No es el lugar adecuado para aclararlo, pero acá va. Esta semana cerró sus puertas Google+ y en algunos sitios especializados se cuestionó si había lugar para nuevas redes sociales (a pesar que Google+ llevaba sus años y que Google es una de los cinco grandes de las tecnológicas) y qué lugar ocupaban las ya establecidas, Facebook en picada, Twitter con problemas para controlarse a sí misma e Instagram que cada vez más se convierte en el ombligo de sí misma, además de un WhatsApp que no termina de cuajar dentro de lo que siempre llamamos red social. Bueno, cuestión que yo mismo me cuestioné el uso que hago y los roles que cumplen en mi vida. Tuve el placer de registrarme en cuatro de las principales redes sociales antes de que estuvieran de moda (y que fueran super conocidas y tres de ellas compradas por o convertidas en, gigantes) y definitivamente llegue a la conclusión de que la masividad las destruye desde adentro. Facebook, Instagram, Twitter y YouTube se convirtieron en caldos de cultivo de todo lo malo, y es que cuando la gente empieza a convertir un servicio en parte esencial de la vida, estos se convierten en armas para personas con malas intenciones (o negocios) y termina pudriendo todo. Cuestión que estoy replanteandome el uso que le doy a Instagram (la que actualmente uso más a menudo) y considere oportuno calmar las tetas al respecto. No es que vaya a dejar de subir fotos ni mucho menos borraré mi perfil (como si a alguien le importase) pero bueno... Estoy ordenando mis prioridades, como debería hacerlo Hermione. #BienestarDigital #ConcienciaDigital #Testamento #digitalhealth #digitalhealthcare #Instagram #POTD https://www.instagram.com/p/Bv0VXvPnzy5/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1xpil756l5is9