Janis & Jimmy.
Se podía decir que a pesar de todo lo que había sucedido en aquel último lapso de tiempo, las cosas para Raleigh comenzaban a tomar algo de color. Al menos, encontrar que no estaba sola en el mundo y tenía un hermano mayor le parecía que era una de esas cosas insólitas que pasaban una sola vez en la vida y tenía que alegrarse, porque la relación con Matthew iba viento en popa.
Aun así, había algo dentro de ella que no lograba encontrar su centro, no lograba llegar a la armonía tan deseada y buscada. Y mierda, los pocos que se quedaban a su lado eran testigos de que lo intentaba una y otra y otra vez, pero parecía ser que nada resultaba.
El vacío estaba allí y no se movía por nada en el mundo, incapaz de rellenarse.
Tal vez ya era demasiado tarde y estaba condenada a una vida de estar vacía por dentro, de vivir de la incertidumbre, de no lograr disfrutar lo que tenía delante de ella.
Halloween’s Night.
El plan para la noche de brujas que tenía en mente no era nada especial. Era la primera fiesta que pasaba sin su madre y las ganas de salir a festejar algo que realmente no tenía mucho sentido para ella no terminaban de aparecer. Pero el problema era que últimamente la voluntad de hacer algo no nacía de su cuerpo, no terminaba de formarse. Por un momento parecía haber logrado salir de ese agujero y poco a poco, comenzaba a hundirse de nuevo, casi sin darse cuenta. Eran las 9:00 p.m cuando se metió en su baño cerrando la puerta con llave para que Jimmy y Janis no molestasen. Matt había salido a hacer unas compras, buscar películas y algún que otro decorativo para su noche de películas de horror, y debía de volver con Kacey y su hermana en poco tiempo. No tenía mucho para prepararse, y había tenido todo el día para hacerlo a decir verdad; pero así era Raleigh. Las cosas a último momento siempre funcionaban.
La bañera ya estaba lista. Se había preparado un baño de espuma para aliviar la aquella sensación de que nada le importaba. Sentía su cabeza pesada, tal vez por la cantidad de cosas que podía llegar a pensar en cuestión de segundos y ninguno de esos pensamientos era alguno que fuera a hacerla sonreír. Y a decir verdad, las veces que sonreía eran contadas. Y sus recuerdos, su vida en definitiva, no tenían mucho que aportar para generar más sonrisas.
- Jimmy, shut the fuck up! – espetó la joven al sentir al cachorro rasgar la puerta con sus uñas y llorar en demanda de atención. Había estado con ellos todo el día, necesitaba un descanso.
Despojarse de su ropa había sido un proceso tan difícil que hasta pareció dolerle en algún punto, pero finalmente había logrado meter su cuerpo en la bañera completamente caliente, y allí se quedó durante un buen rato con la mirada fija en el techo. Ni siquiera parpadeaba.
Esperaba, y esperaba, y seguía esperando pero nada sucedía: nadie venía a buscarla, su madre no volvía a la vida, su amor no era correspondido y ella no movía un dedo al respecto porque al fin de cuentas uno nace para morir. ¿Cuál era el punto, entonces? Por suerte, siempre tenía un plan B y el escape a la realidad estaba, literalmente, al alcance de su mano.
RJ se sentó mejor en la bañera, más recta para poder alcanzar aquella bolsita que fingía ser el lugar donde guardaba todos sus cosméticos. Y quienes la conocían, sabían que ella apenas usaba maquillaje.
No, lo que esa bolsa escondía adentro eran pastillas, y jeringas y “polvos mágicos” que la harían activar el cerebro y lucir al menos un tanto más comunicativa para cuando su hermano mayor volviese con su amiga; porque ellos no merecían tener que aguantarla con esa cara de querer dormir toda la vida.
- One of each… - susurró como si fuera la primera vez que usaba esa clase de sustancias, y tal vez melancólica por volver el tiempo atrás y detenerlo en aquel momento. Se acomodó el cabello a un costado para que no le molestase mientras se ataba una goma en su brazo derecho, buscando aquella vena que resaltase para poder inyectar luego la heroína. Pero primero, tomó dos pequeñas pastillitas, las últimas que le quedaban y las tragó como si fueran agua. Para el momento en que esto sucedió ya había localizado la vena que quería, así que estiró el brazo y con una muy esforzada maniobra logró por fin inyectarse aquella sustancia que a veces hasta la hacía ver luces de colores, y eso le encantaba. La pelirroja se apresuró a quitarse la goma del brazo antes de que aquella sensación de calma y relajación invadiera su cuerpo, y fue justo a tiempo. Sintió sus músculos flojos, y de un momento a otro, se encontraba completamente recostada en la bañera, luciendo la sonrisa más idiota que alguien podía tener en su rostro. No esperaba que fuera a afectarle tan rápido, pero era mejor así. De repente, el mundo había enmudecido para ella. Los ladridos de sus cachorros – los cuales seguían con la ilusión de que iban a poder tirar la puerta abajo con sus pequeñas patitas – sonaban como eco a lo lejos, pero poco a poco desaparecían para dar lugar a un leve pitido en sus oídos que pronto se convirtió en una canción. En algún momento había empezado a cantar “Summertime” sin ser consciente de realmente estar haciéndolo, pero de esa forma daba gusto hundirse cada vez más en el agua. Estiró las piernas en el aire, moviéndolas como si estuviese pedaleando en una bicicleta al ritmo de la canción, porque en su cabeza estaba haciendo eso; estaba andando por un eterno camino rodeado de árboles dorados y se sentía bien, era lo que quería y por fin lo tenía. Lo había encontrado. La euforia y la alegría que la invadían en ese momento no tenían precedente alguno y quería quedarse en aquel lugar para siempre, observando como las hojas de los robles surcaban el aire de un lado a otro gracias a la brisa. Eran los colores más brillantes que había visto jamás en su vida, no quería dejarlo ir.
Al abrir los ojos un segundo para comprobar que seguía en el mismo lugar, el paisaje otoñal se veía ondulado como si el agua estuviese pasando por encima, como si fuese liquido. Pero la canción seguía sonando, y la paz seguía allí y todo por fin tenía sentido; no iba a salir de ese lugar.
Había dos seres habitantes del departamento de Raleigh Jay Cook que no formaban parte de aquel paraíso de escape, seguían atrapados en la realidad que tanto odiaba la joven; un recuerdo constante de ella que se alejaba más y más de su mente. Jimmy y Janis chapoteaban nerviosos en un gran charco de agua detrás de la puerta del baño que los separaba de su dueña, intentando derribarla como si fueran dos toros.
One of these mornings You’re gonna rise, rise up singing, You’re gonna spread your wings, Child and take to the sky. But until that morning Honey, nothing’s gonna harm you now. No, don’t you cry-












