Se había dispuesto a incrementar la intensidad con que su dentina se aferraba a la piel del pómulo ajeno, posteriormente repartiendo un par de besos en la zona, una manera de contrapesar las acciones previas; o al menos lo hizo hasta que la mano impropia lo obligó a tomar distancia, dibujando una expresión divertida en su fisonomía, rematada por el vuelco que dieron sus ojos, mostrando cuencas en blanco por un milisegundo. Resopló cual niñato cuyo juguete había sido arrebatado de las manos causa de mal comportamiento, concluyendo en que su única opción era la de escuchar lo que el bruno tenía para decir. Sus cejas se elevaron como acto involuntario ante la interrogante emitida, en iguales partes por sorpresa y entretenimiento; su cabeza prácticamente reposando en la palma que la sostenía. “Oh, River, ¿no te enseñaron a no hacer preguntas cuyas respuestas no deseas conocer?” Siseó, acto sobrante para engrandecerse, la barbilla ascendiendo en un deje altivo. La moción se revirtió cuando agachó la cabeza, buscando nuevamente iniciar un contacto con la tez ajena. “¿O qué esperas que conteste, hm?” susurró, besando —o mejor dicho tocando, a juzgar por lo vago del movimiento de sus labios— el cuello del muchacho. “¿Que estuve soñando con este momento desde la primera vez que te vi, quizás?” Los casi-besos se esparcían por todo el lienzo que se le era otorgado, casi como un recorrido sin descansos que trazaba desde la base del cuello a la mandíbula en el lado opuesto y de vuelta. “Quizás hasta pienses que esa es la verdad escondida, ¿no?” Una risa interrumpió su labor, obligándolo a apartarse, a nuevamente buscar el mirar ajeno. “Si no puedo decirte que me retaron a encerrarte en una habitación y dejarte con las ganas,” Repentinamente y sin ningún aviso, toda la presión ejercida por su cuerpo para con el contrario se desvaneció, acrecentándose de a poco la distancia compartida, mientras la anatomía escasamente más alta retrocedía hacia la cama y se tumbaba sin más; gesto caprichoso y exagerado. Lo contempló desde allí y una necesidad imperativa de encender un cigarrillo acaparó su atención, mas la sonrisa maliciosa no se borró de sus labios.
Tuvo la intención de volver a jalar su cabello para alejarlo de su anatomía; quiso empujarlo lejos, pero se limitó guardar silencio y escuchar las palabras del rubio. El único movimiento que llevó a cabo fue el de sus falanges enredándose en hebras doradas, dejando un par de caricias prohibidas. Iris color cielo se escondieron tras sus párpados durante un momento, mientras el contrario no pudiera verlo porque estaba demasiado ocupado hiriendo su ego e invadiendo su piel. Había algo demasiado atractivo y detestable acerca del tono y las frases enunciadas por Nils; como una paradoja. Y que mal que las paradojas le llamaran la atención de esa forma. Y no le sorprendió no recibir una respuesta real a su pregunta, la verdad. No había exactitud; no había certeza sobre nada cuando se trataba de Nils. Se mantuvo en silencio, sosteniendo la mirada ajena como siempre, con el ápice asesino y reticente brillando en sus iris. Y lo dejó alejarse y esbozar esa sonrisita maliciosa que producía en River las ganas de atravesarle una daga en el corazón o destrozarle los labios con sus dientes. Pudo haberle dicho algo extremadamente cruel, pero el resto de sobriedad en su consciencia, le dijo que debía tomar otro camino. Razón por la cual una expresión de vulnerabilidad artificial bañó su rostro a medida que se acercaba a la cama donde yacía el muchacho. Se sentó junto a él y lo observó desde arriba con el ceño afligido y algo parecido a la arrobamiento. "¿Por qué quieres romperme el corazón, Nils?" Su voz serena hizo eco de la mano posándose sobre la rodilla ajena. "¿Que acaso no ves que me he vuelto débil cuando se trata de ti?" Dedos traviesos hicieron un camino en ascenso hasta la cadera contraria. Otra vez la carencia de palabras y lo artificial en el tinte cobalto de su mirada; una máscara para ocultar su ego dañado y la verdadera forma en que hubiese reaccionado. Pero no duró mucho más. El semblante inescrutable y la falsa mirada apática se apoderó de su rostro. "Ahora, ¿vas a cumplir tu reto o puedo irme? No quiero ver cómo todo esto se vuelve aburrido. Tengo mejores planes que ver cómo intentas herir mis sentimientos." Se puso de pie y caminó hasta la puerta, pero no salió de inmediato, se quedó apoyado en el marco de madera. Mirada caprichosa y tono a la par fueron los protagonistas de su siguiente expresión. "Voy a suponer que lo del salón de teatro también fue un reto."