Ambición, le decía él, pero para ella era un plan de vida más que justificado. Siendo la última heredera y por ende la que menor posibilidad tenía de llegar a la corona, tenía que apañárselas para conseguir lo que buscaba. Y eso era el mundo entero. “Por supuesto que tengo esa parte de mi vida planeada. Pero no me preguntes por otra cosa, porque no sabré la respuesta y diré que mi plan es salir de fiesta y embriagarme hasta desmayarme.” confesó encogiéndose de hombros, siendo totalmente sincera al respecto. La vida nocturna era después de todo su pan de cada día y su plan de elección. “¿Que si tengo en mente a quién quiero llevarme a la cama? Pues a decir verdad sí, pero sólo por físico. No existe ningún hombre relevante que me llame la atención de forma no carnal.” y con eso tampoco mentía, qué decir. Además de que hablar de eso con su hermano llevaba cierto morbo que la ponía de buen humor, como si estuviese segura de que la conversación terminaría incomodando al mayor. “Está en ti averiguarlo. Puede que tu cabeza ya figure dentro de mi lista, mas no lo sabrás hasta que sea demasiado tarde.” habló con tono sombrío, casi profesional. Llegó a deleitarse con la posibilidad de sembrar en él la duda de si era capaz de llegar a tales extremos. A veces ella misma lo ponía en duda. “Es decepcionante que confundas la honestidad brutal con grosería. No es mi culpa que haya nacido para decir verdades a la cara.” se despojó de culpas sobre insultos a terceros, pues no estaba para nada interesada en ser educada y amable. Eso se lo dejaba a aquellos débiles a quienes terminaban pisoteando. El cambio de tema le hizo fruncir los labios, golpeándose mentalmente por haberlo sacado a colación. No obstante no se permitió cambiar de expresión o utilizar una muy drástica, no queriendo ser sincera en ese tópico. “Perfecta, como siempre. Esperaba un poco más de adrenalina de todo este teatrito.” señaló el lugar con el índice. Por supuesto que no admitiría lo mal que lo había pasado, o que su cuello aún ardía por el ataque que había sufrido. Los moratones habían sido cubiertos por maquillaje —tanto los del cuello como los de su pómulo— y dudaba que fuese capaz de verlos. Eso esperaba, al menos. “Papá y mamá no se han comunicado conmigo, pero supongo que están vivos también. Cool.” el tinte de decepción no fue del todo invisible, a pesar de que intentó sonar como si no haber escuchado de ellos no le hubiese afectado.
Las palabras de su hermana habían dado paso a que una pequeña sonrisa se formara en su rostro, en ella reflejándose lo que cruzaba por su mente respecto a sus ideas. — Yo solía pensar de manera similar antes. A veces creo que pasé por esa etapa demasiado intensa y rápidamente, tanto que ahora me siento en mis cuarenta —admitió, preguntándose internamente si aquello le ocurriría alguna vez a su hermana. No lo creía imposible, pero tampoco estaba seguro de que en algún momento ocurriera; aún cuando no le gustaba mucho admitirlo, ni siquiera consigo mismo, no conocía demasiado a Hella. Desconocía si la forma en la que se mostraba era una representación fiel de quien era en lo más profundo de su ser, no tenía forma de saber si aquello no era más que una construcción de años y años que mantenía oculta a la persona que pocos o quizá nadie conocía. O mejor dicho, no había puesto el suficiente empeño y dedicación en descubrirlo. Aquello lo llevaba a no tener idea de qué esperar de ella para el futuro, por lo que el aprenderlo con el tiempo parecía ser la única opción disponible.— Ah, Hella —rodó los ojos y dejó que su cabeza se recargara contra la pared en un gesto de clara molestia.— ¿Cómo te sentirías si yo comenzara a compartirte mis pensamientos menos puros con tanta libertad, eh? —lo dijo convencido de que el asunto le causaría tanto rechazo como a él, que se mostraba incapaz de disimular su desagrado siempre que ella abordaba el tema.— Puedes pedirme que renuncie al trono y lo haré, no es necesario manchar tus manos de sangre para obtener eso de mí —quizá y hasta le vendría bien la excusa si el momento se presentara, aunque de más estaba decir que no se estaba tomando aquel asunto con la seriedad necesaria. Ni siquiera podía imaginar el estar sin sus dos hermanos mayores para hacerse cargo de ello.— ¿Debo suponer que no has hecho ninguna nueva amistad, entonces? Lo comprendería si fuesen todos príncipes responsables y aburridos, pero tengo entendido que van bien con tu estilo de vida —no se había permitido descubrirlo por sus propios medios, sin embargo.— No sabes lo que dices. A Aren casi le rompen la nariz... Imagina si te hubiese ocurrido lo mismo, ¿qué harías sin lo único más o menos bonito que tienes? —su diestra dibujó un círculo en el aire alrededor de la nariz ajena, mientras sus labios se curvaban en una ligera sonrisa.— No suenas muy alegre con la idea. ¿Tenías esperanzas de que la revuelta nos dejara huérfanos? —la observó con atención, recordando gracias a sus palabras esa preocupación que giraba en torno a su progenitores. No habían dado información sobre el ataque que había ocurrido, nada descartaba que ellos hubiesen sido los protagonistas, pero intentaba no dejar que sus pensamientos rondaran demasiado alrededor de esa idea.