La castaña parecía habilidosa en la tarea de llamar su atención. Con aquellas simples palabras había conseguido que su interés sobre el aparato incrementara, de la misma forma en que su curiosidad por descubrir las imágenes capturadas por el lente de aquella cámara se había visto aumentada. “Rowan” ladeó el rostro, y fue con insistencia que volvió a mover sus dedos para pedir por las imágenes que ella ahora sostenía contra su pecho, haciendo inútiles sus pedidos (era clara la negativa). Dejó caer su brazo como si se diera por vencido, acción que contrastó con el que se acercara a ella, con la clara intención de robarle aquello que parecía atesorar. “No me obligues a usar mi poder para obtener esas imágenes” y aunque esperaba que ella comprendiera que hacía referencia al título que poseía, al hecho de que podía usar métodos exagerados para obtener lo que quería, en realidad no tenía intenciones de hacerlo. “¿Qué puedes tener ahí que te avergüence?” deseó saber, sin confiar demasiado en que fuese a obtener una respuesta, pero más que dispuesto a dejar de molestarla si obtenía una que lo convenciera. “No me sorprende su partida, es decir… Después de lo del ataque.” La doncella no había salido tan ilesa de aquella situación, y tampoco lo había hecho la seleccionada frente a sí, por lo que de inmediato añadió: “Me sorprende que tú o tu familia no hayan decidido iniciarnos un juicio y amenazar con quitarnos el palacio de Carolina, también” admitió. Le sorprendía que nadie lo hubiera hecho, cuando eran tantos los que se hallaban en la posición de quejarse. “¿A Aedan? Le compré algo en la tienda de regalos. ¿Y tú? ¿Qué le regalaste?”
“Isaiah” Imitó la entonación recibida, obsequiando entonces aquel gesto que de manera inconsciente rozó confines de lo infantil. “… ¿qué?” Fue una risa instintiva lo que nació de carmines (casi como un saludo de los nervios que se forzaba por mantener bajo su dominio) en consecuencia, mientras palabrería foránea evocó recuerdo que ya creía olvidado: “¿me estas amenazando de nuevo?” Replicó sin más, aun siendo afectada por la amenidad hallada. Aún así, consiguió desvelar que la exhibición de su teléfono (al menos) no sucedería aquel día… o mejor dicho: en ese momento. “Mhm… muchas cosas — ¿por qué quieres ver?” Se limitó a decir tan sólo aquello, quizá exagerando un tanto, pero las fotografías que guardaba tampoco resultaban demasiado favorecedoras, aunque era más su deseo de evitar la burla que la vergüenza que estas le incitaban aquello que ofrecía tanta resistencia a la tarea de compartir. Tampoco esperaba ser comprendida, bien sabía que eso se trataba de algo que le faltaba / de ese ego que bien podría ayudarle a enfrentar situaciones de tal índole y que entonces sólo dejaba un vacío perdurable. “No estaba bien, si” Concordó, porque bien recordaba a la de hebras castañas algo más cohibida de lo normal. Mas aquel razonar se perdió ante las continuas oraciones por parte del monarca, aquellas habían sido palabras que despojaron una curva pequeña, casi invisible, pues era gracia lo único que halló en ellas. “No… ellos no son así” Con la preocupación a flor de piel por sus hijas, quiso decir. “y yo tampoco soy tan idiota” Era por cosa de lógica (y puede que algo de pesimismo) que entonces aquella idea había sido descartada incluso en los peores ratos, sabía que perdería cualquier batalla contra un poder tan relevante como lo era el palacio de Carolina, incluso con todas las cartas a su favor. Por no decir que, de todos modos, no lo sentía correcto: ella había salido lastimada igual que cualquiera y al dormir tenía la misma pesadilla que todos (o, bueno, eso se imaginaba). “¿En la tienda de regalos?... es original” Opinó tensando sus fauces en una sonrisa, volviendo a encontrarse con el donairoso semblante masculino. “eh, yo nada — no aún. no lo conozco en lo absoluto y… mhm, no sabía que podía gustarle” Y si bien Arya había ofrecido muchas ideas, todas ellas las encontraba más que ostentosas.