The Wilmington Morning Star, North Carolina, December 29, 1918

⁂

titsay
I'd rather be in outer space 🛸

oozey mess
we're not kids anymore.

if i look back, i am lost
cherry valley forever
Game of Thrones Daily

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Cosmic Funnies
ojovivo

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🪼
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@quemolasnaves
The Wilmington Morning Star, North Carolina, December 29, 1918
La versión de "Ella ya me olvidó", por Buenos Muchachos en el homenaje musical de Segunda Pelota. 17 de junio, 2016.
22/10/17 - Feliz año nuevo
Loco, no puedo más
No puedo más que esto
Esto, que señalo en el aire, en lo invisible
Todo esto
Es lo que me pasa
Y hasta donde llegué
Lo abstracto siempre pesó más
_________________________
Siento un oído nulo
En realidad, no lo siento
Es como si estuviera dormido
O si se hubiera vangoghizado
Hasta que hablo y todo se escucha rarísimo desde adentro
Como rebotando una y otra vez
Y ese rebote
Puede enloquecer
- - - -
¿Cómo será vivir en un tren?
¿Se puede considerar “vivir”, “habitar” al pasaje de uno por un tren?
(Me gustaría apoyar la frente en la ventana de un tren ahora. Y tractractrac mecerme hasta dormir)
______________________________________________________________
Escribir es recordar. Escribir es despertarse. Escribir es definir. Escribir es subir la radio a volumen alto y prestarle atención a la música de fondo del programa. Escribir es observar. Escribir it’s ok, dame siempre lo que pidas. Escribir es mover los dedos a velocidad mental y siempre quedarse corto. Escribir es hablar de la luna y escribir luna, blanca, redonda, exquisita, nocturna, soleada, ausente, melancólica pero luna, planetas, nieve, mar. Escribir es tirarse al mar. Y no hacer la plancha. Escribir es zambullirse con los ojos semiabiertos. Escribir es salir de la oscuridad a la luz del día y no afectarse tanto. Escribir es agarrar el lápiz y contemplarlo hasta que la magia se desprenda con chispas de la punta. Escribir son los cigarros que fumaste muchas veces y nunca más fumás (hasta fin de año). Escribir es mentir porque sí. Escribir es el plac de la gotita de la canilla estallando contra la pileta. Escribir es sentir Ella ya me olvidó en cada parte del bendito cuerpo. Escribir son veinte años de no entender nada. Escribir es animarte a decir lo más sincero e intrascendente que alguna vez puedas haber pensado. Escribir es escribir la biblia y vomitar un tango. Escribir es sentir tu barrio, el pétalo caído de la Santa Rita en la vereda rota, gris, sucia y desencajada. Escribir es levantar la voz en silencio. Escribir es darle a la tecla una y otra vez una y otra vez. Escribir es dolerte hasta los huesos. Escribir solo cuesta vida. Escribir destrunca. Escribir abusa. Escribir es recordar. Cómo no escribirla en cada primavera si llega con la brisa. Escribir es olvidar. Escribir es café sin azúcar. Escribir es estar fuera de la sombra de la mirada del otro. Escribir es darle una piña a la pared solo porque la pared está ahí y vos tenés una mano. Escribir es agarrar el celular y encajar una nota porque no tengo lapicera de nuevo la puta madre. Escribir es ponerme palabras en la cabeza desfilantes. Escribir es escribir después de ir al bar solo a verte. Escribir es tocar con la lingua todo aquello que nos tocó antes. Escribir es abrazarse y trompearse dos por tres por dos. Escribir es mirarse al espejo interior una y otra vez. Escribir es ver al diavolo y aguantarle la mirada. Escribir es estar en tu barril sin que nadie se te acerque. Escribir es adjudicarle letras a todo. Escribir es la necesidad de salvar algo que no sabés qué es. Escribir es ego deformado, dolido, necesitado, manotazo de ahogado. Escribir es desahogarse y naufragarse. Escribir es sentarse y desinflarse. Escribir tiene que ser todo. Escribir es realizar. Escribir es retomar todo lo vivido y vivirlo de nuevo hasta sentir que viviste lo más inverosímil. Escribir es el rastro de whiskey al costado de la cama. Escribir es la mirada del felino en la nunca. Escribir es embocarle al blanco con los ojos bien abiertos. Escribir es tenerte bien cerca cuando estás algo lejos. Escribir es entregar. Escribir es el corazón en la manga. Escribir es embocar la llave. Escribir es cagar a patadas a la puerta porque no abre. Escribir es inventar la soledad trazo a trazo. Escribir es reinventar la soledad noche a noche. Escribir es contar las estrellas y desmayarte. Escribir es arrancar del pasado todo lo que ya no está y revivirlo a golpe de electroshock. Escribir es abrir la ventana, respirar hondo y tener un poco de ganas de llorar. [¿Por qué todo esto me lleva a la definición de escribir? Me detengo y pienso. Y no lo sé. Pero lo siento] Escribir es dejar de ser extraños. Escribir es reconocer lo extraño. Escribir es desautomatizar. Escribir es salvarte. Escribir es la musicalidad del solitario empedernido. Escribir es ver el piso azul de la sala de espera y pensar qué lejos que estás del mar. Escribir es contar la cantidad de focos de luz que podés dilucidar en una noche oscura. Escribir es pensar en calles oscuras, en verano, sin nadie, con silencio, con frío. Escribir es seguir la madeja. Escribir es darse cuenta que no todo está perdido pero que a veces se hizo muy tarde. Escribir es el reloj tic tac tic tac en la nuca. Escribir es volver a verme. Escribir es pensar en tu cara como si fuera mi cara reflejada en el vidrio de un portarretratos que no existe. Escribir son todas las estaciones hechas humo. Escribir es echar humo. Escribir es estar serio, y, de la nada, reírte de vos mismo. Escribir es no dejar de hablarte. Escribir es la esperanza de que me leas, y la certeza de que no tanto. Escribir es empezar a imaginar toda una historia hilvanada por la gente que se encuentra viviendo en un apartamento y se mira a través del agujero-espacio que la escalera rodea. Escribir es asociar. Escribir es unir. Escribir es atar. Escribir es atarte a lo invisible. Escribir es destinarte al olvido. Escribir es verborragia y ausencia. Escribir es escupir. Escribir es relatar. Escribir es pensar. Escribir es repensar. Escribir es alucinar. Escribir es hacer real lo irreal. Escribir es desinteriorizarte. Escribir es ir en el ómnibus y pensar cómo relatarías ese momento. Escribir es ver un cuerpo tirado en la calle y pensar cómo dejarías por escrito eso espeluznante. Escribir es para mí lo que no es para vos. Escribir es para mí. Escribir es la cereza. Escribir es la carga negra y oscura que guardo en algún rincón de adentro.
"I truly, truly, truly believe in the power of rock, real rock, not pop rock because when you are feeling down or something like with classical music you sit for two hours with Beethoven. Power rock, real rock, three minutes of it and you are transformed. You feel better, you are stronger. That's really, really true and it's still true but you need real rock and roll people to do it. Not just a boy band or something. It's all about real belief in the power of the heart" [And I wanted to play football for the coach]
Los Be Eme 18.10
Siento el amanecer en los huesos de nuevo
Y las ganas de llevarme la mano
Con la palma extendida
Hacia el pecho
Gritando un gol
(no sé si alguna vez grité un gol [mío])
Agarrándome de la camisa como si
Todo el vivir dependiera
De esa garra
Y cuanto más fuerte
Más siento
Estar agarrada de nada
De nuevo parada
En el borde
Siniestro
Con la entrega del salto.
Recuerdo al niño solo, al adolescente perdido que aún no es y a la joven entregada al mostrador que ya fue una y otra vez
Mismo.
Los ríos que se recorren
Con cada surco
Enterrado en el pecho
Unos caminos de tierra
Y piel
Que arden
Y se calman
Con la sal
Y la violencia
De la turba
Del desemboque oceánico
Allá, en el este
Donde nació el amor
Y se murió la inocencia
De dos, de tres
De doce.
Me vuelvo a los demás
Para volverme
A
Mí.
De nuevo,
Siento a todos los demás
En
Mí
Y cada palabra parece
Hundir un poco más
La carne
Hacia adentro
Y recorro el film de una sola toma, desde adentro de mi cabeza, desde atrás de mis dos proyectores castaños.
Y vuelvo a mirar todo el film.
Mientras espero otro verano.
Rushmore (1998) dir. Wes Anderson
Do you really wanna hold my dirty hands?
A propósito de la rola nº25
5-15-25
Traté de pensar en hechos, en “hitos”, esta nueva vuelta, este nuevo giro, el número 25.
Más de ¿60? toques. Tres veces Peter. Strokes. Dos Iggy. La adolescencia despidiéndose con una hermosa reverencia.
Pensé en noches y, realmente, perdí la cuenta. No lo digo esto como un acto de multiloquismo. Fue una vuelta con trifectas y redonditos de tricota que desafiaron cualquier memoria matemática. Aunque ahora me vaya a dormir a las 22.
Pensé en personas. Pocas. Dejé de pensar en cantidad, porque justo, en lo que a personas respecta, me quedo con y abrazo a mis amigos con más respeto, cariño y presencia que nunca.
Cuatro o cinco estrellas fugaces. Quiero un cielo rayado de estrellas fugaces. 26, te tengo fe.
Poca playa, poco mar y más tierra. También más ciudad. Más caminatas. Mucho Centro, menos Pocitos. Sano equilibrio.
Menos estudio, más laburo. Menos teoría, más práctica. Menos traducción, más idioma. Quemé naves.
A lo largo de mi vida me rodee de gente más grande que yo. No sé por qué, pero siempre me gustó rodearme de gente “más grande”, con más años vividos y me di cuenta que a mi ego retorcido le gustaba sentirse reconocida como una igual pero con la certeza de que esos más grandes reconocían y tenían presente mi ser “más joven”. El 2017 me sacudió un poco y me rodeó de niños a los cuales les parezco un ser multiviejo que va a morir rodeado de gatos. Me hizo bien el choque de sabiduría infantil.
Me llené de aire rico y fresco y empecé a desatar todos los nudos internos que no me dejaban moverme con mi propia cadencia. Soy un robot con discapacidad emocional en proceso de aceitado.
Lloré. Lloré sola. Lloré dormida. Lloré caminando, en taxis, saliendo de laburar, en el bondi, en el medio de la nada a 5500 metros de altura. Lloré borracha, acostada en la cama, y al otro día me desperté sin entender por qué había llorado. Me empecé a sacar las penas llorando. Me entregué al naufragio.
Vi a Saturno con un telescopio y me reí como una niña al comprobar que el anillo es de verdad y entendí por qué a la gente le llama tanto la atención. Es precioso. Es abismal. También vi una estrella roja quemándose como una bengala y no sé si entendí pero parece que esa estrella se estaba “muriendo” para transformarse en otra cosa. Y me encantó verla tan plena.
Sentí miradas con orgullo de mis padres y no sé muy bien por qué recién lo sentí cuando era 2 de octubre, pero me cayó esa ficha y se me llenó de calidez el cuerpo.
Empecé a observar que cada vez que yo llegaba de buen humor a la escuela, o con más paciencia, tranquilidad, paz, ese cucú interno más emperifollado y tierno, la clase transcurría mucho mejor. Y entendí, lo juro, lo vi, lo que significa recibir lo que das. Y me sigo comprometiendo, aunque me cueste un huevo y dos y tres, a estar más presente en esas tres horas de clase.
Me jugué las peores pasadas mentales. Me cuesta explicarlas. Me cuesta desenredarlas. Me creí cosas que nunca pasaron. Me di cuenta de la vida propia del bocho. Casi que corría. Me di contra muros más reales. Me calmé. Me di más crédito. Me dediqué a dejar de pensar por adelantado. Me hice presente.
Miré más para arriba que para abajo. La luna es muy linda.
Me es imposible calcular la cantidad de birra que ingerí pero puedo asegurar que no se fumigó ningún demonio. Se ulceró alguno. Hay formas de consumirse más hermosas, eso sí lo aprendí.
Pienso en una charla que tuve con una amiga, hace un tiempo, a propósito de ser feliz y dejarse de joder. No sé qué es ser feliz pero quiero ser feliz con esto. Con lo que hay. Con mi propia presencia y mi devenir. Quiero consumirme y quemarme por la vida misma, por lo que me gusta, por lo que activa el ronroneo de mi motor oxidado. Con esta mesa, este teclado sucio, Tom Waits borracho on the moon, Bob Dylan deschavándose todo cuando miente que ya casi ni piensa en eso que se desprende de cada verso que lo carcome, Holden extrañando al pibe más imbécil que conoce; con el viento en la cara, el pelo enredado, poca carga encima, el esternón latiendo, el recuerdo mezclado con olvido lacerándome los cubículos de la memoria y acentuando la estalactita izquierda, acompasando el ritmo vital necesario, con la cuotita de nostalgia romántica para matar el escepticismo; con un cielo lleno de estrellas incontables e incansables, pequeños instantes de eternidad, y que en ese espectáculo se me vengan canciones sobre estrellas y entienda, y sonría, ante el entretejido de conexiones que solo yo entiendo; con Paul Auster inventando la soledad y la profesora hablando de lo mismo que, por casualidad, terminé leyendo en un libro una semana después; con la vida diciéndome que la realidad, por más podrida, jodida, dormida, molida que sea, es el auténtico milagro; con el brazo extendido y la mano apretando flores, ofreciéndolas al otro, tierna y tibia como un gorrión.
IT WAS. IT WILL NEVER BE AGAIN. REMEMBER
21/08
Me duelo
Me bato a duelo
Me duelo a muerte
Mi propia muerte
Me hace estar
En duelo
La ambivalencia
Del término
Que lucha
Y muere
Como uno
Día a día
Batiéndose
A duelo
Con todo
Para terminar
Mirándose
Al espejo
Pensando
En la lucha
En la caricia
Previa
Al dolor
De devenir
Y estar
En duelo
Dolida
Porque
Todo lo que
Muere
Fui
yo
You gotta wish big
I’d like to see what I can do
“This is not a dress rehearsal. This is your life”
I see myself forever and ever as the ridiculous person, the lonely soul, the wanderer, the restless frustrated artist, the person in love with love, always in search of the absolute, always seeking the unattainable.
Henry Miller (via infpisme)
18/07
Tracatatractatracata.trtrtrtr
Capaz que no hay gran aventura y es solo mi cabeza proyectando y embelesándose con aventuras imaginarias.
La gran aventura es, también, el conjunto de pequeños triunfos de la diaria y de la trastienda de los grandes momentos.
Coincidir en el suspenso de la música nocturna y equilibrar las miradas distanciadas. El café o los cafés y hasta el exceso de café puede ser triunfal. Recordarle a un niño que todo lo que escribió sigue estando vivo en la memoria de alguien que se desmemoria de a ratos. Las caminatas por las mismas calles que te reciben cada vez más cambiado. Los abrazos de tus pares y de esos más grandes a los que no llamamos héroes porque ese título los aleja. Querer habitar la luna y que la luna te habite cada dos por tres por dos. Recordar el pasado con más gloria que pena y que no salte la estalactita del lado izquierdo a amortiguar el bienestar. Saber que no todo está perdido cada vez que escuchamos una canción que nos resuena adentro, cada vez que una nueva historia llega a ser narrada ahora en nuestra presencia, obligándonos a participar. Cada vez que levantás la mano casi que sin darte cuenta con ganas de participar en lo que sea que esté pasando [estaba en una obra de teatro, tenía muchos menos años, y uno de los actores hizo una pregunta. Mi mano se elevó automáticamente. Él no formuló la pregunta para que fuera contestada. Yo no sé si realmente levanté la mano para contestar.] Caminar de abismo en abismo sin resbalarte en el borde. Identificarte con y diferenciarte de lo que te rodea [me resquebraja tanto la sensibilidad como las poses afectadas. Lo primero me humaniza, lo segundo me endemonia].
Good times are comin, but they sure comin slow.
[Veo a mi amiga moviendo el dedo índice y el medio, dando pasos sobre una mesa. Baby steps, si no es así no tiene gracia, dice.]
Cada pequeño instante de gloria y cada bache en el camino como parte de la gran aventura. Está viniendo...
06/07
Un corazón amplio
con una nota.
La nota dice
“Mira dentro”
como invitación
para sumergirme
en un corazón
que no es mío
pero si me acerco
y miro
colgada del borde
¡me puedo caer!
Me voy a caer.
Me puedo caer.
Y yo no sé mirar
sin querer tocar
con el pie
qué tan fría está
el agua.
Y si estiro el pie
quien te dice que
no me caiga
sin saber
qué tan hondo
puedo llegar.
¿Y si no hago pie?
El corazón dice
“Mira dentro”
Bueno, yo
inclino la
cabeza hacia
adelante
y me miro
a
mí
SOLITARIO JUAN
En el Solitario Juan vi por primera vez a La Hermana Menor en vivo. Llegué demasiado tarde a esta banda, llego tarde a la fiesta y a veces me cuesta saber irme cuando me tendría que ir.
Llegué a escuchar La Hermana Menor por un loco con el que salía (no sé ni si él se llegó a enterar de esto. Che, Diego, gracias). Me gustó tanto que obligué a una amiga a escucharla (elegí a esta amiga cuidadosamente, porque sabía que era la única amiga a la que le podía llegar a gustar. No le gustó tanto). Un día de invierno, época de estudiante de vacaciones, invité a esta amiga a ir y se sumaron otras dos. Me senté en la barra, tomé fernet, y me dispuse a ver a esta banda que tanto me llamaba la atención. Estuvo muy bien. Muy. En especial cuando tocaron un tema de la Velvet Underground que si no me equivoco era Im Waiting for the Man (y de esto me acabo de acordar de carambola). Adopté la costumbre de pedir este tema en algunos boliches de Montevideo, sin importar las negativas y los “¿Eh? ¿Ese tema?” De repente a nadie le gusta escuchar historias de transas.
Ese día estaba Diego. Pero no me saludó. No era la primera vez ni sería la última en la que me ignoraba abiertamente y me hacía pensar que realmente no soy buena en este juego de demostrar amor.
Pequeño resplandor de una mente con recuerdos
La memoria es individual. Nosotros estamos hechos, en buena parte, de nuestra memoria.Esa memoria está hecha, en buena parte, de olvido.Tenemos, pues, el problema del tiempo. [J.L.B.]
A veces siento la imperiosa necesidad de no hablar. Y otras solo de hablar muy bien, me obsesiono y coloco cada palabra cuidadosamente en su lugar en la frase, en fila, en sucesión, y pronuncio hasta las comas.
Hay veces en las que hablo tanto conmigo misma que siento que ya no me queda nada por decir, y si ya dije todo, o todo me lo termino diciendo a mí misma, ¿para qué hablar? Si casi nadie escucha.
Me abrumo con la idea de que ya nadie nos escucha y de que no nos escuchamos y qué pasa si lo único que cuenta es el accionar ese ligero y sin pensar y ponele que solo importa el que grita más alto.
(Ahora me corrijo mentalmente porque no me gusta esto último que escribí, me salió a las apuradas. Pero no voy a releerlo y recorregirlo (porque seguro que hice una pequeña corrección antes de tocar las letras (digo, las teclas)), que pierdo el hilo, che…)
Cuando le cuento muchas cosas a alguien a veces tengo que alejarme porque me siento tan vulnerabilizada que me cuesta volver a pronunciar un solo suspiro frente a ese otro que ya me escuchó tanto y me da hasta cierto rechazo seguir mostrándome una y otra vez, como darle cuerda a una cajita musical incansable.
La cuerda me la sigo dando yo, con cosas que no puedo entender, o que entiendo pero me recuestiono porque sí, ¿por qué no? Todo lo bueno que tiene el cuestionamiento me termina envolviendo en una especie de carrusel y sigo recuestionando el recuestionamiento del último cuestionamiento y arremolinarse la cabeza no marea tanto como duele.
***
Me impresiona la velocidad con la que uno puede llegar a pensar y me pregunto si esa velocidad se ve acompasada por la velocidad de la escritura. No. Nunca. Pero poner todo esto que me llena la cabeza como una turba interminable lo hace real: la escritura realiza.
Camino rápidamente por el invierno montevideano y me distraigo con la altura de los edificios. Miro para arriba y cuento la cantidad de pisos. Como siempre, cuento con los dedos. Voy señalando cada piso para ordenarme y asegurarme de haber contado todos. Y cuando tomo conciencia de esa estructura gigante que se me planta adelante como un obstáculo a mi caminata pero como parte del paisaje ciudadano y citadino que he visto mucho más que muchas veces (cuatro años de facultad, más meses de pseudocursos, más dos de intermitente facultad, más noches de boliches y música por la zona) siento que todo se me viene encima. Como en la película “La escafandra y la mariposa”: el personaje principal habla de su vida y se muestra una sucesión de imágenes de diferentes cosas; una de esas imágenes es como de una avalancha, o mejor un iceberg que se deshace, se quiebra. “Momentos de felicidad que dejé que se me escaparan”. Algo así era la frase que acompaña la imagen. Bueno, a veces se me representa esa caída/implosión y me repito la frase una y otra vez como si alguna vez me hubiera sentido tan feliz sin haberme dado cuenta. ¿Por qué me fijo tanto en los edificios? Yo qué sé. (The thing with happiness is that it gets boring)
No soporto los sonidos muy altos. Si estoy en un lugar en el que todos gritan o cuando el tránsito es una demencia de bocinas y aceleradas no puedo pensar y me anulo totalmente. Pero la música la subo hasta sentirme saturada por la canción. Hasta sentir a Lou Reed en el cerebro canturreándome: “and I wanted to play football for the coach”. Cuando camino escucho música y me sonrío si suena un tema que habla de mí. Me tomo la música tan personal a veces que siento que todas las canciones me las escribieron para mí y solo para mí y mis demencias y que nadie más las entiende y nunca va a poder llegar a entenderlas como yo. Me olvido que hay mucha gente caminando al lado mío (me acuerdo en 18 de julio, cuando no avanzan y siento unas ganas de sentarme en el cordón de la vereda, tirar piedritas inexistentes y no caminar más que es difícil seguir).
Hoy cruzaba Eduardo Acevedo y me reía mientras me acordaba cómo en una parada de ómnibus en esa cuadra una vez hace dos o tres pares de años escuché comentarios de un bar al que suelo ir y de los hábitos nocturnos de quienes allí concurrían (lo decían como verdad universal y cómo me molestan esas conclusiones estúpidas y universales que no entienden nada). Se lo comenté a la persona que me había presentado el bar y me hizo cuestionamientos estúpidos, los cuales evidenciaban que él era parte de esa verdad universal y yo no me daba cuenta porque ser naive siempre fui. Me río pensando en cómo me extirparía algún que otro recuerdo y lo haría lacuna. Pero hay cosas que no son tan importantes. El recuerdo, algún día, será olvido.
***
Veo a dos señores cruzando la calle de la mano y siento que no estamos tan solos, salvo por los autos que no son capaces de aminorar la velocidad para dejarlos cruzar. La soledad es estar rodeados de gente en autos que aceleran.
***
Admití que quiero escribir sin saber muy bien cómo explicarlo porque no entiendo, ¿la declaración no se explica por sí misma? No sé, a veces siento que estoy siendo tan clara y en realidad tengo una enunciación oscura y enrevesada. Pero admitir el querer escribir es como detener la bomba antes de que detone. O encontrar el cable para detonarla y liberar cualquier cosita escondida en el más recóndito recoveco del rinconcito oscuro de uno mismo. Hay que desatar el nudo. Hay que quemar algunas naves.
The goddam sands run out on you every time you turn around. I know what I'm talking about. You're lucky if you get time to sneeze in this goddam phenomenal world. Esta obsesión con el tiempo; mi canción preferida se llama “This Time Tomorrow”. Y otro tema que me gusta mucho habla de cómo me hubiera gustado saber todo lo que sé ahora cuando era más joven. Siento que perdí mucho tiempo pero tampoco siento que lo hubiera podido utilizar en otra cosa. No siento que pueda utilizar el tiempo. No puedo aplicarle funcionalidad y utilidad al tiempo. Qué manía de volver al significado primero de las palabras. Como cuando no puedo decir que “soy traductora” porque realmente, ¿es lo que soy? Ay, Malenita, a veces te ponés insoportable pero si supieras cómo me hacés reír.
Le pregunté a un conocido qué me contestaba si yo le preguntaba qué era. Me contestó “bartender”. Me gustó la respuesta y por dentro me reí acordándome de todo esto del ser y no ser. El triunfo interno de encontrar la conexión oculta entre las cosas y, aunque el otro no lo esté entendiendo, hacerlo partícipe de.
***
Vivir, errar, caer, triunfar.
No me gusta escribir para otros, me gusta escribir para mí. Porque solo sé escribir para mí. Es como cuando leo en voz alta, me estoy contando una historia. Me gusta narrar. Pero el otro, aunque sean otros, siempre soy yo.
Me gustaría entender muchas cosas pero nunca me conformo con entenderlas, tengo que ir parte por parte y figura por figura, tono por tono, letra por letra, cuestionarme todo lo que se me presenta porque no creo que todo sea solo así como es.
Ya estoy escribiendo como cuando me estoy por quedar dormida y digo incoherencias. Una vez me empecé a dormir en un bar y contesté algo así como “tengo las llaves en la mano”; otra vez empecé a soñar mientras me hablaban. Bueno, más o menos así siento lo que escribo, no puedo dejar de hablar aunque esté a una de saberme morfeizada.
A veces hablo mucho. Hay quien me mira con cara de no entender cuando declaro esto porque vos hablar, si no te cae bien nadie y tenés cara de culo. Los que notan solo la superficie. La gente nunca se da cuenta de nada. Cuando quiero, cuando puedo, cuando el nudo se desata, hablo mucho. Hablo tanto que no puedo parar y siento como se va el hilo de la coherencia y me encuentro dividida entre seguir hablando y parar a entender de qué estoy hablando, como ahora, me distraje y realmente me olvidé de lo que escribía. Estos mecanismos internos que me juegan las peores pasadas…
Me acuerdo de un día estar caminando por la lluvia (por la ciudad (y llovía)) e ir escuchando música. Empezó a sonar “Perdedores hermosos” y la verdad que, chorreando agua, tratando de llegar hasta mi casa, me dio igual una cierta satisfacción tener las ganas suficientes de parar para mirar una monstera deliciosa, una hoja gigante de esqueleto de caballo que me parecía de lo más lindo que podría haber visto. No importa qué tanto llueva, hay fiestas que hay que disfrutarlas hasta el final.
Y hay otras fiestas que hay que saber abandonar porque, realmente, se acabó la fiesta. Te van a apagar (o prender) las luces y vas a estar solo, mirando el vacío, esperando el milagro que, lamentablemente, esta fiesta no te va a traer. ¿Seguimos hablando de la fiesta? Sí, claro que sí.
En verano, tenía un dije colgado de la hoja de esqueleto de caballo. Y un loco amigo de otro loco loquísimo con el que estaba compartiendo una(s) birra(s) me dijo que era muy lindo y que le encantaban esas hojas también. Y algo así como que su madre tenía una planta de monstera deliciosa preciosa. Yo le conté de mi episodio en la lluvia intentando plasmar el momento y lo impresionante que me pareció esa hoja en ese instante, aunque con él solo hablaba de la hoja de esqueleto de caballo, no de la noche de lluvia y Luca Prodan. Aprecié mucho más ese minuto y medio de charla que toda la noche sinsentido que siguió. Cuando encontramos a alguien que entiende más que el blaberío nocturno es todo mucho más fácil. No sé por qué uso el plural si solo estoy hablando de mí. Esa noche realmente sentí que estaba con la persona equivocada (y qué sentimiento jodido que es ese).
***
Me da gracia releer y ver que le digo a Montevideo “ciudad” más de una vez. “Voy por la ciudad”. Creo que nunca pronuncié esa frase. Pero me parece normal escribirla. Nunca termino de escribir de la misma forma en la que hablo, sí en la misma forma en la que pienso. En la oralidad me traiciono. O me transformo.
Un profesor el año pasado me preguntó mi apellido, y cuando se lo dije, sorprendido, me dijo: “Bastón, tu parcial está muy bien, ¿por qué no participás en clase?” No supe qué responder, me reí incómodamente y pensé que muy elocuente y muy canchera a veces menos cuando me dejan en evidencia. “No soy muy de participar en clase” respondí, con cara de Malena a los ocho años. “No sos muy oral”. La verdad que no, profesor. Ha dado usted en el clavo. Clavito. Nailed it.
***
Estas dos semanas de julio solo trabajo dos días de mañana por las vacaciones. Quise llenar las dos semanas de actividades que realmente trato de convencerme de que van a salvar mi vida, mi alma y que van a cubrir cualquier tipo de agujero de las distancias del corazón. Me da gracia, real gracia, esa necesidad de llenar espacios que uno puede tener. Horror vacui emocional. Atorarse de cosas. Una Navidad adelantada. Un rato con uno mismo puede llegar a significar una vuelta de tuerca de lo más positiva para muchos, y una muerte lenta para otros. De nuevo, siempre el temor a estar perdiendo el tiempo, estar perdiéndonos de todo eso que está pasando pero no nos está pasando a nosotros. ¿Están tan seguros de que esté pasando?
Lo leí una vez pero no me acuerdo en dónde. La tragedia de tener un corazón romántico y una mente escéptica. Somos muchos. Perdón. El exceso de sensibilidad nos hizo dar unas vueltas de tuerca en sentido levógiro.
En mi primera tarde libre, subí hasta la terraza y me divertí mirando a mi gato revolcarse al sol. La Santa Rita, que el año pasado era solo un tronquito claro y seco, a la que se le habían caído todas las flores y no había brotado ni una más, estaba fucsia de nuevo.
***
El escritor tiene que ser espía y carroñero. Algo así dijo Ray Loriga, escritor español (madrileño). Me gustó esa idea y me hizo pensar en Chuck Klosterman, estadounidense, que decía que se estaba peleando con la mujer y ya estaba pensando en cómo lo iba a escribir. Esa necesidad de tomar cada detalle y aspecto de la vida de una persona y de las otras personas y transmutarlo en escritura. La realización.
Si me traslado a los años en los que medía el largo de mi pierna actual y tenía los ojos increíblemente más grandes que ahora, me acuerdo siempre de lo mucho que me gustaba leer y escribir. Mi padre me leía un libro de cuentos que era suyo. Tenía olor a libro viejo, destruido, pero él con su obsesión por el cuidado de las cosas, lo guardaba impecablemente. Me acuerdo de Pulgarcito, el cuento de los cisnes, el del perro “con los ojos como platos”. También de Pulgarcita. Y otros cuentos árabes. Era (es) un libro precioso. Lo llevé para mi cuarto actual como amuleto de la suerte, como catalizador de mis lecturas. El año pasado no podía leer. Me parecía increíble que, después de años de jactarme de leer como pasatiempo, como pasión, como motor, no pudiera tocar un libro sin dormirme o sin pensar en todo lo que no estaba en las páginas que tenía a pocos centímetros. Y no es que no quisiera leer. No podía. Llené mi pared de frases que me gustaban cual adolescente y cual Seymour y Buddy (sí, el Juvenile Delinquent de nuevo) para ver si con todos esos catalizadores mi mente obstruida vaya a saber uno por qué cosa, volvía a ser la de antes.
No volvió a ser lo que era. Pero volví a leer.
***
(Male(n), Magui, Magda, Vampi, Bebito, Enana, Chiquita, Malenita, Vegan, Malenea, Maleli, María.)