Thierry Henry: un futbolista reinventado
Antoine y Marylese no lo pensaron dos veces, y en la primera oportunidad que se les presentó huyeron a Francia en busca de una vida mejor. La pareja originaria de Guadalupe y Martinica dejó el paraíso tropical de las Antillas por un suburbio de concreto: Les Ulis, que allá por la década de los setenta era considerado uno de los barrios más peligrosos de Francia.
Ahí, en el “ghetto antillano”, como era conocido Les Ulis, fue donde Antoine, mejor conocido como Toni, y Marylese se convirtieron en padres de Thierry Daniel Henry. Desde pequeño, Thierry fue muy inquieto y el balón se convirtió en la única salida para olvidarse de la dura vida en Les Ulis. Los primeros años como futbolista del mayor de los Henry, tiene un hermano dos años menor que él, fue en un campo cercano a la calle Les Mille Pertuis. Ahí, Claude Chezelles se convirtió en el primer técnico de la futura estrella del futbol mundial.
“Henry tenía todas las cualidades necesarias par ser atacante. Sólo quería correr con el balón hacia la portería contraria, era imposible quitárselo. Era un niño de talla pequeña que amaba el futbol. Desde chico mostró gran calidad”, recuerda Chezelles. A pesar de su gran calidad, y de la pasión que mostraba por jugar futbol, Thierry no estaba interesado en ser futbolista profesional. “Era un chico agradable. Era uno más del grupo, nunca hubiera pensado que se convertiría en una gran estrella”, aseguró Mickael Lamin, carnicero que aún vive en Les Ulis.
Con 12 años, Henry dejó al Palaiseau para jugar con el Viry-Chatillon, que en aquella época comenzaba a despuntar como uno de los semilleros del futbol francés. Thierry Pret fue quien descubrió a Henry y convenció a Toni, padre del joven francés, a que su hijo comenzara el camino rumbo al futbol profesional. En 26 partidos para el Viry-Chatillon, Henry marcó 77 goles. Para Pret, el hambre que mostraba Henry para jugar futbol era simplemente extraordinaria: “Siempre tuvo actitud ganadora, lo que más recuerdo de Thierry es lo mucho que quería jugar. Apenas tenía 12 años y el resto de sus compañeros tenían 14 o 15, eso jamás lo detuvo, lo único que quería era jugar todos los partidos”.
A los 13 años, Henry fue uno de los 25 chicos elegidos anualmente para jugar en la academia de Clairefontaine, a 30 millas de París. Ahí, Thierry Henry coincidió por vez primera con William Gallas, Louis Saha y Nicolas Anelka, con quienes hizo amistad inmediata. El pasado los unía, toda vez que los tres hablaban Creole, la lengua nativa de las Antillas.
La velocidad con la que Henry acarreaba el balón lo convirtió en extremo. Ver a Thierry pegado a la línea de cal eludiendo rivales se transformó en su carta de presentación y el 31 de agosto de 1994, a los 17 años, debutó en el primer equipo del Monaco, bajo el mando de Arsene Wenger. El principado de Mónaco se convirtió en la nueva casa de Henry, a quien poco tiempo le bastó para ser más conocido que el mismo príncipe. A dos años de su llegada, el Thierry fue nombrado el mejor futbolista francés en 1996, y en 1997 fue pieza clave para que el club monegasco ganara la Ligue 1.
Su habilidad natural con la pelota, y su intuición para anotar lo llevaron rapidamente a la selección francesa, con la que disputó el Mundial de Francia, en 1998, donde salió Campeón del Mundo. Thierry Henry era toda una realidad y no pasó mucho para que su nombre comenzara a sonar entre los clubes más importantes del mundo. En 1999, la Juventus pagó 10.5 millones de libras para llevarse al jugador del momento. Su paso por la Vecchia Signora no fue lo esperado. El olfato goleador de Henry combinado con su velocidad lo marcaban para que se convirtiera en el centro delantero del equipo; sin embargo, Carlo Ancelotti, su técnico, tuvo otros planes para él.
“Llegué como centro delantero, pero Ancelotti me puso a jugar por la izquierda, tenía que cubrir toda la banda. Jugaba tal y como lo hacía en el Monaco, y no me molestaba. La gente no debía esperar grandes goles de mi parte”, recordó Henry sobre su época en la Juve. A pesar de su poca relación con el gol, Henry se las ingeniaba para hacerse presente en el marcador ya sea anotando o asistiendo. Poco a poco, Thierry comenzó a convencerse que su lugar era pegado a la línea, lejos del área contraria.
“Cuando juegas por la banda, tu trabajo no es anotar, sino apoyar al lateral. Ya no me interesaba cambiar de posición. Si jugando por la banda llegué a la Selección de Francia y gané la Copa del Mundo, sentía que perdía mi tiempo aprendiendo a ser centro delantero”. Con todo y sus intenciones de mantenerse en la Juve, los resultados no llegaban y la relación con la directiva no era la mejor.
Aún con contrato con la Vecchia Signora, Henry se encontró a Arsene Wenger, su técnico en el Monaco, en un aeropuerto. Para aquel momento, Wenger ya dirigía al Arsenal, club que siempre había sido del gusto de Thierry Henry. Arsene conocía mejor que nadie las cualidades del originario de Les Ulis y no dudó en asegurarle que su lugar no era por la banda, sino dentro del área, como centro delantero.
La duda carcomía a Henry ¿Seguir en Italia, jugando con Trezeguet, su mejor amigo, o darse la oportunidad de ir al equipo de sus sueños y empezar de nuevo como centro delantero? El 3 de agosto de 1999 Thierry decidió lo segundo y firmó un contrato con los Gunners.
A partir de ese momento, como nueve de área, Thierry Henry hizo del mítico Highbury su palacio, el cual adornó con goles imposibles, asistencias de fantasía, desbordes alucinantes y jugadas de Playstation. No conforme con brillar al más alto nivel en el Arsenal durante ocho años y otros tres en el Barcelona, Henry escaló a lo más alto con la Selección francesa, con la que ganó la Copa del Mundo, la Eurocopa y es hoy en día el máximo goleador en la historia de Les Bleus.
A Henry le bastó con acercarse al área rival para labrar una historia de ensueño. 917 partidos jugados, 411 goles, cuatro títulos de Liga (uno en Francia, dos en Inglaterra y dos en España), tres FA Cups, dos Community Shield, una Copa del Rey, una Supercopa de España, una Champions, una Supercopa de la UEFA, un Mundial de Clubes, una Copa del Mundo, una Eurocopa y una Copa Confederaciones lo respaldan.
Thierry Henry pudo haber terminado como un futbolista del montón pegado a la línea de cal; sin embargo, la valentía por volver a empezar se trae en la sangre. Si Antoine y Marylese se atrevieron a comenzar una vida nueva lejos de las Antillas para mejorar, no es casualidad que su hijo se animara a alejarse de la banda para transformarse en un delantero de clase mundial.