“Nunca creí que nadie bienpensante me llamaría para integrar la Corte —dice mientras maneja su auto, un Volkswagen Vento gris, desde su casa hasta el Palacio de Justicia—. Se supone que alguien que quiere pertenecer a ese cuerpo intenta dar una sensación de respetabilidad que yo nunca di. Siempre se me ocurrió decir cosas que los demás no dicen, o llevar adelante desafíos que no son muy normales en el mundo jurídico. Es cierto que tengo muchos años de juez, pero mi perfil no es el tradicional. Normalmente, los políticos no buscan problemas: se fijan si el tipo tiene cara de ministro de la Corte y lo nombran. Y la verdad es que yo, mucha cara de ministro no tengo”.











