Debo agradecer por aquello que un día maldije cuando el dolor se apoderó de lo que debía ser una despedida. La más dura y necesaria de todas, ya que no solo nos ha permitido reencontrarnos, si no también sanar esa relación que algún día fue tóxica. Ese calvario se está convirtiendo en un pasado muy lejano que no nos mató, pero si nos reforzó. Una historia de amor que seguimos escribiendo con tinta transparente, ya está vez entendimos la amargura de la distancia por tanta tinta llena de sudor y lágrimas.













