dancing through the night a vodka and a sprite a glimpse of the silhouettes a night that they never forget

shark vs the universe
Today's Document

roma★

JBB: An Artblog!

#extradirty
sheepfilms
Not today Justin
will byers stan first human second
tumblr dot com
Cosmic Funnies

Janaina Medeiros
$LAYYYTER
I'd rather be in outer space 🛸
Alisa U Zemlji Chuda

No title available

No title available

⁂
DEAR READER
AnasAbdin
No title available
seen from United States

seen from Canada
seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States

seen from Italy

seen from United States
seen from United States

seen from France

seen from United Arab Emirates

seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Peru
seen from Luxembourg
seen from Saudi Arabia

seen from Switzerland
seen from Norway
seen from Türkiye

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom
@relnhardts
dancing through the night a vodka and a sprite a glimpse of the silhouettes a night that they never forget
— Sólo pienso que el abrigo no tendría porqué ser algo que se encuentre en un estado tan crítico, pues, en todo caso, por algo lo ha guardado y lo tiene tan presente como para ofrecer… a un extraño —replicó con tranquilidad, su mirada volviendo a examinar al castaño para finalmente detenerse en su rostro. — Te ha visto luchando con un abrigo que lograba abrirse cada vez que el viento soplaba, ¿por qué no ofrecería uno si lo tiene? Pero bien, admito que coincido un poco contigo… Tal vez ha pensado que podías darle algo a cambio de aquello —esta vez, un leve tono jocoso se dejó escuchar en sus palabras, sus hombros alzándose apenas poco después. — No me atrae la idea de presenciar una mínima insinuación de prostitución, aunque eso sea pensar muy mal de aquella mujer, por lo que deberías defenderte tú mismo—. Sentenció, sus orbes viajando hacia la entrada del hotel al responder: —O más, ¿quizá? Pues esa será la distancia que me separará de la situación.
— Y por esos motivos que has dado con una claridad excepcional, es justamente por lo que sostengo que no se encuentra en el mejor de los estados —manifestó sin problema alguno para continuar aquel intercambio. Sus ojos se abrieron al escuchar la ocurrencia que profesaba, pero no atinó a hacer ningún movimiento—. ¿Parezco alguien que lo haría? —quiso saber, y su voz no demostraba ningún tipo de enojo— Me estás soltando a las garras de una pervertida sexual, más o menos. Podía comprender que no tuvieras el don de la solidaridad, pero esto ya roza la crueldad —suspiró y tomó una bocanada de aire frío, estudiando las intenciones de la muchacha e inevitablemente repasando los adjetivos que había dejado entrever hasta el momento. Finalmente con un encogimiento de hombros casi imperceptible, procedió a esconder sus manos en el bolsillo de la campera y esbozar una vaga sonrisa—. Gracias por el trato y toda la hospitalidad brindada, entonces.—dicho esto se dispuso a continuar su camino hacia la ciudad.
—Pues que cortés, gracias por comprenderlo —sonrió ampliamente, ladeando la cabeza—. ¿Eres nuevo por estos lares? Para ser sincera nunca te había visto por aquí —observó sin borrar la gran sonrisa que decoraba su rostro.
— Sí, algo así —le respondió, para luego proceder a presentarse:— Ah, Mats —dicho esto se apresuró a extender su mano, expectante a oír el nombre de la contraria—. Que no viene de Matthew ni ningún nombre por el estilo.
Había decidido salir a pasear, el frío comenzaba a asomar por el clima, un viento suave y otoñal amagando aparecer por las bajadas del sol. Estaba en su día nostálgico y comenzaba a extrañar a su familiar, por lo que un paseo por las calles de Las Vegas antes de que las hormigas apostadoras decidieran salir a trabajar, era lo mejor, la tranquilidad, la poca gente rondando y algún que otro borracho desvariando en medio de la calle antes de caer rendido ante el sueño y el alcohol juntos. Estaba tan pensativa que cuando las palabras del joven la succionaron de la realidad tuvo que negar varias veces para centrar su mente en él.— Oh, no, lo siento, habrás creído que te dije algo, aunque si lo hubiera hecho te ofrecía mi saco ¿Tienes frío?— Cuestionó con preocupación.
— No, no, estoy bien. ¿Por qué toda la gente me trata como si viviera en la calle y no tuviera ni para comer? —preguntó al aire, aunque probablemente un espejo podría responder aquella inquisición— Gracias, igualmente.
— ¿No sería genial tener nulas capacidades como ella, hablando en este aspecto? —preguntó, jugueteando con una papita frita a lo largo de sus manos. A juzgar por la leve ojeada que le dio al otro, sabía que su presencia le estorbaba; a lo que soltó unas suaves risas.— ¿Piensas que voy a comerte a ti en vez de mi hamburguesa? —bromeó, para luego responder a su última incógnita:—Ojalá fuera una estupidez tan simple en arreglar.
— Siempre se puede llegar a un estado parecido, pero a la larga no tiene sentido, preciosa —sus ojos estaban enfocados en el vaso colocado entre ambos, mientras una sonrisa sarcástica era esbozada. La desplegaba para sí mismo, pues sus propias palabras le resultaban irónicas dado su historial y presentes deseos—. Temo más que te comas mi hamburguesa —agregó luego de devolver la mirada a la ojiazul, con una expresión suavizada—. ¿Pero tiene algún tipo de arreglo? —preguntó a ciegas en cuanto a la cuestión.
— ¿Por qué la cajita feliz es feliz, y por el contrario yo no? —se tomó el atrevimiento de escurrirse en una silla vacía de una mesa ya ocupada, ubicada en el restaurante central de hotel. Dejando la mencionada en el roble, alzó la vista hacia la otra parte, expectante ante la respuesta.
— Porque la cajita feliz no piensa, ni se hace ese tipo de preguntas —contestó con cierta incomodidad y un ánimo nulo para tener ese tipo de conversación o siquiera pensamientos, rondando en su cabeza. Se llevó una papa frita a la boca y elevó la vista hacia quien tenía en frente, dispuesto a continuar:—. ¿No te vino el juguete que deseabas?
— ¿Y por qué tendría que ser irremediablemente un divorcio? Tal vez es una mujer viuda que conserva las prendas en perfecto estado, así como también cabe la posibilidad de que ella amase a su ex-esposo, el asunto fuese reciente, y aún conservara las esperanzas de una reconciliación —respondió con tranquilidad, su mirada viajando nuevamente al camino que había señalado con anterioridad. — Debería, dices… Podría describirla para ti y asunto acabado. Además, ha dicho que volvería a por ti, por lo que no creo que necesitaras reconocerla —agregó, sus labios presionándose entre sí. — Cuando se trata de un prójimo alojado en un hotel cinco estrellas a solo diez metros de distancia, sí…
— Que la prenda pertenezca a su marido difunto no hace que la vea con mejores ojos. ¿Estás defendiendo su posición, o no..? —cuestionó expresando una exagerada confusión en el rostro, con el camuflado objetivo de suprimir la sonrisa que amenazaba con esbozarse— Admitiré que la segunda opción podría ser verdadera, pero eso no quita que la haya cedido a alguien que viste de esta manera. En ese camino dudo que logre recuperar a su esposo —ladeó la cabeza antes de chasquear su lengua, como si lamentara una historia imaginaria, de una persona que no sabía si existía—. ¿Volverá por mí? Es algo realmente aterrador. Con más razón debes quedarte —sentenció, con un pronunciado asentimiento. Separó su vista de la contraria para mirar al hotel—. Son más de diez. Doce, quizás.
—Al oír una voz profunda a sus espaldas se volteó, rebuscando entre los presentes quién podría haber originado tal inquisición. Al encontrar a un joven que le miraba a los ojos, contestó—: Oh, no disculpa —negó con la cabeza rápidamente, mientras sacudía la misma al sentir la fuerte brisa despeinar su ya enmarañado cabello castaño.
— Nada que disculpar —enarcó una ceja al decirlo, sin pasar por alto el hecho de que sus primeras palabras podrían haber sonado como un barato y poco original intento de ligue— Error mío.
La voz del chico la sacó de su “nube”, interrumpiendo sus pensamientos y haciendo que volteara con curiosidad en su dirección, preguntándose si efectivamente le hablaba a ella. —¿Q-qué? ¿Quié-, yo? —Preguntó, señalándose a sí misma. —No, no, estaba hablando con…—hizo una pausa para reír un poco y continuó—, conmigo. Estaba hablando conmigo. —admitió finalmente, sonriendo con diversión.
— Discúlpame por entrometerme en la conversación, entonces —frunció el ceño antes de esconder las manos en el bolsillo de su campera y, a su vez, de ser contagiado por la sonrisa ajena, que no hacía menos que producir una elevación de las comisuras propias.
—No dije absolutamente nada— frunció el ceño, un tanto extrañado por el chico para luego dejar de darle vueltas a eso y darle una calada al cigarro que fumaba en ese momento —¿Esperas algo? Pareces nervioso o algo así— inquirió segundos después de haber expulsado el humo de su cuerpo.
— Vaya, ¿Finalmente me estaré volviendo literalmente loco? —ironizó al aire, para luego dirigirse a la persona que se había dignado a contestarle— No, en lo absoluto. Simplemente pensaba, pero nada importante. ¿Estás en Date me, no? —cambió rotundamente de tema, previamente a presentarse. Aquel rostro le resultaba familiar, sin embargo no poseía dicha certeza como para pronunciar su nombre.
Al escuchar una voz desconocida levantó a un más su cabeza y arrugó su entrecejo. — Si no la movieras mucho, podría contarla, pero creo que eran cuatro — comentó, aunque claramente no se había dado cuenta cuantos eran. Tomó su mano y se levantó con cuidado, tratando den o caer, ya que seguía algo húmedo el piso. Ya en pie, arregló su cabello y miró a quien tenía adelante. — Gracias por la ayuda —.
— Las tenía quietas —musitó mirando al techo, de forma casi inaudible y más bien para sí, pues en verdad reconocía que no tenía sentido hacérselo saber a la muchacha. Devolvió la vista a los movimientos de la muchacha, mientras se recostaba en la pared y una sonrisa se desplegaba. Una parte de él agradecía que la otra no estuviera del todo inconsciente de sus acciones— No es nada. Pero deberías ir a dormir, que no pienso andar detrás tuyo para cargarte o indicar dónde es que hay un escalón...
— Por los botones faltantes de tu abrigo y la necesidad que tienes por cerrarlo con tus manos —respondió con soltura, estirando una de las propias en dirección al torso masculino. — ¿Y por qué no lo estaría? Podría haberlo conservado en buen estado, por algo te lo ha ofrecido a cambio del que tienes… ¿No te quedarás a comprobar? —cuestionó, una efímera media sonrisa burlona vislumbrándose en las comisuras de sus labios. — Por mi parte, lo cierto es que no deseo enfermarme, lo siento. Y tampoco sé qué tanto podrías abotonar mi abrigo, y en verdad deseo los botones con él.
— Me extraña que no estés al tanto del estilo vintage... Porque comúnmente los divorcios no son causados por un buen vínculo, precisamente —señaló lo evidente, luego de escucharla—. O eso tengo entendido. Y el hecho de que regale la prenda a un desconocido, por más agradable que parezca ser, no me lleva a pensar lo contrario. Por lo que sí, dudo que el abrigo haya sobrevivido intacto —finalizó, para luego dejarse llevar por una ligera sospecha surgida ante la sonrisa opuesta—. Sí, me quedaré. Y tú también deberías hacerlo, ya que no la conozco para lograr reconocerla. Ah, ¿Esa es tu forma de decirme que te priorizas ante el prójimo...? —preguntó con interés— Lo tendré en cuenta para futuras referencias, en ese caso.
Alzando sus cejas ante la pregunta del muchacho, aparentemente dirigida a ella, Brielle se acercó tan solo unos pasos en su dirección, señalando en detrás de ella para responder: — No he sido yo, pero juro por Dios que una mujer acaba de ofrecerte el viejo abrigo de su ex-marido… Supongo que será a falta de esos —agregó, observando el que él llevaba puesto de forma momentánea.
Siguió la linea que trazaban los ojos verdes de la contraria, que desembocaban en su campera— ¿Por qué lo dices? —aparentó una ligera confusión al decirlo, aunque había entendido a la perfección sus dichos. Pretendía, sin embargo, comprobar qué tan directa podía llegar a ser— Da igual, si era de su ex marido probablemente no habrá estado en la mejor de las condiciones, de todos modos —comentó al aire, para luego dejar escapar una pequeña provocación, sin interés alguno en adquirir su vestimenta—. ¿Me ofrecerás tú también el abrigo, o acaso no eres un alma igual de caritativa?
Se encontraba caminando en las incesables calles, en las cuales el frío se notaba y se manifestaba a través de grandes abrigos y gorros de lana. La morena no estaba acostumbrada a esas temperaturas, por lo que no fue extraño que se la viera con más de un sweater puesto mientras luchaba consigo misma para mantener el calor corporal. Oyó al muchacho y volteó, negando con la cabeza. —Yo no he dicho nada, pero si quieres que diga algo… bonito cabello. —Dijo coqueta, mientras corría los mechones que caían por su rostro. Había notado que era un participante del reality por la cámara que lo seguía aunque estuvieran fuera del hotel.
— Captaste la indirecta a la perfección —respondió a la contraria, con una notable diversión en su voz. Antes de continuar, una pequeña mueca se formó en su rostror—. Me alegra saber que existan personas que sepan apreciarlo, ¿Puedes creer que han atentado contra él incontables veces? —chasqueó su lengua intentando conservar la seriedad en un tema que lo carecía, mientras recordaba mentalmente las múltiples ocasiones en las que habían intentado cortárselo.
Parado a solo unos metros, le había comentado al chico algo sobre el clima, pero este parecía tan perdido en sus propios pensamientos que el intento de hablar fue fallido, alzo la mirada una vez más y repetido— Solamente comentaba que estaba sorprendido del clima, pensaba que siempre estaba despejado en estos lugares —se encogió de hombros.
— Quizás trajimos el mal tiempo nosotros —barrió con los ojos al entorno que los rodeaba, mientras una sonrisa le surcaba el rostro—. Escuché decir a un productor que mañana volverá el sol —le comentó, para luego contemplar la posibilidad de que tales predicciones no se concreten en las próximas veinticuatro horas—. Aunque no lo dijo un meteorólogo, eh, no me hago cargo si no se hace realidad y te quedas con las ganas de usar la piscina, o lo que fuese.
—Hmmm, si…—Respondió la pregunta del muchacho sin mucha atención. Estaba muy ocupada con su reflejo en la ventana polarizada de un auto. Había pasado la tarde jugando con sus témperas y, como era de esperarse, la mayoría de ellas había terminado en su cara (y en las sábanas blancas de un hotel de lujo). Al terminar su obra de arte, sus dedos, su cara y su cabello habían terminados lleno de rojo, celeste, verde y violeta. Pudo solucionar la mayoría de las cosas, pero al salir del hotel, noto que su cara seguía manchada. No es que a ella le importara mucho, pero sabía que se encontraba en un lugar muy lujoso y que quizás así no la dejen entrar a algún lado. Fue por eso que comenzó a utilizar aquél auto como un espejo, sin embargo, este no le dejaba ver con claridad si aún seguía manchada, y menos con qué color. Segundos después se volteó y, señanalando su frente, preguntó:— ¿Tengo una mancha azul ahí?
La mirada del castaño contorneó sin pudor la mancha que invadía la frente de la desconocida. La misma era color violeta y, si bien no tenía un tamaño imponente, resultaba difícil de ignorar inclusive si hubiese sido juzgada a los ojos de un daltónico. Antes de dar una respuesta, el castaño batalló para detener el 'no' que amenazaba con salir— ... Sí. Violeta, en realidad. Pero no te queda mal, en lo absoluto —le aseguró con un tono jocoso entre palabra y palabra—. ¿Intentaste maquillarte con los ojos cerrados...? —quiso saber, para calmar la pequeña curiosidad que lo colmaba. Estaba al tanto de que había muy pocas probabilidades de recibir una respuesta afirmativa ante aquella idea, pero el joven no era del tipo de personas que preguntaba cosas que no le competían, por más pequeñas que fuesen. Y menos aún, si acababan de conocerse.
Levantó la cabeza de su cuaderno y fijó los ojos en la persona que se encontraba cerca de ella, viéndola. —¿Que, qué? ¿Dije algo? ¿Hablé?— Preguntó, desenrollando sus piernas de debajo de ella, quizás había hablado y no se había dado cuenta.
— Sí tú no sabes... —dejó la frase en el aire, con una mezcla de confusión y diversión debido a la duda ajena, mientras ambas cejas se elevaban al unísono casi de forma involuntaria— Habrá sido imaginación mía, entonces.