Soñó, soñó con ella como un pequeño queriendo ser un astronauta, o un policía, algo que solo quiere por impulso, pero era más que solo eso, su sueño era estar con ella toda la vida, algo inimaginable, ser su todo. Sí lo soñó.
Sintió, sintió que todo era verdadero, tuvo esa sensación falible, como el agua que cae sobre tu cuerpo cuando te bañas, así de seguro sintió su amor, aquella sensación que tenía cuando la besaba, en cómo él percibía su aroma. Sí lo sintió.
Miró, miró como ella lo veía, en la distancia, siempre buscando el rostro de él, buscando como hacerlo sonreír, como hacer que esa alma deprimida observara de nuevo la luz, la luz de sus bellos ojos, él vio que todo era claro, como quien se ve a sí mismo en el espejo, era casi palpable lo que él vio, su amor. Sí lo miró.
Creyó, creyó que todo eso que soñó, sintió y miró era cierto, que nada era una tropelía, que perdido en su estulticia de querer amarla se aferró a algo que nunca existió, de algo que solo en su mente era verosímil; que con cada beso, abrazo y palabra él se enamoró, él de verdad inventó toda una historia que nunca pudo ocurrir, él siempre supo que sería su utopía, pero tarde se dio cuenta que eso nunca sucedería, ya era demasiado tarde, él sí se enamoró. Sí lo creyó.
—Juan A. Rodríguez.