Fleur Jaeggy e Ingeborg Bachmann fueron grandes amigas desde comienzos de los años sesenta hasta la muerte de Bachmann en 1973. Jaeggy ha explicitado que su escritura fue ostensiblemente influenciada por la prosa de Bachmann.
El dolor, la ralentización de la vida, hacen que el tiempo parezca demasiado largo; pero los años se van siempre con la misma rapidez. Paso días enteros observando la naturaleza, el gradual serenarse de la naturaleza: en esos momentos, todas mis ideas se tornan vagas, indecisas, la tristeza salvaje se posa en mis ojos sin cansarlos y mis miradas yerran sobre las piedras que me rodean; cada lugar es un amigo que veo nuevamente con placer. Lugares que no conozco se convierten para mí en una suerte de propiedades; hay uno, allá arriba, en lo alto del acantilado, donde las jorobas calcáreas decrecen ceremoniosas y letárgicas hacia el agua; y casi me parece que una oscura reminiscencia me dice que viví allí en lo alto, o en el agua, en tiempos lejanos, cuya huella exacta se me ha borrado. —Fleur Jaeggy, Las estatuas de agua. Traducción de María Ángeles Cabré. Novela dedicada a Ingeborg Bachmann.









