* Uno de mis tantos recursos para evitar o lidiar con la decadencia es mantenerme en exposición y comunicación constante con diferentes personas y perspectivas.
Mientras más profunda, provechosa y relevante sea esa interacción uno se siente mejor. O en palabras del psicólogo Kahneman "Exploited the anchoring effect"[...]
* En realidad, en mi caso es poco relevante lo que ellos digan. La cercanía, la familiaridad con otros seres humanos es efectiva, en este caso para desacelerar mi mente por un momento y disfrutar un poco de la interacción y del don de escuchar. Por otra parte, cada vez que dialogo con otros individuos traigo conmigo docenas de voces de vidas que he leído. Para mí nunca es una charla de dos o de tres. O cómo decía Borges "El hombre no es él, sino una multitud". Ese recurso extravagante ha hecho de mi imaginación una salvaguarda de mí.
* Por otro lado, he identificado decadencias de otras. Me he dado cuenta de que las decadencias en las que no podía identificar al problema, han quedado atrás con las etapas más tempranas de mi juventud, en dónde mi poca experiencia me mantenía confundido. Ahora, he de confesar que sé puntualmente que hacer, cuales son los pasos a seguir y cuales son las alternativas o rutas de escape que tomar, pero la fatiga del alma, mientras está en su caminar puede volverse densa. Ese segundo tipo de decadencia, en la cual el único ingrediente para seguir es la voluntad es la que más nos persigue cómo seres formados y con criterio.
* Y la voluntad se nutre de cosas románticas, sutiles y que solo pueden ser percibidas por los más observadores y más sensibles. Pero puedo resumir que la fuente de la voluntad se halla en el entorno, y lo que tiene un poderoso efecto en nosotros, de lo que se encuentra en el entorno, al menos, cómo yo los he identificado son estas cuatro cosas: 1) La información, 2) Los individuos, 3) Sus comportamientos o formas de ser, 4) La disposición de la creatividad para manifestarnos cosas interesantes de la interacción de 1, 2, 3 y 4. Por último, una quinta, el tiempo que pasemos en ese letargo; puede ser satisfactorio estar allí por un rato, pero si después de eso no viene el accionar que tenías tramado y se escurre de tus manos el control de ti mismo se corre el riesgo de que la decepción prolongue más la decadencia. Así que agregaría un sexto, 6) el sentido de la audacia. Ó, visto de otra manera, inspirándose en la forma de Séneca de ver el comportamiento de los animales: "Para épocas largas y periódicas, no hace daño hacer de tus planes, un presente perpetuo".
* Por otro lado hay un recurso alternativo, sanador del alma (en el corto plazo), pero es a mi parecer el más tóxico. Y es que cuando una persona, con su comportamiento llevadero te invita a olvidarte por un momento de tu grandeza y a dejarse llevar por placeres simples puedes caer en la trampa de que tal cosa "es de humanos", te puedes decir a ti mismo "me es lícito ser así, soy un ser humano, debo serlo por hoy". Ahora, en efecto, si es de humanos, y si es lícito deshacerte de ti mismo de vez en cuando, la trampa es adoptarlo como un pretexto venidero sin ser consciente de ello y extrapolarlo a tus pequeñas acciones, lo cual termina en una gran enredadera que sabotea tu maniobrar. Y ¿Por qué sería un pecado no imaginar eso cómo parte de la humanidad? No es un pecado ni un sacrilegio, sólo que no hay que olvidar que la principal característica del ser humano no es bajar la guardia, sino la constante exploración de sus límites, eso que hizo que lo llevará a usar su primera herramienta o a cambiar el enfoque del más mundano de sus quehaceres.