Desde qué nací he aprendido que este mundo es cruel, y recompensa al que no lo merece y viceversa. No se puede ser vulnerable decían todos. Se fuerte. Y me entregaron una mascara, sin tallar. Me dijeron que debía hacer un corte aquí, lijar un poco allá, todo para pasar como los demás, sin miedo, sin pena. Luego me enseñaron a pintar esa mascara de colores brillantes, lúcidos y "bonitos", ya sabes, para que no se vea "tan fuerte". El color de la alegría, de la simpatía y de religiosidad quedaban como anillo al dedo a una máscara tan cruda de gesto. Aprendí a usarla, a esconder las lágrimas detrás de ella. Aprendí a moldear la voz, la imagen, y todo lo que hiciese falta para estar acorde a la máscara que con tanto sufrimiento y trabajo había logrado hacer. Aprendí, al punto de convertirla en mi cara. Como muchos otros, como los demás. "¿Quien pensaría en quitarse la máscara en un mundo así?" Pensaba. Los que lo habían hecho ya eran tachados de "locos" o "inestables", no lograban sostener sus máscaras, se delataban, se les caía... Y ellos caían con ella. ¿Quien sería capaz de hacer algo así? Un día normal, como los otros, me tope con lo increíble. Aquel hombre era distinto al resto. Se distinguía demasiado del resto del gentío. Su máscara se veía... Tan real, tan viva. Sus gestos cambiaban, su color resplandecía de una manera particular, única. No lo podía creer; simplemente era maravilloso. Intente ignorarlo pero no lo pude soportar, la curiosidad pudo más. Aunque con miedo y vergüenza, y en contra de lo que me dictaba mi corrompida conciencia me acerque. Lo detuve. Lo contemple. Su mirada, era tan real, todo en él era distinto. Después de un breve momento note la diferencia. No tenía máscara. ¿¡Cómo podía!? ¡No puede ser cierto! ¿Cómo su rostro es así? si he visto los rostros de los otros y no se ven de esta manera. Mientras me preguntaba mil cosas el sólo me miro fijo a los ojos. Yo, con mirada esquiva no lo pude sostener, no pude. Sentía como me quebraba por dentro. Como cada fibra en mi se estremecía. Como mi mundo se empezaba a derrumbaba y sin saber como y porque. El sólo tuvo que abrir su boca para dar el martillazo final para quebrarme. "Quieres saber como, ¿verdad?". A lo que temerosa y confundidamente dije que si. ¿Cómo un hombre sin máscara pudo llevarme a esto? ¿Qué me pasa? Mi conciencia me reclamaba si parar. Sólo me recordaba: "se fuerte, no quiebres, aguanta. Ya sabes como terminan los que se quiebran...". Pero él toco mi rostro y lo levanto. Sentía como podía leer mis pensamientos. Nunca me sentí tan vulnerable. Falle, quebré. Llore en silencio. Y El sólo me miraba. "Te voy a explicar" me dijo, y en un sólo momento me mostró mi dolor, mi tristeza, mis frustraciones, mis errores y todo lo que ocultaba yo detrás de la máscara. Saco tanto de mi que hizo una pila de cosas, cosas que ni yo había visto. Luego me mostró como a pesar de lo pasadas que eran el podía con ellas, las llevo en su hombro por un largo camino. Él cargo con mi dolor y frustración todo el trayecto. Al final de ese camino vi como él se hizo uno con todas esas cosas que salieron de mí, y de un momento a otro murió. En silencio. Murió con mi dolor y con todo. En su muerte llevo todo mi dolor. Para culminar la imagen hizo un acto increíble. Todo ese dolor, todos esos fracasos y errores ya no estaban en él. ¡Lo pude ver! ¡Vivo! Él se levantó de aquel lugar siniestro que cobijaba su muerte. Simplemente resucito. Sólo, sin mi dolor. Volvimos al gentío. Me dijo: "ya no más, no hay nada que ocultar, puedes ser libre de ella" señalando hacia mi máscara. "¿Quieres?" Me pregunto. "¡Si, si quiero!" conteste desde el alma. Había comprendido todo. Esto era una invitación a algo mayor, a vivir sin miedo, a ser libre. Él simplemente sonrió. Y desato el fuerte nudo que sostenía la veterana máscara. La vi caer al suelo. Se quebró y con ella todo mi dolor. Sentí lo que nunca antes, la brisa en la cara, la luz del sol calentando, pude respirar libremente. Me sentía vivo. Me miro por última vez, y con una sonrisa me dijo: "Pasa el mensaje, háblales de como se siente vivir. Diles que ellos también pueden". Se volteó y se marchó con un "hasta luego". Antes de perderlo de vista le di las gracias por todo y le pregunte como se llamaba. "Jesús, llámame Jesús" Me dijo, y se mezclo entre el gentío. Hoy puedo decir que vivo, y le comento a otros sobre la gran hazaña del hombre sin máscara. De cómo nos puede hacer libres y devolver la vida. Jesús me devolvió la vida.