En 1954 fui reclamado por la revista Life para cubrir la Primera Guerra de Indochina. Allí morí, el 25 de mayo, tras pisar una mina.
Sade Olutola

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@robertcapaph
En 1954 fui reclamado por la revista Life para cubrir la Primera Guerra de Indochina. Allí morí, el 25 de mayo, tras pisar una mina.
En 1947 creé la agencia Magnum Photos junto a Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David (Chim) Seymour.
Viajé a la Unión Soviética junto al escritor John Steinbeck y visité Hungría, Polonia, Checoslovaquia e Israel, donde seguí con mis coberturas. Yo viajaba en dos equipo porque los editores me seguían reclamando fotos en blanco y negro.
Yo como reportero gráfico, logré transmitir la vitalidad y la fuerza en rostros en situaciones de todo tipo. Desde rodajes de películas con las estrellas de Hollywood más salientes, hasta un destacado reportaje fotográfico en el que seguí la vida íntima de Pablo Picasso.
Surgieron las fotografías a color y yo realicé un excelente trabajo que por estos días se pueden conocer en una nutrida muestra en la Casa del Bicentenario, en el centro porteño.
Retraté los principales escenarios bélicos de la II Guerra Mundial. También estuve presente en otros de los acontecimientos más importantes del siglo XX como la Guerra Árabe-Israelí, mis imágenes se convirtieron en íconos.
Al mismo tiempo que la Guerra Civil española empezaba, me trasladé a España. Durante la contienda, permanecí siempre en primera línea. En el frente de Córdoba tomé una de las instantáneas por las que me volví mundialmente reconocido: Muerte de un Miliciano (1936). Mi gran amor, Gerda Taro falleció durante esta guerra.
Pertenecí al fotoperiodismo y a la fotografía documental. Desde el punto de vista técnico, yo manejé la velocidad de obturación como ningún otro y fui capaz de transmitir las sensaciones vividas en ese mismo momento con una gran precisión.
En la década de los treinta conocí a la reportera alemana Gerda Taro, quien fue mi pareja adorada, y junto a la cual inventé la figura de Robert Capa, un pseudónimo utilizado por ambos para aumentar el valor de mis trabajos.
Abandoné Hungría en 1929 y viajé a París, donde conocí al fotógrafo David Seymour. Gracias a él, comencé a trabajar de reportero gráfico en la revista Regards.
Prefiero que me llamen Robert Capa, soy el corresponsal gráfico de guerra más importante del siglo XX, donde utilicé cámaras de pequeño formato para contar lo que sucedía en el frente.