- ̗̀ ☆ raphreau:
A pesar de que la recriminación le hiciera reír como tonto, uno que no podía estarse divirtiendo más, la intromisión a su pasado hizo que la misma se fuera secando como una flor que, después de semanas de ser olvidada entre el interior de las páginas de un libro, ahora sólo son trocitos de piel marchita. Una transición que ocurrió poco a poco y, esperaba él, no de manera notoria. De algún modo le gustaría ser honesto, tan honesto como pudiera porque la compañía de Eunki había preparado el camino para que fuese así, de eso estaba seguro, sin embargo no era un tema del cual podía hablar a la ligera. Podía, sí, porque demasiadas veces le habían hecho la misma pregunta, ¿pero quería hacerlo con la misma superficialidad que con todos? “Realmente nací en Canadá y allí me adoptaron” tenía la vista clavada en la punta de sus zapatos, blancos como la mayoría de sus vestimentas, pero coronados con restos de tierra. Podría dejar el asunto en sólo una oración, como era usual, pero algo dentro de él punzaba por continuar; por regalarle un pedacito más de su historia. Confiaba en que, si excluía detalles, era algo que podía hacer. “Los Moreau perdieron a su hijo, ¿sabes? Fue trágico… E inesperado. Luego llegué yo a sus vidas” o a ‘su vida’, de hecho, pero el plural sonaba mucho mejor. “Aunque esta es mi primera vez en este país, teóricamente soy coreano por ascendencia. Está bien si sigues utilizando ese ‘nosotros’ en la oración” intentó aligerar lo que sentía en el pecho al inhalar profundamente y, en vez de exhalar soltar una risita. Con la inclinación de su cabeza esperaba que algo de su expresión quedara oculta con los cabellos que caían como cortina. Siendo una persona tan transparente, pecaba al no saber ocultar ciertas cosas.
Allí estaba la prueba de por qué a veces era mejor ser esclavo del silencio. Pero ¿qué podía recriminarse ahora? Por más que era cierto que la pregunta había salido a raíz de reparar una formulación suya, la verdad era que también de cierta forma quería ser egoísta e ir extrayendo fragmentos de lo que podría llegar a ser parte de Raphael. El pensar que cada vez que se vieran fuera la última era para él una realidad. No sabía si despertaría con ganas de repetir esto, y aunque lo hiciese no sabría si se lo permitiría, y si eso también se cumpliera, podía que bien el orden de las cosas igual no colaborara para que se viesen. Y estaba mejor razonar así, porque entonces le hacía exprimir el ahora con más firmeza. “Igual puede ser algo teórico, pero lo importante es cómo lo sientas. Ese va a ser el único indicador que vas a poder tener con respecto a donde te encuentras arraigado. Estar aquí a lo mejor te ayudará a conectar con otro lado tuyo. Incluso ahora, comiendo algo, sentándote en un lugar nuevo pero quizás a la vez un tanto familiar en la lejanía. Son en esas cosas en que se halla la permanencia. De puro chismoso querría saber si tienes otro nombre, porque bueno, los nombres occidentales puede ser muy bonitos, pero la composición que tienen los nombres orientales es de otro vuelo. Incluso si se separara el nombre en partes se puede desglosar otros significados. Yo no sé qué signifique Raphael, pero a lo mejor no es ese el nombre que termine por representar quien realmente eres. Es en el verdadero origen que puedes encontrar las pistas”. Fue un caudal de palabras que salieron, unas que no supo si reconocer como propias, o como un dictado que alguien le estaba recitando para que él replicara. ¿Sería este un conocimiento que recogió de armar árboles genealógicos en la primaria? ¿O es porque cuando empezaron las épocas de herencia en su familia tantos nombres se dispararon de aquí y para allá y los adultos no dejaban de hacer asociación entre sus caracteres y su posterior destino? Pero por último no sabía qué le estaría brindando al contrario con todo esto, si una nota de color o un motivo por el cual retroceder al pasado. Al final, poco a poco la transparencia y la falta de filtro ajenas parecieron surtir un efecto en él, el de la apertura desmedida y sin culpas. Y eso que quiso, haciendo fuerzas en su interior, sentirse mal por haber sacado a colación este tema. Pero en realidad se sentía liberado, y a lo mejor integrado a una parte de ese (ya no tan) desconocido, y eso aplacaba toda moralidad que atentara con carcomer su consciencia.











