Sociedad - Un carnicero trozaba carne cuando vio la figura y su esposa lo confirmó.
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@revistaelgueto
Sociedad - Un carnicero trozaba carne cuando vio la figura y su esposa lo confirmó.
Carlos Saúl Menem, el hombre que nos incorporó al mundo. Gestor de diez años inolvidables que nunca dejaremos de extrañar. Bombas, muertes, dolarización, pizza, champán, farándula, Miami. La década del jefe. Hoy sopla la vela 86. ¡Salud! Escribe: Guillote
Buenas tardes sres del guetto mi nombre es Martín rojano soy editor. he leído sus publicaciones y Me gustaría invertir en su revista darle una mejor tirada y hacerla quincenal si es posible necesito un numero de teléfono para contactar.
Hola! Perdón por la demora. Por favor contactanos a través de facebook https://www.facebook.com/revistaelgueto Nos encantaría hablar con vos.
Muchas gracias
Chapa y Pintura, el videojuego
Un incomprendido. Como El Gueto.
Un hombre detenido por intentar cobrar un cheque de 368 mil millones de dólares »
“El sueño de Jeff Waters, de Florida, es construir un restaurante submarino y para ello intentó cobrar el cheque por esa elevada suma.”
Pues su restaurante submarino y mi idea de prostituclon submarina montarían un buen tandem… el pintxo-puta submarino.
Próximamente, “Chapa y Pintura” ¡El videojuego!
Artistas nos acercaron sus intervenciones, pero necesitamos los pesos
Bartolomeo
CÓMO ELIMINAR A UN ESTUDIANTE UNIVERSITARIO, SEGÚN LA CARRERA
Nuestros queridos chicos no aprenden nada: víctimas del síndrome Bariloche perdieron otro año de facultad. La mano dura es la única salida. Todo lo que hay que saber.
Nombre del alumno: Paulo Fray Gómez. Carrera: Pedagogía. Materias faltantes: 13. Edad: 19. Cómo fue: “El alumno se identificó en un idioma extraño, como los negros del último Mundial. Cuando lo invitamos a que nos acompañara al último pasillo, perdió toda esperanza. Luego nos trató de oprimidos. No nos quedó otra que darle con la izquierda y después con la derecha. No opuso resistencia”, señaló el cabo Gramsci.
Nombre del alumno: Frida Cala. Carrera: Bellas Artes. Materias faltantes: 3. Edad: 22. Cómo fue: “La alumno se rehusó a depilarse las cejas y el ala. Le gustan los gordos. Se sospecha del bibliotecario turno noche. Desde el colchón sommier manejaba las marchas feministas y el after de Sonora. Nuestro patotero la puso contra los murales del patio, dejándola paralizada para el resto del campeonato”, reconoció el oficial Rivera.
Nombre del alumno: Damián Sifón. Carrera: Cine. Materias faltantes: 5. Edad: 33. Cómo fue: “Simulaba venir a clases en el 118, pero encontramos el Corsa del papá en el Camino del Perú. Modificó su fisonomía con ropa de los 80 y anteojos de marco grueso. Nunca necesitó ver una película. Le hicimos una de terror: nuestro enviado lo siguió hasta el coche y lo dejó flotando en el canal 10” , reconoció el comisario Vallejo.
Nombre del alumno: Blas Armando García. Carrera: Música. Materias faltantes: Sólo le falta la tesis. Edad: 24. Cómo fue: “Nos costó reducirlo por el tamaño del alumno. Se hizo el Dylan pero cayó como Arjona. Nadie creyó en sus canciones de protesta con mensaje cifrado al cielo abierto. Las viudas de Becket le hicieron la cama, después el desayuno, y cuando se cansaron de bancarlo lo entregaron. Acá tenemos al gordito”, dijo el oficial Gordillo.
Nombre del alumno: Uku Okocha (nacida como Flavia Rodríguez). Carrera: Danzas afroamericanas. Materias faltantes: Terciario completo. Edad: 28. Cómo fue: “En cada marcha fue la encargada de los fuegos y las bengalas. Al ritmo de la macumba clavó alfileres a todos los sindicalistas de la fotocopia. Vudú va, vudú viene, encontramos sahumerios, jabones sin usar y polainas de Amaicha del Valle. Es la más complicada de todas las presas políticas” , aseguró El Negro Videla.
Nombre del alumno: Manuel Carilina. Carrera: Enfermería Materias faltantes: Primer año completo. Regular. Edad: 17. Cómo fue: “Lo tenemos incomunicado, sin internet. Era el agitador más peligroso de la semana. Se ofreció como acompañante terapéutico de políticos y abogados del poder, pero los precios se fueron a las nubes. Los patovicas del boliche le hicieron la cama y hasta el año que viene no va a salir”, celebró el comandante Farías.
Pizarrón, tiza y faso: ¡Los chicos vuelven al cole!
Por Beatriz Merkin
Antes de meter mis narices en política, yo era alumna del glorioso Instituto Decroly. Aún recuerdo aquellas batallas campales. Tiza iba, tiza venía. Ureña entregaba los proyectiles a los cumpas mientras le levantaba la corta pollera gris a Susana. Cisneros arrojaba desaforado las tizas que se estrellaban las veces contra la integridad de los compañeros, las otras contra las paredes del aula. El grito y el murmullo se potenciaban con el comienzo del año. Alejandro (Ale) dirigía la batahoa dando azotes de intimidación. Repentinamente, la profesora de historia intervino: “¡chicos, cortenlá!”, nos dijo aquel marzo del 2013 sin saber que profería la palabra odiada por todos, esa qe describe el accionar de Cortalezzi, que la corta para que no seamos mediocres, para que rindamos más, pero siempre olvidando la integridad, la pureza. Soy de la época de la tiza. Qué delicia aquel sonido que se dibujaba sobre la dureza del pizarrón. Tic tic tic tic tic tic decía la tiza cuando la profesora escribía. Entonces qué polvareda de partículas se disipaban por los alfombrados pliegues del borrador. Cuantas veces golpeábamos las cabezas de Chimpandolfo, el enano y Ricardo con diminutas porciones de tiza ¿Bullyng le dicen ahora? ¿Acaso algo va a cambiar? La tiza era el carnaval, la risa, la mejor forma de perder el tiempo creyendo que las cosas desaparecían así como así. “¿Se metieron la tiza en las narices?”, preguntaba la enloquecida vieja de matemáticas, mientras que a hurtadillas armábamos ravioles del papel Beldent llenos del polvo de las tizas que rallábamos con el grupo de trabajo práctico y luego vendíamos aquellos ficticios papelitos a unos pibes que nos esperaban a la salida. Más tarde era la fiesta. Cuanto festejábamos al verlos suspirar con deleite aquella mentira, más cómo le pegaron al flaco ese día cuando se dieron cuenta de la farsa estupefaciente. “Ni Miroli te salva de esta”, gritaban esa tarde donde el flaco flotaba entre el vaivén de zapatillas. ¡Ah nostálgicos años 90! ¡Gracias viejo por tus enseñanzas! Pero hoy en día las tizas se extinguen de las aulas. Ya nadie las quiere, nadie las corta, ni las desintegra. Si hasta de la sana maldad están privando a nuestros hijos. Todo es tristeza y los bienaventurados buscan la tiza en algún lado pero no la encuentran. “Busco a la tiza, busco a la tiza, ustedes la han matado, nosotros somos sus asesinos”, resuena el grito del alumno vagabundo en medio de pasadizos de felpas y pizarrones de plástico. Sin embargo, se ríen, se jactan de su locura. Si son las mismas autoridades educativas quienes se están llevando la tiza para otro lado. ¡Pobres incrédulos! Lo que no saben es que las tizas aún respiran en todas las escuelas, pero no en todas las aulas. Solamente en algunos habitáculos sombríos donde ni los alumnos más abusos franquearían sus límites de contraseña. Aulas donde el negocio de la tiza sirve para el ocio de la masa de estudiantes que ustedes, señores padres, mandan a educarse. En esas aulas enseñan antiguos profesores de barba blanca, cejas tupidas, anteojos a lo Harry Potter que entre vuelos de papel glasé, cumbia y reggaetón cocinan la cultura que sus hijos reciben a diario. Allí los preceptores tienen como única tarea la distribución equilibrada de la tiza porque los alumnos de estos ya costosos, ya baratos colegios tienen sed de conocimiento, olfato para aprender y no se conforman con poco. Siempre quieren más, aspiran a más y se peinan más. Es que al templo del aprendizaje hay que ir bien presentables. ¡Señores padres! para esta noble tarea de educar en la paz se necesita mucha tiza, mucha bolsa. Nunca alcanza con lo poco que circula, los kioscos no dan abasto, las mercerías tampoco. ¡Las tizas se escapan como alitas de mosca! Pero es en las mismísimas instituciones educativas donde hay que saber encontrarlas. Sólo se trata de seguir la línea, algo que sus hijos saben bien. Y si no lo creen, miren directo a esos ojos de párpados caídos de no dormir y tanto leer y díganme si no es así. ¡Díganme si no es así!
San Miguel de Tucumán, 2 de marzo de 2015 Señores padres: Los chicos volvieron al cole. Ante las fallas en el suministro de la tiza nos vemos en la necesidad de pedirles que sean ustedes mismos quienes la compren. Se recomienda proceder a su adquisición en la poco conocida pero abastecedora a más no poder “Librería y mercería Tula, todo para el estudiante”, ubicado en barrio Norte, 25 de mayo al 600 o en sus sucursales de Yerba Buena, Las higueritas al 900. No se aceptan devoluciones, ni internaciones, ni tratamientos clínicos de ninguna índole. Hasta el momento ninguno ha dado resultado. Así funciona la cultura.
Lectura de inodoro
Checazos de Carnaval
En República Checa el Carnaval es un período de bodas, matanzas de cerdos y bailes en el campo. Se actúan escenas de teatro referidas al carnaval (Saúl y sus paquitas, por ejemplo) y se organizan desfiles de máscaras. La comida siempre es abundante: salchichas sabrosas, morcillas y chicharrones, que se acompañan con aguardiente casero de ciruelas (slivovice). También se celebran majestuosos festines reales, bailes en las ciudades y fiestas opulentas en las aldeas. Los personajes principales son: Multicolor (Strakatý) y su Mujercita (Ženuška), quienes se detienen delante de cada casa deseando salud y felicidad; El Pajoso (Slaměný), suele bendecir a las mujeres que añoran tener un hijo; el judío portavoz del desfile; el cuarteto de turcos, que dan saltos en el aire para que crezca el trigo; la yegua (Kobyla), que es tumbada por el carnicero y los deshollinadores. La gente se sumerge en las alegres canciones y enseguida olvida todas sus preocupaciones. El Festival cierra con una carrera de cerdos dorados por las calles de Praga. Todo esto apadrinado por el Zar.
"Antiguos espíritus del mal, transformen este cuerpo decadente en ¡¡Mumm-Ra!!! ¡¡El inmoral!"
Guetúbela, la insaciable heroína de Barrio Sur
¡Guarda que muerde!
Tarde…Celina ya había intentado acariciar a Gatino y este casi le saca un dedo. Corre, Celina , corre, raje al baño para limpiarse la sangre. Por las adoquinadas calles de Barrio Sur circula el mito vivo. A la nochecita, ella ya se clava los primeros tragos en El Fierrito (coqueto bar, buscan bachero, presentarse en Lavalle y Moreno). Celina trabaja en la calle, es dominatrix y amante de los gatos. Como toda felina tucumana, es amante de lo ajeno. Un ajustado traje negro cubre su sensualidad. Para envidia de la V: ella es toda una mujer. En el campo de lo prohibido, es multifuncional: bondage, disciplina, dominación, sadomasoquismo. Completa, papi.
Los infelices la llaman La Dama de la Oscuridad o, sencillamente, Guetúbela. Guetúbela viaja en el 5, sin Ciudadana, parada al lado del chofer. Guetúbela odia a hello Kity y cualquier guiño a la infancia que no tuvo. Guetúbela pasea por los tejados del Mercado del Norte. Si se cae en alguna pescadería, los muchachos le hacen precio. En el barrio de la niñez se sabe que fue abusada por el primo. No tiene amigos. Su única conocida es una compañera menor de edad, la famosa Niña Loli. Cuando Guetúbela se baña, el viejo Alfred la espía por la mirilla. Ella lo sabe, ella se lame sola, ella siempre llega. Guetúbela sopla la trompeta. Guetúbela atiende a sus clientes en Puerto Banus (discreto bar ubicado en Ayacucho 507). Merluza de por medio, Guetúbela enloquece y lleva a su víctima ocasional hasta la vuelta, en los telos de General Paz al 600. Ya adentro de la habitación el dominio es suyo: enciende la tele, pone Venus, se mete al baño. Recién entonces se calza el antifaz, las orejas, saca el látigo de la cartera y empieza el castigo: azota, araña, muerde. Cuando el cliente desgraciado está vencido hasta el pernocte, Guetúbela se lleva todo. Cor-ta-la-bo-cha. El resto de los días, Guetúbela detecta el olor a calzoncillo de las oficinas públicas. ¡Ojo los miércoles! Los feriados Guetúbelaengatuza a Robin mientras pantalonea a Batman. Antes del fin de semana, guetúbela maneja una verdulería. A la mercadería la roba de noche y la vende de día, siempre por el barrio, generalmente a los bobinas de tribunales. Cuando algún enamorado le pregunta su nombre, Guetúbela no responde, no lo recuerda, no lo sabe. Están avisados. No escondan las narices: Guetúbela huele a Old Spice, ahí viene.