... básicamente para conseguir lo que querían,” dejó que se le escapara una risilla, mientras con atención observaba a su acompañante dibujar. “Tengo que admitir que no estoy familiarizado con el mundo de Tinkerbell”. Y, aunque un tanto extraño, era cierto. “¿Te recuerda a casa? ¿De dónde eres? No me he puesto a estudiar mucho la ciudad, pero Copenhagen igual me recuerda a mi casa. A Londres.” Razón suficiente para él para ponerse a estudiar la ciudad y ver qué tan certeras eran sus percepciones. “¿Sólo dibujas paisajes o también dibujas otras cosas?”
zala.
Apoyó uno de sus dedos en su cien, percatándose como cada partícula de su cerebro se derretía por la simple voz ajena que ella percibía a modo de aullidos. “Dios, lo último que necesitaba a ésta hora era una clase de anatomía humana.” soltó, demostrando un tono burlón en su habla, tratando de camuflar la impaciencia que incrementaba. No debía tratarlo mal si necesitaba su ayuda. “Lamentablemente, las pastillas que tengo en mi bolso tienen otro tipo de efectos. Y no estoy de humor para esas.” no reconocía al contrario, aunque un nombre parecía asomarse a la punta de su lengua. “Si tan sólo hubiese un educado joven que me ofrezca un trago.“ tan sarcástica como su propia sangre le obligaba a ser, curva socarrona bosquejando las facciones. “Ah, ¿quién soy yo para hablarte de modales?” un suspiro con la fragancia del vodka impregnado en él se escapó de sus pétalos. “Experiencia y buen olfato. Fumé un poco y lo único que hizo fue darme sueño.” tomó el pequeño sobre invisible con sus manos y lo tiró al pasto de los jardines, con las esperanzas de que algún idiota lo encuentre y se ilusione. “No planeo hacer nada. El pobre bastardo que se quedó con mi tapado puede soñar que encontrará sus llaves.” soplido traspasándose por el discurso, se abrazó a la campera de cuero, la cual carecía de abrigo. “Pero si tanto te interesa, puedes hacerlo tú.”
Se le cruzó por la cabeza el hecho de que no había mencionado nada sobre anatomía humana, pero pasó el comentario porque sabía que estaba demás. “Tengo muchas ganas de preguntar qué pastillas son esas que mencionas, pero--- bueno, no me incumbe” rió, y su brazo se estiró en su dirección con la botella, ofreciéndole de su bebida. Asintió ante su explicación, satisfecho con la respuesta, mas las palabras que respondían a su segunda interrogante, tenía que admitir, eran un poco decepcionantes. ¿La razón? Por algún motivo, se había hecho la idea de que la princesa croata tendría ideas locas e interesantes dado el escenario, y estaba dispuesto a la oportunidad de unírsele, en el caso de que tales ideas fueran compartidas con su persona. “Llámame prejuicioso, pero cuando mencionaste que te encontraste llaves de un vehículo y marihuana medicinal como si fueran algún premio por quedarte con una chaqueta ajena o un pago porque otro sujeto se quedó con tu... ¿cómo lo llamaste? ¿tapado? En fin, pensé que se te ocurriría buscar el auto, y, no sé, tal vez hacer algo, cualquier cosa, con el. Son muchas las posibilidades.” Si hubiera algún concurso de personas arriesgadas, él probablemente saldría de último, pero como cualquier joven de dieciocho años, por muy genio que se creyera o fuera, sentía interés por la aventura. Sobretodo si se le presentaba en bandeja de plata y con aparentes no repercusiones legales.
La bienvenida al sol comenzaba a materializarse en el cobalto cielo que cubría a Copenhague, madrugada amenazando con llegar a su fin. Sus descalzos pies se extraviaban en la oscuridad del césped cetrino, los finos zapatos que utilizó horas atrás colgados de sus dedos. Sentía que una marcha transcurría en las paredes de su cabeza, entrecerrando sus ópticas en un intento de apagar el insufrible sonido. Su tapado de piel característico había sido reemplazado por una oscura campera de cuero, de la cual desconocía el dueño. La tanteó en busca de algún remedio que logre sacarla de su penuria, mas terminó descubriendo con otra cosa. “Claramente fue una buena noche cuando encuentras marihuana medicinal y llaves de un auto en los bolsillos de una chaqueta que no es tuya.” le comentó al contrario, ciertos aires de victoria hilando las sílabas. “Pero ni una puta aspirina.”
Quentin se encontraba despierto a esas horas por razones muy distintas, le parecía, a la otra. De partida, no bebía, y la otra vaya si tenía pinta de haber bebido bastante. “Una aspirina para la resaca de hecho puede irritarte el estómago. Así que, no sólo seguirías con resaca, pero también tendrías molestias en la barriga” apuntó, como consejo, a la que reconocía como princesa de Croacia. No mostró interés en la marihuana medicinal ni en las llaves del vehículo, porque no le llamaban la atención sin que la otra mencionara que pretendía hacer con ellos. “Si quieres tomar pastillas, te sirven las típicas para el PMS--- ibuprofeno, naproxeno de sodio. Las encuentras en todas las farmacias, y me atrevo a decir que incluso tus conocidas podrían tener de reserva. O tú,” se encogió de un hombro, y se sirvió un sorbo de su Gatorade. “Una de estas también te vendría bien,” agitó su bebida antes de volver a taparla. “En fin, ¿cómo sabes que es marihuana medicinal y no recreativa? ¿Y cómo planeas descubrir a qué auto pertenecen esas llaves?” eran las dudas que cruzaban por su mente, tan acostumbrado a saberlo y deducirlo todo.
No había dormido nada la noche anterior, por lo que al ver el sillón en la sala parecía que este le estaba llamando. No sabía cuánto tiempo estaba dormido hasta que un fuerte sonido lo despertó, el cual provoco un susto en el mexicano. Lo primero que hizo fue patear a algo…o específicamente a alguien. Rápidamente se sentó, aun con la niebla del sueño, pero comenzó a hablar rápidamente. “Lo siento, lo siento ¡No quería patearte!”
Sólo habían tres personas ocupando el lugar: el sujeto que dormía, la doncella que limpiaba, y él. Los dos despiertos tenían una silenciosa pero acalorada discusión sobre un tema que a ambos les interesaba, mientras el menor dedicaba todo ese tiempo libre a armar una maqueta en el interior de una botella. Quentin raramente perdía el control, pero había un punto en específico que necesitaba todo el énfasis que él le podía dar, y un rápido movimiento de su brazo envió la botella (y su trabajo) directo al suelo. El vidrio impactó contra el piso y naturalmente se quebró, llenando de ruido un dormitorio en el que abundaba el silencio. Se despertó el único de los tres que se encontraba en el mundo de los sueños, y su pie fue a impactar contra el trasero de la doncella que se agachaba para limpiar unas figurillas, seguido de una rápida disculpa que hizo al príncipe inglés reír de lo lindo. Todo aquello pasando en cuestión de segundos, la señorita miró con extrema ofensa al mexicano y le lanzó una cachetada antes de salir a zancadas de la habitación. “Ok, ahora es cuando me toca a mi disculparme por despertarte en primer lugar. Seguramente si no fuera porque estúpidamente mandé mi maqueta a la perdición seguramente no te hubieras ganado la cachetada, hermano. Lo siento mucho” se llevó su mano al pecho, genuinamente lamentándolo, aunque no lamentaba la risa que se había ganado la coincidencia de todos los actos juntos.