El esconderse en uno de los salones no había sido gran idea, estaba tratando de evitar asistir a la clase de la tarde pero termino metiéndose en una clase que no tenía nada que ver con su carrera. El tiempo paso mientras estaba al final del salón, hasta que observo a la profesora que daría la case e hizo que se interesara más en quedarse en el mismo. Los minutos pasaron mientras trataba de esconderse de la vista de la profesora y aunque fue difícil lo logro hasta que la clase acabo. Las personas empezaron a salir mientras el chico se quedaba mirando a la profesora en la mesa del frente, una corta sonrisa apareció en su rostro mientras se acomodaba en el asiento. “Nunca pensé que tu clase sería más divertida que ir a la mía.” Dijo manteniendo su mirada en la mesa esperando que sus palabras se escucharan hasta el lugar. “También eres más bonita que el profesor de contabilidad.” Rio sin moverse del lugar. {&; @romorande}
Bastaron unos minutos, para que la fémina comenzara a dar su clase. Le gustaba que sus alumnos estuvieran prestando atención a lo que ella decía. Normalmente, la clase de anatomía debía de ser complicada, pero de alguna manera, la francesa lograba hacer que todos sus estudiantes entendieran a la perfección los temas. Cuando el timbre sonó, la rubia dejó salir a sus pupilos, no sin antes, recodarles que los vería en el baile de bienvenida. Antes de que pudiera salir del salón, una voz masculina captó su atención, inmediatamente, una pequeña carcajada se escapó de sus labios. “¿Disculpa? No creo haberte visto por aquí antes.” Era cierto, la doctora poseía una excelente memoria, podía recordar a la perfección a cada uno de sus pupilos. Evidentemente, el rubio no pertenecía a su clase, pero al verlo a los ojos, no pudo decirle que se fuera del salón. Algo en él, atrajo su atención, e inmediatamente, decidió enfocar toda su atención en el joven. “Creo que es porque soy mujer, ¿no crees?” Había charlado con el profesor de contabilidad, no era una persona desagradable, posiblemente un poco desalineado, pero no había nada que un buen baño no pudiera arreglar. “¿Estuviste aquí toda la clase?” Tenía curiosidad por saber, no acostumbraba a recibir a extraños en su salón, y cuando lo hacía, ella estaba al tanto de su visita. “¿Qué te hizo llegar hasta acá?” Se atrevió a sentarse en el escritorio, después de todo, era suyo. Examinó de reojo al estudiante, no sobrepasaba los 25 años de edad, ¿o sí? Y a su parecer, no era de la clase de jóvenes que perdía su tiempo en una asignatura como contabilidad.














