La representación de identidades sexuales (I): Una introducción
La consideración de las sexualidades e identidades fuera de la heteronormatividad es irregular a lo largo de la historia, desde la moral permisiva, en cierta medida, de Grecia, hasta el silencio medieval. En la Italia de la transición hacia el Renacimiento, especialmente en la Florencia de los Médicis, la homosexualidad se concibe de una manera más relajada. El ducado de Cosme I de Médici fue ambiguo: abole el tribunal cívico encargado de perseguir la homosexualidad, pero promulga otras severas leyes. A pesar de ello, la homosexualidad no es ningún secreto. Es a partir de este momento, con el crecimiento de las grandes ciudades, cuando se crean redes homosexuales, normalmente ligadas con talleres y hermandades de artistas. En el siglo XVII, el clima moral que impone la Contrarreforma, genera silencio en torno a la sexualidad de los artistas de la época, con su consiguiente censura de las muestras literarias y artísticas de la homosexualidad y otras identidades.
Finalmente, en el siglo XIX comienza a comprenderse la homosexualidad como una identidad de género en el sentido actual de la palabra. En las sociedades de la época, la homosexualidad masculina era considerada una indecencia grave contra la moral, algo aberrante, y era ciertamente más condenada que la femenina, que al ser considerada más “pasiva”, era también inmoral pero inofensiva. De hecho, en siglos anteriores las “amistades románticas” entre mujeres habían estado bien vistas, siempre y cuando no llegasen a las relaciones sexuales. Esta mayor represión de la homosexualidad masculina, que incluía penas de cárcel de varios años -recordemos a Oscar Wilde, encarcelado en 1895 tras unos mediáticos juicios- propició la formación de una identidad y subcultura gays en el siglo XIX mucho antes que las del lesbianismo.
Así pues, en medio de este contexto de firme rechazo social hacia la homosexualidad, la transición del siglo XIX al siglo XX se alza como un momento apasionante en lo relativo a la historia de las sexualidades. En concreto, destacamos la Belle Époque (1871-1914) como un periodo de referencia en cuanto al crecimiento de la cultura y la visibilidad de la homosexualidad en París, que además de centro cultural, se erigió como el centro LGTB europeo por excelencia, caracterizado por su espíritu hedonista y el estilo de vida bohemio, muy marcado por la experimentación sexual y las nuevas formas de erotismo no heteronormativas. Los nuevos bares, cafés, casas de baños y clubes (especialmente en Montmartre), serán un centro de acogida y desarrollo de la cultura LGTB.
En el ámbito de las Bellas Artes, tanto artistas como críticos de arte comenzaron a formar una conciencia colectiva sobre su identidad como homosexuales, que pusieron de manifiesto en su vida personal, y que tuvo su reflejo en su obra. En el caso concreto de las mujeres, el lesbianismo se mostró en la pintura desde el punto de vista erótico y fetichista de los deseos masculinos, más que como algo identitario; emergieron, eso sí, artistas como Rosa Bonheur, que aunque nunca pintó temas lésbicos, sí vivió una vida bohemia en París, y reivindicó abiertamente su identidad como mujer homosexual.
Por último, las distintas corrientes artísticas y culturales que se sucedieron a lo largo del siglo como el neoclasicismo, el romanticismo, el Aesthetic Movement inglés o el simbolismo, entre otras, dieron un notable empuje a la conformación de una conciencia identitaria gay y a una mayor sensibilidad artística hacia la homosexualidad en general. En este ensayo realizaremos un acercamiento a las temáticas y personajes que más se utilizaron en la pintura del XIX para reflejar actitudes o tendencias homoeróticas y transexuales.