trcspass:
Iba a implosionar si volvía a escucharle decir una frase similar. A lo mejor no lo hacía con ningún propósito en particular, pero a su oído sonaba tan meloso – y se negaba que se volviera una necesidad suya escucharle decir semejantes disparates. Disfrutar… ¿pero de qué? Shush, le tocó ahora callarse a sí mismo. “¿Puedes dejar de traer a colación cosas que dije horas atrás? Ya no surten efecto ahora, Raphael”. Había perdido su vista en el suelo pues se avecinaba un escalón y no quería llevárselo puesto, pero en cuanto volvió a levantar los ojos y descubrir en qué andaba su acompañante, se encontró conque aquel idiota ya andaba haciendo una de sus payasadas. “Bue, quién diría que te tomas todo tan al pie de la letra” comentó, pero intentó que no sonará demasiado recriminatorio, porque sino sonaría a que le molestaba que le hubiese hecho caso. Y al contrario, bien que agradecía haberse librado de esos ojos tan punzantes e invasivos. Era él quien acostumbraba a hacer eso, pero claramente no esperaba que nadie fuera a retrucárselo. “Vamos por aquí” anunció sin querer cortarse por su cuenta, tomando a la derecha y por lo tanto bordeando la cancha. “Por cierto…” dijo al cabo de un buen tramo de caminata. “Yo al final me mandé al frente con lo que me gusta, pero ni te pregunté si estabas de acuerdo. Igual sabes que si te dan ganas de otra cosa te la puedes pedir, ¿no? Los coreanos somos bastante básicos, siempre va a haber lo mismo en todas partes” rió un poco hasta que la carcajada fue muriendo en sus labios y ya luego perdió sentido. Hubo algo de lo que dijo que le hizo rebobinar, y percibir que a lo mejor estuvo haciendo una distinción inconsciente. “Tú eres… ¿nacido en el exterior pero de padres coreanos o…? Digo, por tu nombre. Ah, lo siento, es una pregunta muy tonta, pero es que– no, no sé como justificarme” suspiró, queriendo deshacerse de la inquietud.
A pesar de que la recriminación le hiciera reír como tonto, uno que no podía estarse divirtiendo más, la intromisión a su pasado hizo que la misma se fuera secando como una flor que, después de semanas de ser olvidada entre el interior de las páginas de un libro, ahora sólo son trocitos de piel marchita. Una transición que ocurrió poco a poco y, esperaba él, no de manera notoria. De algún modo le gustaría ser honesto, tan honesto como pudiera porque la compañía de Eunki había preparado el camino para que fuese así, de eso estaba seguro, sin embargo no era un tema del cual podía hablar a la ligera. Podía, sí, porque demasiadas veces le habían hecho la misma pregunta, ¿pero quería hacerlo con la misma superficialidad que con todos? “Realmente nací en Canadá y allí me adoptaron” tenía la vista clavada en la punta de sus zapatos, blancos como la mayoría de sus vestimentas, pero coronados con restos de tierra. Podría dejar el asunto en sólo una oración, como era usual, pero algo dentro de él punzaba por continuar; por regalarle un pedacito más de su historia. Confiaba en que, si excluía detalles, era algo que podía hacer. “Los Moreau perdieron a su hijo, ¿sabes? Fue trágico... E inesperado. Luego llegué yo a sus vidas” o a ‘su vida’, de hecho, pero el plural sonaba mucho mejor. “Aunque esta es mi primera vez en este país, teóricamente soy coreano por ascendencia. Está bien si sigues utilizando ese ‘nosotros’ en la oración” intentó aligerar lo que sentía en el pecho al inhalar profundamente y, en vez de exhalar soltar una risita. Con la inclinación de su cabeza esperaba que algo de su expresión quedara oculta con los cabellos que caían como cortina. Siendo una persona tan transparente, pecaba al no saber ocultar ciertas cosas.

















