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Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

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shaiasi.
Las conclusiones a las que ella arribaba con facilidad lo llevaron a elevar levemente las cejas, una vaga e imperceptible sonrisa (que lejos estaba de ser provocada por la diversión) había aparecido en su semblante. “Eres la única persona que habla de mi fortuna, ¿sabías eso?” y si bien parecía que por un momento pretendía desviarse del tema que ella había decidido tocar, en realidad estaba lejos de desear guardarse sus respuestas: “Hablaba de esa noche en particular, de que te molestó que no aceptara tu vaso aún cuando sabías que no había sido un pedido serio” porque estaba seguro de que ella sabía que había intentado (y fallado, evidentemente) jugar con ella. “De verdad, me sorprende tu capacidad para leer a las personas. ¿Todas esas conclusiones has podido sacar con sólo compartir unas pocas palabras conmigo?” frunció levemente el ceño, ladeando su rostro al observar a la empleada que parecía estar atrapada y obligada a ser testigo de cada una de sus palabras. Tampoco se iba a molestar en aclarar todo lo que ella creía y que era completamente erróneo, pues le daba igual lo que pudiera pensar sobre él. “Eres muy selectiva a la hora de cumplir con los pedidos que te hago, al parecer. Es perfectamente posible que mantengas el trato respetuoso, formal y hasta distante conmigo sin tener que pronunciar esas benditas tres palabras, y lo sabes muy bien” estaba seguro de que así era, que no le estaba comentando nada nuevo, porque sospechaba que ella ignoraba sus peticiones a consciencia y con un propósito que no lograba terminar de comprender. “Agradezco que me lo expliques, ayuda a que no sienta que expuse a gente que me importa a ser víctimas de algún ataque de locura” admitió, esforzándose por ignorar momentáneamente su molestia para poder aceptar las disculpas ajenas, porque sabía que no era fácil pronunciarlas. “¿Vas a querer que te ayude a bajar o no? Si puedo con el peso de Freya, puedo con el tuyo, y te vas a perder de la comida si sigues ahí arriba” sospechaba que la empleada estaba dispuesta a pasar allí el resto del día si eso significaba el no tener que solicitar por su ayuda.
“¿Acaso es tabú hacer mención de ella? Me encuentro trabajando aquí por esa causa.” replica con honestidad, habiendo interpretado su observación como un intento de insulto u ofensa. Tras verbalizar parte de los pensamientos que cargaba desde hacía tiempo, Evangeline había decidido dar por terminada cualquier tipo de interacción para con el joven (pensamientos egoístas), razón por la que dejaba que las palabras de éste corriesen con tranquilidad, sin interrupciones o expresión alguna de su parte. Su móvil, en tanto, se mantenía suspendido a pocos centímetros de su canal auditivo, su atención dividida entre el tono de llamado y palabras masculina; al saltar el buzón de voz, como esperaba, dió a finalizar para centrarse en quien le hablaba. No le había molestado el que rechazase el bendito vaso de leche aquella noche, ya que no había tomado con seriedad su propuesta y conocía de la posibilidad de que fuese rechazado, sino que habían sido el tono de voz utilizado, sus modos, los que despertaron fuego en ella. “¿No se ha encontrado esta relación siempre cargada de supuestos, príncipe Isaiah?” respondió en cambio a todas las conclusiones ajenas, encontrándose de pronto completamente indiferente a ellas. “Y tiene usted razón en cuanto a su pedido. No se preocupe, a partir de este momento, no me oirá volver a utilizar los honoríficos correspondientes.” agregó, guardando el móvil nuevamente en su bolsillo. Con las posibilidades de cualquier otra ayuda habiendo sido destrozadas, la joven volvió a acercarse al borde de la madera, luchando contra sus deseos por volver a rechazar el ofrecimiento del príncipe, y no porque se tratase de él, sino porque encontraba incomodidad en la idea del contacto que se formaría con quien la atrapase. “Sí, por favor.” pronunció al final, diciendo acabar con ello, su voz forzada en tanto volvía a tomar asiento. “Contaré hasta tres...” su mirada buscó encontrarle, verificando que se encontrase en posición para atraparle. “Uno... dos.. y, tres.” apenas sus labios acabaron de formar palabra, se lanzó sin segundos pensamientos en dirección al muchacho, su respiración contenida pese a sus intentos por evitar cualquier tipo de reacción de su cuerpo.
meilanic fb.
“¿Vives muy lejos de aquí?” inquirió, sospechando que ese era el motivo que le impedía regresar a su hogar a menudo. “Un poco de ambas, el protagonista de uno de los videojuegos busca rescatar a una mujer, una vez que lo logra comienzan a aparecer distintos conflictos que tienes que resolver… Y, por supuesto, entre ellos está el combatir a los enemigos” pocas eran las historias que no contaban con ningún tipo de oponente al que derrotar. “Pero no se enfoca tanto en el combate, es decir… lo más importante es la historia” explicó, porque ese punto resultaba esencial a la hora de capturar la atención de la joven, que apenas lograba interesarse por los juegos de consola. “Serías adicta a ese juego y rechazarías todos los demás, en realidad” aclaró, dibujando una sonrisa en su rostro. “La historia en verdad me encanta, creo que disfrutaría de solo verte jugar” y posiblemente le fuese relatando todo lo que sucedería a continuación, por lo que lo mejor sería evitar que aquella situación se diera con ella presente. “No tienes redes sociales, ¿verdad?” asumió, creyendo que allí se hallaba la explicación al poco interés que la fémina había desarrollado por su móvil. “¿En serio? ¿Lo hiciste tú sola? Juraba que no, al parecer estás desperidiciando tus habilidades al dedicarte a la limpieza” se preguntó, entonces, por qué no había decidido formar parte de las doncellas. Y esta vez, no se permitió quedarse con la duda: “¿Nunca pensaste en ser doncella?” quizá existían razones que no tenían que ver con las tareas del oficio tanto como con lo diferente que resultaba el ambiente laboral entre ellas y los demás empleados, siendo el de las jóvenes mucho más ‘personal’ que el de los demás. “Sería un honor para mí conservar tu cola” aceptó, entretenida. “Ya tengo los guantes del ladrón, tu cola… me llevé más regalos que mis primos” (supuso) estaba exagerando, pero le agradaba la idea de guardar algunos souvenirs que permitieran al recuerdo de aquella noche el sobrevivir en el tiempo. “No lo creo, los 'felinos’ normales suelen ser del tipo de disfraz de última hora en el que sólo llevas dos orejitas, nariz y bigotes pintados” el disfraz de la joven había sido demasiado trabajado como para que nadie notara que no era un gato común y corriente. “Quizás les interesaba tratar otros asuntos contigo” sugirió, elevando levemente las cejas. “¿De verdad se percibía de ese modo?” frunció el ceño, pero la sonrisa en sus labios indicaba que aquello no le generaba nada distinto a la gracia. “No lo habría besado, ni habría permitido que él lo hiciera” admitió, pero sólo era fácil asegurarlo ahora que no se encontraba viviendo el momento. Había sido la repentina invitación a participar de los juegos grupales la que había interrumpido su encuentro con el de disfraz de ladrón, algo por lo que ahora se mostraba agradecida. “¿Por qué lo dices?” había curiosidad y diversión en su tono de voz, porque lo cierto era que, desconociendo su identidad, igualmente había sospechado que terminaría ocurriendo algo como lo sugerido por su acompañante. “La posibilidad de haberme quedado sin alguien que me entretuviera con un absurdas discusiones, un poco…” admitió, casi resumiendo en qué consistía su relación con el empleado en cuestión. “¿Tú lo conoces?” quiso saber, observando a la fémina con interés. “¿Llevaba máscara?” aquello despertó la curiosidad de la sobrina de los reyes, porque recordaba un disfraz en particular que optaba por intercambiar el antifaz por una máscara que cubría la mitad de su rostro, y ahora que lo pensaba, las características del acompañante de la empleada coincidían bastante con él. Lo que abandonó sus labios (pese a encontrarse en la privacidad del casi vacío tercer piso) fue un susurro: “¿Acaso besaste a Sub-Zero?” sus ojos mostraron la evidente sorpresa, pese a ello sin olvidarse de la tarea de abrir la puerta de su habitación para permitir el ingreso de la joven y, con ello, permitir a ambas el contar con una mayor privacidad.
“En Denbeigh, en realidad, pero el transporte no es una rápida opción.” al menos, el que ella decidía tomar, económico y con infinidad de paradas. “No es una historia de amor, ¿verdad? Por lo que me has comentado, de todas maneras, se escucha más bien como una especie de aventura en una ciudad que quizá podría estar atravesando una crisis... ¿Me equivoco?” observó a la lady de forma pasajera, el deseo por dejar caer sus párpados ardiendo ante la incomodidad de su dolor que parecía volver a la vida por momentos. O quizá ella resultaba más consciente de él en dichos instantes. “Te tomaré la palabra sobre el juego, así como también la promesa de que jugaremos alguna vez.” con facilidad, Evangeline se hacía con la oportunidad de un comodín para situaciones futuras, eventos donde sus tareas podían hacerla sentir al límite de cualquier tipo de emoción. “No, y no creo que vaya a tenerlas a futuro.” después de todo, contaba con móvil por el simple hecho de encontrarse trabajando en el palacio. “¿Tú pasas mucho tiempo en ellas? ¿Qué es lo que encuentras más atractivo de eso?” no quiso evitar el preguntar, la curiosidad asaltándola de manera inesperada. “Las doncellas deben ser capaces incluso de crear piezas de ropa, el seguir un tutorial de internet no bastaría para todas las tareas que deben realizar.” la realidad era que había resultado en un milagro que pudiese completar el mismo, pues los trabajos de aquel tipo, artísticos y precisos, no se le daban en absoluto a la empleada de limpieza. Además, tampoco sentía deseos por encontrarse atada a los caprichos o actitudes perezosas de nadie, pero semejantes pensamientos se mantuvieron a resguardo. ”En realidad, el disfraz no se encontraba demasiado lejos de cumplir con lo que mencionas. Al menos dos personas no lograron entenderlo... Quizá, si hubiese optado por llevar el traje poco atractivo, que lucía como un pijama con el que no saldrías de tu hogar, hubiese funcionado mejor.” la sonrisa volvía a aparecer en sus labios, sus palabras exentas de cualquier tipo de seriedad; no podría haber contemplado siquiera el utilizar algo así. “¿Crees que en realidad he sido blanco de coqueteos? No podrías encontrarte más equivocada. El que haya podido suceder contigo no significa que todos los demás tuviesen un éxito tal.” provocó con gracia, sus iris volviendo a buscar por el rostro de la lady, sugerencias silenciosas en la sonrisa que menguaba. Y una vez más, rastros de dolor lograban ensombrecer su expresión, llevándole a pensar en no volver a observar por el rabillo del ojo a su acompañante. “Fue esa mi interpretación al verlos. Me pareció observar más intimidad en sus gestos que en un simple beso, pero resulta algo personal." aclara, restando carga a lo expresado. "Me he equivocado entonces." después de todo, desconocía por completo a la muchacha y su atención no se había mantenido demasiado tiempo sobre la pareja, su apreciación pudiendo ser apresurada. "Por lo que no ha sido esa la primera vez que logran interactuar... Podría ser verdaderamente interesante su reencuentro." pues la dinámica descripta por la joven Orderds daba lugar a que mil escenarios pudiesen ser imaginados, todos ellos cargados de variadas promesas. "He tenido unos pocos intercambios de palabras con él." comenzó. "Adrien, ¿verdad? Por ello resulta inesperada su acción. La de los guantes, por ejemplo." el tiempo compartido con aquel empleado nunca había sido el mejor pero, sorpresivamente, tampoco de los peores desde el comienzo de la selección. Ante la nueva incógnita, su mirada acabó perdiéndose en el interior de la habitación femenina, decidiendo entrar a la misma tras comprobar la soledad en que se encontrarían, mayor libertad para nombres y opiniones. El segundo ataque la encontraba ya a resguardo, más sus sentidos despertaron, desconfianza llevándole a entornar efímera su mirada antes de decidir enfrentar a la dueña del espacio. "Ambos habíamos bebido demasiado y un reto fue el culpable. No hubiese sucedido de otra manera." se excusa, y es que el arrepentimiento había golpeado temprano a su puerta. Tampoco veía caso a negar las conclusiones ajenas.
puceyadrian :
pony tails or braids? silk or lace? pj shorts or long pj bottoms? hair up or down? rose gold or gold? necklaces or bracelets? stockings or socks? coffee or tea? outside or inside? ladybugs or bees? strawberries or raspberries? red lip or nude lip? pumps or ballet flats? sugar or honey?
rxwaand.
“Ah, de acuerdo…” Divaga mientras menguadamente una curva comienza a formarse en comisuras, la ironía había arribado con la interrogante foránea, obsequiando una gracia peculiar. “Y siguiendo ese criterio, ¿por qué no lo eres tú?” Todavía le costaba un poco creer en los estándares de belleza que cumplía o podía cumplir, es por eso su ignorancia y testarudez, por eso mismo se embelesa con la imagen de la muchacha envés de la propia. “Eh, por el momento no… creo que hay otra chica más repartiendo conmigo, pero, hum — si igual quieres ayudar estaría bien.”
“No tuve jamás la intención de rellenar el formulario.” y no porque se encontrase falta de necesidades, sino que, entre las variadas razones que había contemplado para evitar la selección, no había podido concebir en lo absoluto la idea de perder la libertad de la que gozaba. Egoísta, tal vez, pero era una decisión de la que no se arrepentía. “De todas maneras, estoy segura de que no es sólo la belleza lo que han tenido en consideración, pero no puede debatirse que está presente en cada una.” otra causa por la que su nombre no formaba parte de la selección. “Tomaré mi descanso entonces, gracias.” replicó tras dejar que su mirada vagase por su rostro, aceptando su negativa y realizando un sutil movimiento con su muñeca. Agradecía la entrega del alimento.
shaiasi.
Una risa brotó a modo de bufido de entre los labios masculinos, dejando atrás una sonrisa curvada que fue la que permaneció entre ambas comisuras mientras su mirada viajaba hacia la empleada. “Es gracioso, de verdad… oírte hablar de madurez” opinó, porque su molestia había sido estimulada a una reaparición después de aquella breve tregua que le había ofrecido, guiándolo a ofrecerle su ayuda. “¿Sabes lo que creo? Que eres una mimada. No te di lo que querías y decidiste reaccionar como un niño malcriado que odia no salirse con la suya” en su memoria permanecía la certeza de que en ningún momento le había faltado el respeto, que la reacción ajena había sido exagerada e injustificada, y su terquedad le impediría cambiar de opinión. “Ahora mismo me da igual lo que pienses” admitió. “Y anda, sólo asegúrate de que serás capaz de caminar por tus propios medios a la enfermería, después, porque no te voy a cargar.”
Por segunda vez desde la llegada del príncipe a su infortunio, la mirada de la empleada buscó encontrar descanso sobre su figura, sus cejas en alto cargando con el escepticismo que despertaban los pensamientos ajenos. El hastío de pronto la invadió, viéndose protagonista de un escenario que carecía por completo de sentido para ella y del que no sentía deseos por formar parte; no encontraba fundamento a las tontas conclusiones masculinas, menos aún al originarse de alguien como él, un príncipe al que pocas cosas podrían haberle faltado. “¿Qué podría querer de usted? ¿Su fortuna, tal vez? De ser así resultaría más propicio el actuar toda complaciente e incluso acatar sin más su pedido por dejar a un lado los honoríficos.” comenzó, utilizando la base absurda que había sabido construir el joven Schreave. “Se engaña a sí mismo si creer que al no hacer uso de éstos ganarán mayor confianza o comodidad con su persona, que podrán confiar o incluso olvidar la posición que ocupa. Qué egoísta querer involucrar a los demás en sus puestas en escena.” y aquel último mensaje no era exclusivamente para la persona a quien ya había quitado la vista de encima. “Ese pedido es sólo para su comodidad, su alteza real.” hablaba por su experiencia, con suerte, por todo aquel que compartía sus pensamientos. Buscó entonces ponerse en pie, de forma lenta, sus deseos por bajar en ese instante a tierra habiéndose evaporado. “¿Sabe? He pensado en disculparme con usted por días, pero no olvidaba sus palabras, las que en realidad provocaron que no quisiera hacerlo y esto se alargara. Lo siento.” lanzó deseando terminar aquello. “No merecía que lo tratase de esa manera, no fue correcto ni estuvo bien el que reaccionara de ese modo. Mi día no había sido el mejor y, quizá, por un malentendido, terminé explotando con usted; lo lamento.” no era la situación en la que había pensado disculparse, no era la forma, cada palabra que formaban sus labios pareciendo ser empujadas fuera. Sin embargo, volvía a observarlo, buscando su rostro en un intento por transmitir la sinceridad de sus palabras, pues el reconocer errores nada le costaba. Acto seguido, sus pies terminaron por alejarla del borde de la madera, sus manos buscando por su móvil para intentar una vez llamar a alguien que pudiese ayudarle a bajar de allí como correspondía.
lovaurore.
Melodías cuan diversión se generaron tras las prosas emitidas por la fémina castaña junto al despliegue de iris que se entonaba blanco con la mención propia. “O, quizá lamida.” sugirió con gracia elevando su torso cerca de anatomía contraria, no podía evitar mantener aquel despliegue de sonrisa puesto la chica no le desagradaba, y aunque tal vez habían sido victimas del alcohol no negaba que fue su mejor accionar de aquella noche. “Puedo hacerlo.” aseguró y como acto seguido se volvió a apartar para poder acceder al pincel mencionado, en busca de pintura para comenzar aquel adorno para los querubines que estaban atendiendo, su parte favorita de todo.
El grácil movimiento del cuerpo femenino acabó por capturar su mirada, ganándose un movimiento ascendente de sus cejas a modo de interrogante, el juego que había comenzado en la fiesta siendo identificado con ciertas pérdidas: la intensidad de aquella noche ya no formaba parte de la ecuación que ambas habían sabido formar. “¿No te despierta preocupación alguna el que pueda tomar seriamente tus palabras?” no existía confianza o familiaridad, pues la actual resultaba ser la segunda conversación que mantenían, y la joven cabellos de oro ocupaba la delicada y frágil posición de seleccionada. “Resultas afortunada de que no tenga deseos por escandalizar a los menores que corretean por aquí.” jugó, desprovista de seriedad, una sonrisa haragana curvando sus labios. Con el retorno de su mirada a la pared en la que aún debía trabajar, la misma perdió fuerzas en tanto su brazo lo ganaba para dar color al cuarto. “Muy bien, me alegra saber que no tendré que levantar una queja sobre ti entonces.” de hecho, podía hacerlo de tocarle un compañero oportunista, más no creía que el peso de sus palabras pudiese ganarle a la de quien no formase parte del cuerpo de empleados.
gablackstein.
Repasó con la mirada cada una de las láminas colgadas, comprobando que quizá la fémina tenía razón y no había pensado en la distancia que debía existir entre una y la otra antes de pegarlas. “Tal vez si las instrucciones hubieran sido más claras…” distraído, rascó levemente la barba incipiente en su mandíbula, preguntándose cómo haría para corregir el error señalado por la empleada. Giró su rostro hacia ella después, elevando levemente las cejas ante el comentario pronunciado por la muchacha. Decidió bajar, comenzando a caminar hacia ella. “Estoy acostumbrado a hacer guardia de ocho a doce horas por día, esto no es realmente… trabajar” pronunció, como si la joven no tuviera idea de lo que significaba dicha palabra. Y como si ese comentario jamás hubiese abandonado sus labios, dirigió su mirada hacia las láminas, comprobando el estado en el que se encontraban: “Yo las veo bien.”
Sus iris acompañaron a la figura del guardia en su andar, su rostro, carencia de expresiones, siendo los dueños de su atención. Resultaba imposible el leer sentimiento o intención alguna en él, y tal vez fue aquello lo que llevó a que cualquier cualquier rastro de incordio se desvaneciera del cuerpo femenino. O, quizá, simplemente había decidido aceptar lo desmedido de su reacción. “¿Acabas de desmerecer puestos de trabajo según tus estándares personales? Disculpe usted a los que no tienen grandes oportunidades.” personas de baja casta, en situación de necesidad, ocupaban trabajos donde colgar carteles o entregar panfletos resultaba en la tarea a enfrentar, y no por ello su esfuerzo debía desvalorizado. Resultaba claro, Evangeline no había interpretado aquel comentario como un intento por ofenderla. “Continúe entonces.” creó distancia, y no sólo verbal, pues su cuerpo emprendió camino hacia el final de la sala para pegar las pocas decoraciones que faltaban. “Queda en evidencia que de nada hubiese servido hacer antes mención de las ubicaciones.”
frxyash.
Y entonces, con el centellar de semejante idea, sus pardos caen sobre semblante femenino como si trata acallar aquella lengua traicionera. Minuciosa solución de pronto es desvirtuada, desintegrada ante la nueva propuesta que todavía mantenía al infante balanceándose en la cuerda floja del llanto y la calma. Son un suspiro y una sonrisa forzada los primeros en adornar facciones, en hacerse pasar como replica. “¿En serio quieres que cante yo? Porque quizá, si la señorita Evangeline me acompañara, estoy segura que más que parecerse a un cuento será como uno.” Pretende embelesar, hechizar la mente del menor lo suficiente como para robar una sonrisa, un asentimiento, atisbo de positiva a esa nueva propuesta. Mas se anticipa, es ansiosa y no quiere dejar espacio libre para una negativa, por lo que enseguida sus irises capturan perfil femenino mientras sobre semblante invade una interrogante: “¿Conoce la de Twinkle Twinkle Little Star?”
Tomó gran parte de sus fuerzas el detener el acto reflejo de colocar sus ojos en blanco, un lento parpadeo ocupando su lugar en cambio, calculado, ante el intento de libertad que sonaba pobre y forzoso para la empleada. No existía atractivo alguno en que participara de aquello, mucho menos que fuese quien iniciase la reconocida melodía infantil pero, sobre todo, creía que el alargar lo que parecía ser una tortura para ambas no resultaría beneficioso. Confirmando dichos pensamientos, y una vez la empleada se decidió a asentir de forma desapasionada, la niña, impaciente y sin contención, dejó al fin que sus lágrimas fluyeran, el llanto haciéndose rey de la habitación. “Aguarda, ¿quieres un dulce? ¿Pintar a gusto el rostro de la princesa?” comenzó con rapidez, ganando cercanía con la infante, quien parecía encontrarse ausente en ese instante. “No hubiese destruido su imagen el comenzar a cantar.” comentó por encima del llanto, evitando cualquier tipo de culpa, pues creía a la princesa la figura de importancia para la pequeña. “Ofrézcale algo, baile...” con suerte, podrían volver a ganar la atención ajena y detener aquel incómodo sonido.
raiserlin.
La masa permanece entre sus manos y con un poco de torpeza la moldea hasta que esta adquiere una forma más o menos redonda. Las habilidades manuales como por ejemplo hacer galletas no son su punto fuerte y, aunque se esfuerza por obtener resultados decentes, su estómago la distrae de la tarea principal. “Yo también evito la cocina. La verdad es que prefiero el deporte” en ese momento ansía la adrenalina y la brisa del exterior. “Sí, desde luego. Me recuerdan mucho a mis hermanos. Ellos solían hacer galletas y pasteles a menudo, pero yo no participaba” risita abandona sus rosados labios, nostalgia invadiéndola por momentos. “¿Te quedarás toda la mañana haciendo galletas?” curiosidad es ahora la que ataca.
“¿Puedes tomarlo como hobby o es algo a lo que te dedicas?” inquirió, conociendo de la posibilidad de encontrarse con una seleccionada de casta elevada. En tanto, se dedicó a colocar la masa terminada sobre la mesa, su mirada recorriendo los alrededores en busca de los cortantes que les habían entregado más temprano. “Espera, éstas debían ser con algunas formas y decoración.” la detuvo, continuado después: “No, haré lo posible para no volver por aquí. Si vuelven a asignarme la cocina, tengo pensado en intercambiar puestos con algún empleado que me deba.” para su suerte, el intercambio de favores resultaba ser moneda corriente entre ellos, la camaradería habiéndose vuelto parte de la vida de Evangeline una vez comenzada la selección. El exceso de trabajo lograba dejar a un lado la desconfianza que siempre había cargado la muchacha. “¿Y tú? ¿De casualidad tienes la posibilidad de elegir?”
lovaurore.
Confusión se denotó en cejas doradas elevadas a causa de las palabras pronunciadas por la morena. “¿Disculpa?” interrogación se remarcó sin comprender el asunto. “Jamás me he considerado una Diosa, una antifaz no te hace una.” recalcó con sutileza pronunciando la curvatura de una sonrisa. “Aún así sigues siendo un gato tierno.” confesó, del mismo modo el secreto del disfraz impropio. Pasos recalcaron el suelo cuan cercanía se hizo evidente. “¿En qué puedo ayudarte?” no dudó en corroborar a la causa.
Sus ojos viraron a blanco ante la mención del calificativo por el que había decidido catalogar su disfraz, sus párpados cayendo efímeros antes de buscar por el rostro femenino. “¿Continúas con deseos por ser mordida? Pensaba que era un simple efecto colateral del alcohol, pero quizá sea una necesidad.” fue etéreo el movimiento de las comisuras de sus labios, su cuerpo rápido al volver al trabajo. “Puedes tomar aquel pincel y comenzar a pintar sobre la pared las figuras hechas.” con su mentón, en tanto continuaba con la pared aún sin acabar, señaló las guías que les habían sido entregadas. La idea era que los muros quedasen adornados para los más pequeños.
siobg.
“¿Quién te dijo que no puedo echarme a correr y dejarte atrás?” bromea, como si permanecer cerca de Evangeline no fuese su prioridad en aquél sitio perdido del mapa. “Lo siento, no puedo evitar emocionarme con la idea de tener una amiga famosa.” entusiasmo iluminando, no era necesario mencionar que era una gran aficionada del capital report y mediante el blog conocía gran parte de los chismes que viajaban por el palacio. Especial atención en aquellos que involucraban a sus amistades. “Pero me decepciona no tener detalles, no veo los beneficios de conocer a la tercera dama de Illéa.” su hombro dio con el de la contraria para propinar un suave empujón, diversión latente. Optó por barrer con la mirada todo el entorno hasta dar con el cielo: “Estoy segura de que hay una forma de ubicarnos según la posición del sol. Cómo puede ser que no hayas leído sobre eso…” lanza la queja, porque la crítica a sus extensos tiempos de lectura eran recurrentes. “El sol sale por el este.” información soltada para luego buscar el oasis ajeno, curiosidad de si aquello significa algo en lo absoluto.
Una exhalación la abandona con humor. “Podría esperarlo, para qué mentir.” y es que, en cada ocasión que se presentaba la oportunidad de compartir un momento juntas, la joven de cabellos rojizos parecía evaporarse como en un acto de magia. “¿Famosa? Dime que en verdad no te dejas llevar por lo que lees en ese blog, Siobhan.” pese a que sus comentarios resultaban en un gran indicativo de un comportamiento tal, Evangeline buscaba conocer dónde trazaba los límites en cuanto de habladurías se trataba. “Y en realidad, si Isaiah llegase a notar mi ausencia por pura casualidad, ordenaría que todos volviesen al palacio en ese mismo instante. De hecho, me sorprende el seguir trabajando.” confesó, cayendo en la cuenta de que no había tenido oportunidad de platicar sobre aquellos sucesos con quien consideraba una especie de amiga en el palacio. Ambas parecían hasta desconocer de los usos de un teléfono celular. “Disculpa, pero en realidad no sabemos siquiera en dirección a qué punto cardinal se encuentra el edificio, ¿o lo has buscado?” el entretenimiento es evidente en la empleada, más aún al llevar sus manos a los bolsillos de su pantalón y acariciar la fría superficie de su móvil. Sin embargo, no le sería de utilidad si en aquel espacio no contaban con señal.
“¿Necesitas que te recoja el cabello?” @rehnev
Frena un segundo y observa a la empleada, tenía partes del cabello con tierra, algunas manchas en el rostro, pero no quería atarse el cabello, tenía aún la vincha de su hermana acomodada de forma torpe sobre su cabeza, no quería quitársela —No, no — Dice recuperando la realidad — Descuida, gracias, Evan — Sonríe a medias — ¿En qué te estás ocupando? — Pregunta para evitar ser ella la que quede como tema de conversación.
"Acabo de ser utilizada como ave mensajera una vez más, ya que no estaban todos los niños listos para la merienda.” explica con algo de pereza, su mentón realizando un movimiento igual al señalar a la espalda de la seleccionada. Allí, en un espacio abierto rodeado por una arboleda, se encontraban ubicados distintos objetos de madera. “Mi verdadera tarea ahora mismo es barnizar, ¿qué tal tú? ¿Acaso necesitas ayuda?”
meilanic fb.
“¿Y en esos días aprovechas para regresar a casa?” inquirió, la curiosidad pudiendo más y llevándola a ignorar que, quizás, se estaba desviando hacia temas demasiado personales que quizás la otra fémina no tuviera intenciones de compartir con ella. “Espero que te estén pagando mejor ahora que el palacio es un caos” comentó, porque estaba segura de que los empleados que permanecían en Ángeles o incluso en su hogar en Honduragua contaban con mucho menos trabajo que aquellos que habían sido transferidos a Carolina. “Sí, pero no del tipo de juegos de dos jugadores que consisten en, principalmente, luchar y masacrar” negó con la cabeza. “Aunque sí tienen un poco de eso” admitió, entonces dibujando una ligera curva sobre sus labios. “Cuando quieras te los puedo enseñar, pero temo que tengas que fingir estar enferma por una semana porque no puedes dejar de jugar” había padecido la adicción en carne propia, por lo que no le costaba imaginar que su acompañante pudiera correr con la misma suerte. “Será nuestro secreto, espero que tus colegas no terminen odiándome cuando me vuelva el motivo de todas tus ausencias” consideró la posibilidad como si en verdad barajara ideas para distraerla de sus tareas rutinarias (y es que quizás, en verdad lo hacía). “Tiene sentido” admitió. “¿Lo hiciste tú sola o alguien te ayudó?“ deseó saber, queriendo conocer en mayor detalle hasta donde llegaban las habilidades ajenas. “Tu personaje siempre me confundió. Si me encontraba contigo, seguramente formaba parte de quienes se acercaron a pedirte detalles sobre él” porque estaba segura de que le había sucedido, en algún punto, lo mismo que a ella y a otros de los invitados con los que había podido conversar. “¿Prometedora en qué sentido?” entrecerró los ojos, observando a la otra fémina y preguntándose qué era lo que cruzaba por su mente (o había cruzado en aquel momento, durante la fiesta). Lo siguiente que dijo la llevó a sonreír divertida, el recuerdo causándole gracia “Lo hizo después de quejarse porque, supuestamente, adormecí sus piernas. ¿Tú no crees que fue una crítica a mi peso?” porque ahora que conocía la identidad detrás del disfraz, no le parecía imposible la posibilidad. “Intenté devolverle los guantes, abofetearlo con ellos cuando lo encontrara… pero desapareció, tal vez en lugar de ‘atraparlo por completo’ lo que hice fue espantarlo” y aunque sus palabras resultaban exageradas, en realidad se había cuestionado el porqué de la desaparición del joven, algo que hasta entonces permanecía sin descubrir. “Por un momento pensé en interrumpir, creí que él te estaba molestando” porque recordaba la presencia de ebrios molestos por doquier. “Después me di cuenta de que los dos la estaban pasando bien” jugó, entonces, quizás para vengarse por todo lo que la joven acababa de hacerle revivir. “¿Supiste quién era?” inquirió, en tanto atravesaban al cuerpo de guardias que custodiaban la entrada a la zona de las habitaciones de la familia real e invitados extranjeros.
Sus comisuras derechas se alzaron leves con un dejo de ironía, una seca negación de su cabeza (la cual provocó que su ceño se frunciese fruto de una corriente de dolor) dejando en claro su respuesta incluso antes de hablar. “Desperdiciaría el tiempo libre en horas de viajes más que en mi hogar. Si la libertad excede los dos días, lo hago.” el revelar detalles superficiales como aquel no le suponía problema alguno. “¿Trata sobre misiones, investigar? Lo cierto es que no poseo gran experiencia con los videojuegos, pero no puedo imaginar el convertirme en una adicta a ellos, por lo que no crearé ningún sentimiento de culpa en ti.” confesó, dispersa, el foco de la conversación de pronto deformándose. “De hecho, me han otorgado un teléfono móvil al conseguir mi puesto y no he desarrollado el apego del que la mayoría habla. Lo utilizo sobre todo para mantenerme al corriente de las exigencias de nuestros jefes.” Tal vez todo se debía a su crianza, cadencia de lujos y, en ocasiones, comida sobre su mesa. “Muy bien, acabo de comentar que no utilizo en demasía mi móvil, pero busqué por allí ideas para disfraces, y un tutorial de maquillaje tras decidirme. En cuanto al vestuario, consulté con algunas doncellas por prendas que fuesen a ser donadas o les sobrasen.” dicha tarea había sido más fructífera de lo que había esperado. “Teñí la camisa, y lo que no tuvieron ellas debí comprarlo. Si tanto te ha gustado la cola del disfraz, podrías tenerla cuando deseas.” en aquella ocasión, el hablar de tan controversial accesorio logró llamar a una vaga sonrisa a sus labios. “¿El gato de cheshire? Lo cierto es que nadie realizó comentarios al respecto; creo que fue interpretado como un disfraz de felino más. También hubiese preguntado yo por tu disfraz, es una lástima que no hayamos coincidido.” y en verdad lo creía. Pensaba, las mujeres habían sido la mejor compañía en aquella noche de alcohol, continuando juegos sin poner pega alguna, y hasta creando llamativas situaciones de las que había formado parte. “¿Acaso no acabaron besándose? Hubiese apostado con cualquiera a que terminarían en una situación como aquella. Daban la impresión de pensar que se encontraban a solas pese a las miradas que recibían, muy a gusto.” una de sus cejas se arqueó en aquel momento con intención, sin embargo, poco duró aquella expresión, pues un pasajero ceño fruncido ocupó su expresión. “Considerando su identidad, el que no te haya lanzado al suelo deja en evidencia su agrado, aunque es un comentario fuera de lugar si no cuentan con la confianza necesaria.” expresó con sinceridad, los empleados habiéndola puesto al corriente de los portadores de ciertos disfraces. “Quizá ha tenido un imprevisto... ¿Te inquieta?” agudeza reflejaba su mirada al observarla, una que supo mantener debido a los comentarios que levantaban sospechas. “El reto consistía en un beso y el alcohol tuvo su parte en ello.” junto con una tonta idea que a la luz del día resultaba en un sin sentido. “Lo supe esa misma noche. Las mascaras debían estar fuera, por lo que fue inevitable que lo viera.”
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Encuentra satisfactoria la respuesta que obtiene de parte de la empleada de palacio, asintiendo antes de encogerse de hombros, restándole importancia al malfuncionamiento de vestuario, como lo pondría en un lugar más profesional. —Estoy a gusto con esa respuesta. No me hubiera agradado mucho estar mostrándole mi ropa interior a todo mundo,— responde con un aire entretenido, sonrisa jovial presente en las facciones de la rubia. —No, está bien. Pero gracias de todas formas,— asiente ante la castaña, echándole un último vistazo al agujero en la prenda, antes de reír por lo bajo. —Una vez tuve que caminar desde el trabajo hasta casa con un agujero en la entrepierna de mis pantalones cuando la costura no estaba bien hecha. No puede haber nada peor que eso, creo. Ya veo que este tipo de accidentes me ocurren más a menudo de lo que me gustaría…—
Ante la negativa, su cuerpo gira para enfrentar una vez más la mesa de trabajo, diferentes papeles, e incluso cartones finos, formando ordenadas pilas a un lado de la superficie de madera. A Evangeline le tocaba el armado de pequeños objetos pintorescos, los mismos variando de una simple y colorida caja hasta un sobre de tareas. “¿Cómo pudo suceder eso?” en su voz, la sonrisa ladina que se había plasmado en su voz resultaba clara, su imaginación habiéndose echado a volar de manera imprevista. “Debes de haber aborrecido cada paso... ¿Fue por el simple hecho de sentarte?” no comprendía de costura, y las únicas experiencias de aquel tipo habían nacido por el simple hecho de un lavado, el uso excesivo de alguna prenda. “Espera, ¿no has visto una plancha de stickers?” se interrumpe de pronto, de su sonrisa ya no existen rastros.